
El petrolero Anatoli Kolodkin, perteneciente al gobierno ruso y de 250 metros de eslora, se encontraba cerca de aguas cubanas durante la noche del domingo, según los registros de MarineTraffic, una plataforma que monitorea el movimiento marítimo internacional. Con una carga estimada en cerca de 730.000 barriles de crudo, la embarcación avanzaba a una velocidad de 12 nudos y tenía previsto arribar el martes en horas de la mañana a la terminal cubana de Matanzas. Esta situación ocurre luego de meses de restricciones energéticas severas en Cuba, generadas por el bloqueo petrolero impuesto desde Washington. Según lo reportó The New York Times, la Guardia Costera de Estados Unidos ha autorizado el ingreso de este buque, rompiendo con la línea de acciones tomadas durante la gestión de Donald Trump para limitar la llegada de hidrocarburos a la isla.
El medio The New York Times detalló que la decisión por parte de las autoridades estadounidenses constituye un cambio poco habitual en la política de restricción petrolera hacia Cuba. La crisis energética sufrida por la nación caribeña se ha expresado principalmente en apagones y afectaciones a múltiples áreas, con impacto notable en los servicios básicos y distintos sectores de la economía. La medida norteamericana se ha producido pese a que, según el mismo diario, existen dos patrulleras de la Guardia Costera en la región que podrían haber interceptado el petrolero, aunque hasta la tarde del domingo no recibieron instrucciones para intervenir.
Washington venía ejerciendo presión en la esfera internacional, incluyendo advertencias de posibles aranceles para aquellos países que vendieran petróleo a Cuba. La llegada prevista del Anatoli Kolodkin plantea una excepción dentro de ese marco, según consignó The New York Times, y puede permitir un alivio temporal a la escasez de energía que atraviesa la isla después de varios meses con niveles críticos.
De acuerdo con lo publicado por The New York Times, la emergencia energética agravada en Cuba remite a la interrupción del flujo de hidrocarburos venezolanos tras la intervención de la Administración Trump en el intento de capturar al presidente Nicolás Maduro. Esa política produjo un descenso abrupto en la disponibilidad de combustibles para Cuba, situación que se tradujo en una sucesión de cortes de electricidad y problemas en la cadena productiva.
Ante la gravedad de la crisis, Naciones Unidas presentó el miércoles pasado un Plan de Acción Ampliado orientado a colaborar con Cuba en la respuesta a la escasez energética y a los daños persistentes en su infraestructura. Dicho plan también contempla la continuación de labores de recuperación frente a los estragos del huracán Melissa, que en octubre destruyó infraestructuras relevantes, particularmente en la zona oriental del país, según recoge el reportaje de The New York Times.
Además de la cuestión energética, la situación ha afectado de manera directa a sectores como el de la salud, cuyas operaciones dependen de una provisión constante de energía. Esta coyuntura ha situado al gobierno cubano en situación de emergencia y ha provocado múltiples gestiones internacionales para conseguir suministros que ayuden a estabilizar el contexto interno, de acuerdo con información de The New York Times.
Fuentes estadounidenses citadas por The New York Times explicaron que, hasta el domingo, la Guardia Costera mantenía su postura de no intervención respecto al viaje del Anatoli Kolodkin, aun teniendo capacidad operativa cercana para actuar sobre el barco ruso. Refiriéndose a la magnitud del envío, la publicación subraya que el cargamento de 730.000 barriles representa una proporción significativa del consumo energético cubano en la coyuntura actual, lo que repercutiría en un potencial mejoramiento temporal de la oferta eléctrica y de servicios en el país.
La maniobra se interpreta dentro de un contexto de excepción frente a la política de endurecimiento sancionatorio que ha marcado la relación entre Washington y La Habana en los últimos años. Antes de esta autorización, Estados Unidos mantuvo una práctica de monitoreo y disuasión activa sobre el trasiego de petróleo extranjero hacia Cuba, lo que tensó la gestión energética isleña y restringió la obtención de recursos básicos, como reportó The New York Times.
Con el avance del Anatoli Kolodkin hacia el puerto de Matanzas, la expectativa se enfoca en cómo esta llegada podría modificar en las próximas semanas la operatividad de la red eléctrica cubana y los servicios asociados que han experimentado dificultades. Además, el hecho evidencia las complejidades de la política internacional respecto al comercio de hidrocarburos con la isla y el margen de maniobra que aún se observa en medio del escenario de sanciones y presiones multilaterales, según resumió el medio estadounidense.