Isaac J. Martín y Amjad Alí
Islamabad, 11 abr (EFE).- Irán y Estados Unidos rompieron este sábado en Islamabad décadas de silencio diplomático al sentarse frente a frente para su primera negociación directa desde la Revolución Islámica de 1979.
Al cumplirse seis semanas de guerra sin avances, las delegaciones de Washington y Teherán abandonaron la diplomacia de mensajeros para intercambiar actas de acuerdo en una mesa trilateral bajo mediación paquistaní, cerrando con un inesperado optimismo una jornada que comenzó al borde del boicot.
Tras semanas de mediación indirecta y una mañana de consultas por separado en el hotel Serena a través de mensajeros paquistaníes, los equipos encabezados por el vicepresidente estadounidense, JD Vance, y el presidente del Parlamento iraní, Mohamad Baqer Qalibaf, se sentaron en la misma mesa.
El encuentro, definido por la Casa Blanca como un formato "trilateral cara a cara", comenzó a las 16:55 hora local (11:55 GMT) y continuó hasta la noche con una cena de trabajo. Fuentes diplomáticas iraníes confirmaron a EFE que ambas partes se mostraron "optimistas" tras el intercambio de las primeras actas de acuerdo.
Pese a lo histórico del encuentro, la viabilidad de un acuerdo definitivo sigue sujeta a un complejo equilibrio de exigencias cruzadas. La participación de Teherán no se confirmó hasta la llegada de su delegación al aeropuerto de Islamabad, tras días de incógnitas por los desacuerdos sobre los puntos base del diálogo.
Irán condicionó el inicio de las conversaciones a que Washington aceptase sus "precondiciones", centradas en la inclusión del Líbano en el alto el fuego y la liberación de activos financieros.
El vicepresidente estadounidense, JD Vance, llegó acompañado por el enviado especial Steve Witkoff y Jared Kushner, yerno del presidente, Donald Trump, con instrucciones "claras" de que sus líneas rojas son la seguridad total en el Estrecho de Ormuz y la garantía verificable de que Teherán no retomará su programa de armamento nuclear.
En el ecuador de la jornada, la tensión se trasladó a los despachos. Tras más de dos horas y media de consultas indirectas, se filtró una supuesta concesión de la Administración Trump para desbloquear fondos iraníes como gesto de buena voluntad.
Esta información fue difundida rápidamente por medios oficiales de Teherán como un triunfo diplomático, pero la Casa Blanca se apresuró a desmentirla de forma tajante, encallando el diálogo hasta la reunión directa.
Islamabad se transformó este fin de semana en una fortaleza militar para facilitar el encuentro. El Gobierno de Pakistán ha implementado medidas excepcionales en la denominada "Zona Roja", además de agilizar la logística y los visados para todo el personal y los centenares de periodistas que viajaron desde todo el mundo.
Pakistán ejerce un papel facilitador activo y presiona ahora para prorrogar las conversaciones al domingo con el fin de alcanzar un acuerdo concluyente antes de que expire la tregua de 14 días.
Pakistán ha logrado consolidar un papel intenacional para su primer ministro, Shehbaz Sharif; el ministro de Exteriores, Ishaq Dar, y el jefe del Estado Mayor del Ejército, el general Asim Munir, que recibieron personalmente a las delegaciones, escenificando el compromiso total del Estado paquistaní con la paz.
Para Islamabad, el éxito de esta cumbre es vital por razones de seguridad nacional y supervivencia económica: el 80% de su crudo transita por el estrecho de Ormuz y cualquier escalada regional compromete su estabilidad financiera y sus alianzas estratégicas, incluido su pacto de defensa con Arabia Saudí.
Al cierre del día, un cauteloso optimismo recorre los pasillos del hotel Serena y el Centro de Convenciones Jinnah, donde la posibilidad de un alto el fuego permanente ha empezado a rumorearse entre periodistas y delegaciones.
Pese a las décadas de hostilidad, el ambiente en la capital paquistaní es de una expectación histórica para el domingo, pues la cita ha logrado desaflojar los nudos de la guerra en Oriente Medio para dar paso a una fase técnica de negociación.
Irán rechazó este sábado las afirmaciones del Comando Central de las Fuerzas Armadas de Estados Unidos (Centcom) sobre el supuesto despliegue de dos destructores en el estrecho de Ormuz para retirar las minas colocadas por la República Islámica durante la guerra, mientras ambos países negocian la paz en Pakistán. EFE
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