
Un estudio científico internacional, liderado por el profesor de la Facultat de Psicologia i Logopèdia de la Universitat de València e investigador del Instituto Polibienestar de la UV, Víctor Ciudad Fernández, muestra que las verdaderas señales de alarma no son cuánto tiempo se pasa en redes sociales, sino si se pierde el control y la persona comienza a tener conflictos con quienes le rodean.
El equipo investigador indaga en el modo en que se mide el uso problemático de redes sociales mediante un estudio realizado sobre una población de 190.335 jóvenes de entre 11 y 15 años, procedentes de 40 países.
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Firmado por personas expertas de las universidades suizas de Lausana y Bern, y de la Universidad Católica de Lovaina (Bélgica), ha sido publicado recientemente en la revista especializada Journal of Psychopathology and Clinical Science, tal como ha informado la UV en un comunicado.
"Piensas en Instagram nada más despertarte. Abres TikTok cada vez que tienes un momento libre. Sientes que cada día quieres pasar un poco más de tiempo en redes. ¿Eso te convierte en adicto? No", ha afirmado Víctor Ciudad.
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De acuerdo con la investigación, se trata de comportamientos que por sí solos no son señales de un problema. Y es que, "millones de personas los experimentan sin sufrir ninguna consecuencia negativa; son, simplemente, signos de un uso intenso", ha apuntado el investigador, quien también ha asegurado que las señales que sí indican un problema real son "muy diferentes".
Estas señales se identifican en el estudio como "criterios centrales" y son las únicas que se asocian de forma consistente con malestar psicológico, problemas de sueño y peor calidad de vida. "En lenguaje cotidiano: intentas usar menos las redes y no lo consigues; tienes discusiones serias con tu familia, pareja o amistades por tu uso de redes; mientes a los demás sobre cuánto tiempo pasas en ellas; te sientes mal, irritable o inquieto cuando no puedes usarlas; has dejado de lado estudios, deporte o aficiones por dedicar ese tiempo a redes; o recurres a las redes de forma sistemática para escapar de problemas o emociones negativas", ha advertido.
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Por ello, aconseja que "si te reconoces en varias de estas situaciones, merece la pena pararte a reflexionar". Sin embargo, "si solo piensas mucho en redes o quieres usarlas más, pero nada de lo anterior te ocurre, probablemente no tengas un problema".
"Dos adolescentes pueden sacar la misma puntuación en estos cuestionarios y estar en situaciones completamente distintas. Uno puede estar sufriendo conflictos en casa y perdiendo el control, mientras que el otro simplemente disfruta de las redes sin que eso le cause ningún daño. Con las herramientas actuales, a los dos se les pone la misma etiqueta, y eso no tiene sentido", ha explicado Víctor Ciudad Fernández.
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¿POR QUÉ ES IMPORTANTE ESTA ACLARACIÓN?
Según el experto, los cuestionarios que se usan hoy para medir el uso problemático de las redes sociales están inspirados en los que se usan para diagnosticar adicciones a sustancias, como el alcohol o las drogas. El conflicto se presenta al mezclar en una sola puntuación las señales que realmente apuntan a un problema con otras que solo reflejan un uso frecuente.
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"Eso puede hacer que se considere adictas a muchas personas (especialmente adolescentes) que en realidad no lo son, generando una alarma que no siempre está justificada y desviando la atención de quienes de verdad necesitan ayuda", ha subrayado.
No obstante, los investigadores han agregado: "No se trata de negar que exista un uso problemático de las redes sociales. Existe, y puede causar sufrimiento real. Pero necesitamos herramientas que distingan bien entre quién está sufriendo consecuencias negativas y quién, simplemente, pasa mucho tiempo en estas plataformas porque le gustan".
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Esta conclusión no depende de un país o idioma concreto, puesto que los datos obtenidos en el estudio proceden de 43 regiones de 40 países distintos, con adolescentes de entre 11 y 15 años, y el resultado "es el mismo prácticamente en todos ellos": pensar mucho en las redes y querer usarlas más no son buenos indicadores de un problema real, sentencia el artículo.