
Un militar indonesio de la Fuerza Interina de Naciones Unidas en Líbano (FINUL), identificado como Fahrizal Rambe, falleció el domingo tras el impacto de un proyectil que también causó heridas graves a otro integrante del contingente en Taibe, en el distrito de Marjayún. Según consignó el medio, la FINUL reportó que el lunes murieron dos militares más de origen indonesio debido a un ataque con explosivos contra el vehículo en el que se desplazaban cerca de Bani Hayan, en el mismo distrito, en el sur de Líbano. La misión de la ONU detalló que también resultaron heridos dos cascos azules, uno de ellos de gravedad.
De acuerdo con información difundida por la FINUL y reportada por la prensa internacional, la explosión que acabó con la vida de los dos militares indonesios se produjo cuando se trasladaban como parte de sus operaciones habituales en la región. Tras la detonación, el personal de la misión de la ONU desplegó labores de evacuación, aunque un portavoz de la organización indicó que no se logró acceder a dos de los heridos por la falta de garantías de seguridad en la zona. La FINUL informó que un equipo especializado acude al lugar, en coordinación con las autoridades libanesas e israelíes, y que se ha abierto una investigación sobre lo acontecido, al tratarse del segundo incidente fatal en menos de veinticuatro horas.
El medio también recogió el comunicado oficial de la misión internacional, en el que se expresó que “nadie debería morir jamás al servicio de la causa de la paz”, enviando condolencias a los familiares, amigos y compañeros de los cascos azules fallecidos. El texto añade que “el coste humano de este conflicto es demasiado alto” y exige el fin de la violencia en la región.
El militar gravemente herido en el ataque del domingo, identificado como Rico Pramudia, fue trasladado a un hospital de Beirut, según reportó la FINUL. La situación en el sur de Líbano se vuelve cada vez más tensa debido a la presencia tanto de la milicia chií Hezbolá como de las Fuerzas Armadas de Israel. Ambas partes han declarado públicamente su intención de controlar el territorio hasta el río Litani, en busca de establecer una zona de seguridad.
Incidentes recientes elevan la preocupación por la seguridad del personal internacional. La FINUL denunció que el sábado anterior fuerzas israelíes efectuaron seis disparos de advertencia contra un convoy del contingente en Naqura, sector occidental de la misión. En ese incidente, según mencionó un portavoz de la ONU, algunos impactos de armas cortas alcanzaron uno de los vehículos de la misión, aunque no se registraron bajas. Posteriormente, al regresar a la base, el convoy fue alcanzado por un disparo del arma principal de un tanque Merkava israelí. El proyectil estalló a una distancia aproximada de quince metros del vehículo de la FINUL, que resultó con daños menores y pudo continuar su desplazamiento.
Según detalló la misión internacional y retomó la prensa, el área donde ocurrieron los hechos se encuentra en una zona de alta fricción militar y de operativos constantes por parte de los distintos actores armados. La presencia de hostilidades repetidas complica la labor de los miles de cascos azules en el terreno. En la actualidad, la FINUL cuenta con alrededor de 8.000 efectivos militares de diferentes nacionalidades, entre ellos unos 650 españoles, desplegados para vigilar el cese de hostilidades entre Hezbolá y el Ejército de Israel y acompañar a las Fuerzas Armadas libanesas en la región y en la zona de separación conocida como la Línea Azul.
Las muertes de estos tres efectivos indonesios incrementan la preocupación internacional y motivaron una respuesta diplomática de alto nivel. El ministro de Asuntos Exteriores de Francia, Jean-Noël Barrot, anunció que solicitarán la convocatoria urgente del Consejo de Seguridad de la ONU ante los “gravísimos incidentes” calificados como “inaceptables e injustificables” que afectan a la misión de paz. Según reprodujo la prensa, Barrot condenó tanto el tiroteo que causó la muerte de un miembro indonesio de la FINUL el 29 de marzo e hirió a otros tres soldados, como la explosión que mató a otros dos miembros indonesios el 30 de marzo e hirió a otros dos militares. Añadió también que su país denuncia los incidentes ocurridos el día anterior con el contingente francés en Naqura, atribuidos a soldados israelíes, y remarcó la necesidad de que se respete la Resolución 1701 del Consejo de Seguridad, que ampara el despliegue de la FINUL y sus operaciones.
Barrot subrayó que la FINUL debe gozar de plena libertad de movimiento y cumplir su mandato sin restricciones. En el mismo sentido, el subsecretario general de la ONU para Operaciones de Paz, Jean-Pierre Lacroix, se expresó en conferencia de prensa indicando que los “cascos azules” jamás deben ser objetivo y reclamó el cese de todas las amenazas a su seguridad. Lacroix hizo énfasis en que las fuerzas internacionales permanecerán desplegadas en territorio libanés y que todos los actores involucrados deben cumplir sus obligaciones para asegurar la integridad y protección de los efectivos de la misión en todo momento.
La situación humanitaria y de seguridad se ha visto comprometida no solo para el personal internacional, sino también para los residentes locales, quienes conviven a diario con la tensión derivada de los enfrentamientos entre fuerzas regulares y milicias. La presencia de la misión de la ONU continúa en un entorno marcado por la posibilidad recurrente de nuevos incidentes incluso contra vehículos claramente identificados como parte de la fuerza de paz, un elemento que añade presión sobre los responsables diplomáticos y de seguridad en la región.
La evolución de los acontecimientos será seguida de cerca en los próximos días tras la convocatoria formal al Consejo de Seguridad de Naciones Unidas solicitada por Francia y las investigaciones abiertas por la propia FINUL sobre los ataques sufridos por el personal indonesio en el sur de Líbano.