El papel de la vulnerabilidad individual frente a toxinas ha sido uno de los puntos planteados por la doctora Pilar Muñoz-Calero durante el X Congreso Internacional de Medicina Ambiental, celebrado en la Facultad de Medicina de la Universidad Complutense de Madrid. La especialista, presidenta de la Fundación Alborada, resaltó que alrededor del 25% de la población encuentra mayores dificultades para eliminar toxinas ambientales de su organismo, lo que, según detalló, incrementa el riesgo de acumulación y, por ende, los efectos perjudiciales de estas sustancias. En este contexto, advirtió que la exposición continua a determinadas sustancias presentes en espacios interiores puede generar o agravar afecciones, incluso en personas que no presentan antecedentes previos.
Tal como informó el medio, Muñoz-Calero se refirió a contaminantes domésticos como el moho y las velas aromáticas, indicando que ambos pueden tener una incidencia significativa sobre la salud. Respecto al moho y las micotoxinas, explicó que estos microorganismos no se limitan a los alimentos, ya que también suelen proliferar en edificios afectados por humedad o por daños causados por agua. Mencionó que, en países como Estados Unidos, más de la mitad de las construcciones presentan este tipo de problemas, favoreciendo una mayor exposición.
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La doctora insistió, según reportó el medio, en que muchas de las exposiciones a agentes nocivos se producen en espacios cerrados, como los hogares y áreas de trabajo, donde es habitual pasar la mayor parte del día. En estos ambientes pueden concentrarse compuestos químicos, microorganismos y radiaciones que influyen en el organismo y pueden acarrear consecuencias para la salud.
Sobre el impacto del moho y las micotoxinas, Muñoz-Calero explicó que la exposición representa un factor desencadenante de enfermedades ambientales. Matizó que estas sustancias pueden generar una respuesta inflamatoria crónica, acompañada de manifestaciones clínicas muy variadas, lo que obstaculiza su detección y diagnóstico. Además, reiteró que la susceptibilidad no es uniforme en toda la población, lo que implica que algunos individuos resultan más afectados que otros.
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En relación con las velas aromáticas, la presidenta de la Fundación Alborada señaló que los contaminantes relacionados con su uso parten de elementos cotidianos contribuyentes a la contaminación del aire interior. Informó que la combustión de una vela aromática durante una hora podría elevar la presencia de dióxido de nitrógeno en el hogar hasta niveles próximos al límite recomendado por la Organización Mundial de la Salud.
El medio consignó que los riesgos en ambientes cerrados se extienden más allá de los productos domésticos. Otras fuentes aportaron el testimonio de especialistas como el bioquímico Martin L. Pall, profesor emérito de la Universidad del Estado de Washington, quien aportó detalles sobre los posibles efectos biológicos de la exposición a campos electromagnéticos y radiaciones de radiofrecuencia derivadas de tecnologías inalámbricas. Según informó el medio, Pall sostuvo que determinadas investigaciones vinculan estos campos al funcionamiento celular, a través de la activación de canales de calcio en las membranas celulares, lo que originaría una secuencia de procesos asociados con alteraciones en sistemas neurológico, hormonal o cardiovascular.
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En la misma línea, Magda Havas, profesora emérita de la Universidad de Trent, Canadá, explicó que en estudios experimentales se ha detectado que la exposición a radiaciones de radiofrecuencia provenientes de dispositivos inalámbricos impacta en indicadores como la frecuencia cardíaca o la variabilidad del pulso, según publicó el medio.
Durante el congreso se resaltó que aunque la presencia de estos compuestos y agentes tecnológicos responde a prácticas cotidianas, su repercusión puede ser relevante para la salud pública. Especialistas insistieron en la importancia de reconocer el impacto que pueden tener factores presentes en entornos cerrados, tanto físicos como ambientales, y de considerar medidas preventivas adecuadas en función de la evidencia científica disponible y de la vulnerabilidad identificada en ciertos grupos poblacionales.
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La información compartida en el evento evidenció cómo la calidad del aire e incluso el uso habitual de tecnologías inalámbricas pueden influenciar procesos biológicos fundamentales y, en contextos de exposición prolongada, derivar en efectos adversos para personas predispuestas, tal como destacaron los expertos citados por el medio.
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