Blas Díaz
Lisboa, 21 may (EFE).- Los robos de azulejos en fachadas y monumentos de Lisboa, que se cuadruplicaron el año pasado según las autoridades policiales, están poniendo en peligro parte de la identidad e historia de la ciudad para alimentar un mercado ilegal en el que compran extranjeros y venden, principalmente, portugueses.
PUBLICIDAD
Paseando por la capital portuguesa es frecuente encontrar agujeros en los paneles de vidriados de sus edificios, rompiendo los patrones estéticos y dejando el ladrillo al descubierto o cubierto con cemento, una escena que sucede tanto en barrios residenciales como en los lugares más turísticos, como Alfama o Bairro Alto.
En 2025, según datos de la Policía Judicial (PJ) confirmados a EFE, se abrieron más de una veintena de investigaciones por robos de azulejos en la zona de Lisboa y el Valle del Tajo, lo que supone cuatro veces más que en el año anterior.
PUBLICIDAD
Aunque las autoridades no tienen cifras exactas de la cantidad de azulejos que se roban y revenden anualmente, el director regional de la PJ para Lisboa, João Oliveira, señaló que pueden llegar a ser millares y que la capital portuguesa es la más afectada por estos delitos por ser "el lugar con más azulejos de todo el mundo".
La historia de Lisboa no se entiende sin esta cerámica, que dota a la ciudad de un color y estilo artístico que encandila a sus visitantes.
PUBLICIDAD
Fernando Veira, un español de 54 años que lleva dos décadas en la ciudad enamorado de sus azulejos, sufrió uno de estos robos en su propio edificio en el barrio de Graça, en el que es frecuente ver paredes pintadas con mensajes en contra de la gentrificación.
"Vino un tipo con un destornillador y empezó a levantar azulejos hasta que los vecinos nos dimos cuenta, pero se escapó", narró a EFE.
PUBLICIDAD
Si bien el hurto y venta de los vidriados se denuncia desde inicios de siglo, en los últimos años ha ganado visibilidad por la turistificación de Lisboa.
Aunque los visitantes suelen llevarse estas piezas a sus respectivos países, el origen de los robos radica en los locales, y las asociaciones vecinales denuncian la existencia de un mercado clandestino con epicentro en la Feira de Ladra, uno de los mercadillos más frecuentados de la ciudad que se celebra semanalmente, los martes y sábado.
PUBLICIDAD
En muchos de sus puestos hay piezas a la venta con imperfecciones en sus esquinas, marcas de cemento en el reverso o carteles con sus siglos de antigüedad, muestras de que podrían haber sido sustraídas.
"El extranjero sólo es el cliente, y este mercado funciona porque hay un productor, la persona que extrae los azulejos de las fachadas, y un vendedor", comentó Rui Martins, activista de la asociación vecinal 'Vizinhos em Lisboa', en declaraciones a EFE.
PUBLICIDAD
Al respecto, el director de la PJ en Lisboa señaló que hay dos perfiles de ladrones de azulejos, en ambos casos "la mayoría son ciudadanos portugueses".
El primero está compuesto por "individuos con problemas de adicción de drogas que roban en baja cantidad para después venderlos", aunque Oliveira mostró más preocupación por el segundo, que son "organizaciones a las que se les pide realizar los robos en cantidades más elevadas", pero que no son los vendedores finales.
PUBLICIDAD
Isabel Colher y Marta Mendes trabajan desde hace 33 y 27 años, respectivamente, creando y restaurando paneles de azulejos. En el taller de Colher, en el barrio de Marvila, al este de la ciudad, ambas se muestran "desesperadas e impotentes".
Para Mendes, el problema viene de que los portugueses no lo reconocen "como algo que se deba proteger, como un bien cultural identitario".
PUBLICIDAD
La solución para las dos artesanas pasa por concienciar al turista para que no compre las piezas sustraídas y al lisboeta para que proteja el patrimonio de la ciudad.
Para Martins, sin embargo, se debe actuar directamente sobre el mercado ilícito para reducir los robos, "prohibiendo la venta a menos que se tenga un certificado de origen".
Mientras tanto, el desconocimiento y la falta de control sobre la venta ilícita hacen que los agujeros proliferen en las fachadas de Lisboa y que la ciudad, con cada azulejo que falta, también pierda una parte de su historia.
"Los azulejos son de una época que no va a volver, hechos por personas que ya no existen, con una filosofía y mentalidad de una época que ya es pasado. Pueden y deben ser preservados", concluyó Colher.
bjdo/lmg/cg
(foto)(video)
Últimas Noticias
Taiwán multiplicó sus compras de petróleo y gas de EE.UU. en abril por la guerra en Irán
Otros dos empleados ferroviarios tailandeses dan positivo en drogas tras mortal accidente
El primer ministro tailandés viaja a Francia para reunirse con Macron y promover comercio
El nuevo "partido de las cucarachas" de la India supera a Modi en las redes en apenas días
Pakistán condena "la detención ilegal y malos tratos" a los activistas de la flotilla bajo custodia de Israel
