
La Guardia Revolucionaria de Irán declaró que atacó una base militar estadounidense en la región semiautónoma del Kurdistán iraquí, en el norte del país, mediante el uso de cinco misiles contra la sede del Ejército de Estados Unidos en la base de Harir. El comunicado oficial, citado por la agencia NINA y otras fuentes recogidas por medios internacionales, enmarcó esta acción como una respuesta directa a la ofensiva conjunta ejecutada por Washington e Israel en Irán a fines de febrero. De acuerdo con la agencia de noticias iraquí NINA, estos hechos se desarrollaron mientras aumenta la tensión en la región y se multiplican los ataques a instalaciones estadounidenses.
Según informó la agencia NINA, un campamento de apoyo logístico vinculado a operaciones diplomáticas estadounidenses fue atacado por seis drones equipados con explosivos la noche del martes. El centro, ubicado en las inmediaciones del Aeropuerto Internacional de Bagdad, opera como un nodo estratégico para las fuerzas e intereses vinculados a Estados Unidos dentro de Irak. Las autoridades no han divulgado información sobre la procedencia de los misiles ni sobre posibles víctimas, mientras se evalúan los daños y el alcance del ataque.
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El medio NINA detalló que los drones que participaron en la ofensiva contra el centro logístico estadounidense liberaron sus explosivos en ataques sucesivos, en medio de una escalada de represalias impulsadas por sectores proiraníes en respuesta a las acciones militarizadas recientes de Estados Unidos y su aliado Israel. Desde que Washington y Tel Aviv efectuaron una ofensiva conjunta sobre territorio iraní el pasado 28 de febrero, varios sitios estadounidenses en Irak y otros puntos de Oriente Próximo han recibido ataques atribuidos a grupos aliados con Teherán o que comparten intereses estratégicos en la región.
Este patrón de ataques, según publicó la agencia NINA, se agrava por la falta de claridad sobre la autoría específica detrás de cada acción, lo que dificulta la respuesta coordinada por parte de las autoridades iraquíes y los aliados occidentales en la zona. El ataque contra el centro de apoyo diplomático en Bagdad se suma a una serie de incidentes registrados en las semanas previas, en las que instalaciones militares y logísticas utilizadas por Estados Unidos se han visto involucradas en hostilidades similares.
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Las represalias y ofensivas cruzadas se intensificaron tras el ataque de Estados Unidos e Israel contra instalaciones en Irán, un hecho que modificó el equilibrio de seguridad en la región e implicó respuestas inmediatas desde Teherán y de diversos grupos proiraníes operativos en varios países de Oriente Próximo. Las bases estadounidenses, según consignó el medio NINA, han sido foco de ataques reiterados, cuyo diseño y ejecución demuestran una coordinación importante entre milicias armadas y el uso avanzado de tecnología militar, como drones armados con cargas explosivas.
La agencia NINA informó, además, que fuentes de seguridad en Bagdad siguen recabando datos para determinar la magnitud exacta del impacto causado por los ataques en las instalaciones diplomáticas y logísticas. La frecuencia y sofisticación de estas ofensivas han generado preocupación en organismos de seguridad regionales, pues reflejan un incremento en la capacidad ofensiva de los grupos armados que operan en Irak y zonas limítrofes. Este contexto plantea nuevos desafíos para los dispositivos de defensa estadounidenses y aliados, quienes revisan sus protocolos en respuesta a las amenazas detectadas desde febrero.
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El mismo medio reportó que, hasta el momento, ninguna autoridad oficial iraquí ni estadounidense ha proporcionado cifras concretas sobre daños materiales o posibles víctimas. La ausencia de datos concluyentes se explica por las dificultades que enfrentan los equipos de emergencia y seguridad para acceder con rapidez y garantía de seguridad a las áreas atacadas, especialmente tras incursiones con drones, que pueden dejar artefactos sin detonar o estructuras comprometidas.
La escalada de acciones violentas tras los ataques previos a Irán y los intereses estadounidenses muestra una inestabilidad creciente en el entorno de Bagdad y el norte de Irak. Los bombardeos mediante drones, acompañados del uso de misiles en puntos estratégicos como la base de Harir, expresan un cambio en la táctica de confrontación, ya que buscan afectar no solo instalaciones militares sino también aquellas infraestructuras que respaldan el trabajo diplomático y logístico de Estados Unidos en el país.
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Las autoridades regionales y actores internacionales continúan monitoreando los sucesos y evaluando las opciones para contener la violencia y evitar la propagación de nuevos episodios de represalias, en un momento marcado por la fragilidad en las relaciones entre Washington, Teherán y grupos armados relacionados. Como remarcó la agencia NINA, la noche del martes dejó a la vista el creciente riesgo para operadores internacionales presentes en Irak y la complejidad de la situación de seguridad en las inmediaciones del aeropuerto de la capital, un área tradicionalmente considerada de alto valor estratégico.
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