
El gobierno de Hungría condicionó recientemente la devolución de bienes y nueve kilogramos de oro pertenecientes al banco estatal ucraniano Oschadbank, incautados a siete empleados que cruzaban territorio húngaro, a la reapertura del oleoducto Druzhba, bloqueado tras un ataque en Leópolis. Esta medida, ligada de forma directa al restablecimiento del flujo de petróleo, resalta un nuevo episodio de tensión entre los dos países en el contexto de la guerra en Ucrania. Según consignó el medio Europa Press, la delegación húngara viajó a Kiev bajo instrucciones del primer ministro Viktor Orbán con el propósito de iniciar negociaciones para evaluar y acordar el restablecimiento del suministro.
La comitiva enviada por Budapest está liderada por el secretario de Estado de Energía, Gábor Czepek, y cuenta con la participación directa de representantes de la Comisión Europea, autoridades energéticas ucranianas y el embajador de Hungría en la capital ucraniana, detalló el portavoz del gobierno, Zoltan Kovacs. De acuerdo con Kovacs, “la seguridad energética proviene de mantener el acceso a recursos orientales asequibles”, y sostuvo que ampliar la diversidad de suministros resulta fundamental para la estabilidad del sistema de protección de costos de los servicios públicos en Hungría. El funcionario también publicó declaraciones en sus redes en las que vinculó el bienestar de los hogares húngaros a la continuidad de este tipo de adquisiciones energéticas.
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Europa Press señaló que, desde la perspectiva de Ucrania, el corte de suministro de petróleo ruso hacia los socios europeos representa una estrategia clave destinada a obstaculizar las fuentes de financiamiento del Kremlin y, así, limitar la capacidad de Moscú para sostener su ofensiva militar. Por su parte, Hungría y Eslovaquia, principales beneficiarios del crudo transportado por el oleoducto Druzhba, reiteraron que la interrupción del flujo compromete de forma directa su seguridad energética y las condiciones del abastecimiento nacional.
El conflicto escaló hacia finales de enero, cuando las autoridades de Kiev informaron sobre el impacto de un ataque ruso contra las instalaciones del oleoducto en la región de Leópolis. El daño provocado resultó en la suspensión inmediata del suministro y abrió un periodo de incertidumbre sobre la rehabilitación de la infraestructura. En este contexto, Orbán instó públicamente al presidente ucraniano Volodimir Zelenski a acelerar el proceso de reparación y restablecimiento del servicio.
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Europa Press reportó que la postura de Hungría ha incrementado el nivel de fricción entre los dos gobiernos, que ya mantienen una relación marcada por desacuerdos en torno a la política energética y al alineamiento frente a la guerra. El paso de enviar una misión oficial, respaldada por la Comisión Europea y entidades del sector energético, representa un intento de lograr un acuerdo que permita reanudar el transporte de crudo mientras se preserva la seguridad de los suministros para los hogares y la economía húngara.
La requisición de bienes por parte de las autoridades húngaras alcanzó un valor de varias decenas de millones de euros, según precisó Europa Press. El gobierno de Budapest aseguró que la devolución de estos activos está supeditada directamente al desbloqueo del Druzhba, en tanto se consolidan las negociaciones y se avanza en la recuperación de la infraestructura dañada.
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El contexto de estas negociaciones resalta la complejidad de los intereses cruzados entre los países europeos frente a la persistencia del conflicto armado y las estrategias energéticas del continente. Mientras Kiev insiste en reducir toda dependencia del petróleo ruso, los estados más expuestos a la interrupción del Druzhba buscan fórmulas para garantizar el acceso a fuentes de energía estables. La participación de la Comisión Europea en el diálogo refuerza el carácter estratégico de la cuestión para toda la Unión Europea, no solo para los países directamente implicados.
Según reportó Europa Press, las autoridades ucranianas mantienen la postura de que el cese de compras a través del oleoducto no solo afectaría las finanzas rusas, sino que también debilitaría considerablemente la capacidad bélica de Moscú. Entretanto, Hungría y otros países orientales argumentan que un cierre prolongado podría poner en riesgo el funcionamiento del sistema eléctrico y de calefacción de millones de ciudadanos. La negociación en Kiev pretende alcanzar una solución que atienda simultáneamente las preocupaciones de seguridad nacional y europea, así como las demandas políticas y económicas de las partes enfrentadas.
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