Nairobi, 28 may (EFE).- Etiopía celebra este lunes sus séptimas elecciones generales desde 1995 en un contexto marcado por tensiones internas, un notable crecimiento económico y la falta de una fuerte oposición política frente al Partido de la Prosperidad (PP) del primer ministro, Abiy Ahmed.
Estas son las cuatro claves para seguir unas elecciones en las que se espera una amplia victoria de la formación gobernante:
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Unos 50,5 millones de votantes elegirán una nueva composición de la Cámara de Representantes Populares (Cámara Baja del Parlamento).
El PP cuenta con 457 asientos de un total de 547 desde los comicios de 2021, marcados por la guerra civil en la región de Tigré (norte).
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La formación oficialista busca revalidar su amplia mayoría en la Cámara Baja, donde cada región del país cuenta con un número de escaños con base en su población.
Así, las regiones de Oromía y Amhara son las que más representantes cuentan, con 178 y 138 cada una, respectivamente, aunque en esta última no se celebrarán los comicios en ocho circunscripciones.
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El partido que obtenga la mayoría elegirá al primer ministro que encabezará el Gobierno federal durante los próximos cinco años.
Abiy, quien pertenece a la etnia mayoritaria oromo y en el poder desde 2018, apenas cuenta con una oposición fuerte a su partido pese a que hasta 47 formaciones concurren a la votación.
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Aunque ganó el Premio Nobel de la Paz en 2019 por poner fin al largo conflicto con la vecina Eritrea, Abiy ha recibido críticas de organizaciones pro derechos humanos por restringir la actividad de activistas y periodistas, así como por desalojar de forma forzosa a miles de personas en proyectos urbanísticos.
Dos de los principales partidos opositores, la Coalición por la Unidad de Etíope y Ciudadanos Etíopes por la Justicia Social (EZEMA), también han acusado al PP de socavar el proceso electoral mediante intimidación, manipulación de votantes, control de los medios de comunicación y obstrucción de candidaturas.
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Etiopía llega a las elecciones mientras aún persisten las tensiones en Tigré, región fronteriza con Eritrea y Sudán.
La región sufrió una devastadora guerra civil de noviembre de 2020 a noviembre de 2022 entre los rebeldes del Frente de Liberación Popular de Tigré (FLPT) y el Ejército federal, apoyado por milicias locales y el Ejército eritreo, y que causó al menos 600.000 muertos.
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Como ocurrió en 2012, la inestabilidad política y de seguridad en Tigré hacen inviable la votación del lunes en ese territorio.
El FPLT, actualmente ilegalizado, dijo haber reinstaurado el pasado 5 de mayo el gobierno regional que regía antes de la guerra, en un nuevo desafío a la autoridades de Adís Abeba tras los enfrentamientos registrados este enero entre el Ejército etíope y los rebeldes de Tigré.
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El Gobierno etíope también acusó en febrero a Eritrea de desplegar tropas y hacer incursiones en su territorio, además de colaborar con grupos rebeldes en su frontera noroccidental.
Aunque Abiy asegura que no quiere entrar en guerra con la vecina Eritrea, tampoco renuncia a recuperar de manera pacífica su acceso al mar Rojo, perdido tras la independencia eritrea en 1991.
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El país afronta otros desafíos de seguridad como el de Oromía, región que ocupa casi un tercio del territorio nacional, donde las fuerzas federales combaten al Ejército de Liberación Oromo (OLA, en inglés), catalogado en 2021 como grupo terrorista por el Gobierno.
A estas disputas se suman las acusaciones del Gobierno de Sudán sobre un supuesto apoyo etíope a sus rivales en la guerra de ese país, las paramilitares Fuerzas de Apoyo Rápido (FAR).
4. Crecimiento económico, pero desigual
Con todos sus problemas de seguridad, Etiopía es una de las economías que más rápido crecen del mundo, con un aumento del producto interior bruto (PIB) del 7,6 % en 2024, según el Banco Mundial (BM).
El crecimiento se explica por el hecho de ser la segunda nación más poblada de África con más de 130 millones de habitantes; o su apuesta por la industrialización, el establecimiento de zonas económicas especiales y la atracción de inversión extranjera.
Sin embargo, un 38,6 % de la población etíope aún vive en la pobreza, según el BM.
Los etíopes también afrontan falta de combustible por la guerra desatada el pasado febrero por Estados Unidos e Israel contra Irán, que se extendió a la región y provocó el cierre del estrecho de Ormuz, por donde pasa el 20 % del petróleo y gas mundial.
Esa escasez ha disparado los precios de productos básicos. EFE
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