El 80 por ciento de las personas mayores de 75 años presenta problemas auditivos, pero solo una tercera parte es consciente de su situación y, de ese grupo, aproximadamente dos tercios no emplean dispositivos como prótesis auditivas. Según lo publicado por la Sociedad Española de Otorrinolaringología y Cirugía de Cabeza y Cuello (SEORL-CCC), la falta de atención y diagnóstico en la salud auditiva de la población mayor contribuye al aislamiento social y a la soledad, lo que subraya la necesidad de detectar la hipoacusia de manera precoz y de garantizar un acceso equitativo a soluciones auditivas.
Durante un encuentro en el Congreso de los Diputados, que coincidió con el Día Mundial de la Audición el 3 de marzo, Serafín Sánchez, presidente de SEORL-CCC, destacó que la pérdida auditiva va más allá de un asunto clínico, convirtiéndose en un reto de salud pública y de justicia social. Según reportó la organización, la salud auditiva incide directamente en la autonomía personal y en la participación en la vida social. Sánchez afirmó que cuando la pérdida auditiva no recibe diagnóstico ni tratamiento adecuado, la persona no solo enfrenta dificultades para oír, sino que también experimenta barreras de comunicación que a menudo conducen al aislamiento. El presidente de SEORL-CCC recordó que “vivir más debe significar hacerlo en condiciones adecuadas y dignas”, y sostuvo que esto solo es posible mediante políticas públicas enfocadas en la prevención y la equidad en el acceso a revisiones, diagnósticos y dispositivos, ya que “no pueden depender de la capacidad económica de cada paciente”.
La Sociedad Española de Médicos de Atención Primaria (SEMERGEN) de Canarias, por medio de su presidente Francisco Morales, señaló la importancia de establecer protocolos estrictos en la Atención Primaria que permitan evaluar y dar seguimiento a la salud auditiva de las personas mayores. Morales explicó que, a través de la colaboración entre distintas sociedades médicas, incluido el apoyo de la Sociedad Española de Geriatría y Gerontología, la Sociedad Española de Medicina de Familia y Comunitaria (semFyC) y la Sociedad Española de Medicina General, se ha desarrollado un protocolo para que médicos de familia y geriatras puedan detectar y abordar la pérdida auditiva de los pacientes, ajustando los programas asistenciales a las necesidades individuales.
De acuerdo con datos del Instituto Nacional de Estadística (INE), cerca de 900.000 personas en España tienen dificultades de audición, y a nivel global, el 10 por ciento de la población se ve afectada. Francisco Morales agregó que la percepción de soledad acelerada por la pérdida auditiva puede derivar en depresión, insomnio, deterioro cognitivo y una desconexión progresiva de la sociedad y el entorno familiar.
El presidente de la Sociedad Española de Geriatría y Gerontología (SEGG), Francisco José Tarazona, remarcó que la hipoacusia está asociada frecuentemente a trastornos psicológicos como la ansiedad y la depresión. Según publicó el medio, Tarazona argumentó que existe una necesidad urgente de implementar cribados en todos los niveles de atención sanitaria, desde la Atención Primaria hasta las consultas externas, para detectar precozmente los casos de hipoacusia, ya que se trata de un problema frecuente y poco diagnosticado. Destacó también la importancia de la colaboración entre sociedades científicas para poner en marcha protocolos que garanticen la mejora de la calidad de vida y la autonomía de los mayores.
Roberto Suárez, presidente de la Confederación Estatal de Personas Sordas (CNSE), enfatizó que la hipoacusia implica el reconocimiento de derechos humanos fundamentales, incluyendo la participación social y la dignidad personal. Tal como publicó la fuente, Suárez llamó la atención sobre las barreras que enfrentan las personas con discapacidad auditiva en su entorno, insistiendo en que el objetivo es asegurar la integración plena y la participación efectiva en la sociedad, más allá de cuestiones negativas o limitantes ligadas a la sordera. Destacó que las dificultades de comunicación y las trabas económicas complican el acceso a la información y los recursos necesarios para mantener la autonomía, sin distinción por edad o si la persona utiliza o no prótesis auditivas.
Beatriz Tena, presidenta de la Asociación Española de Enfermería en Otorrinolaringología y Cirugía de Cabeza y Cuello (AEORL-CCC), manifestó que el envejecimiento se vive hoy de manera más activa, con personas mayores que buscan mantener su independencia participando en actividades sociales y recreativas. De acuerdo con la información compartida por el medio, Tena indicó que la pérdida auditiva lleva a muchas personas a evitar actividades sociales para no enfrentar la fatiga de leer los labios o la dificultad de comunicarse, “deciden no salir y no relacionarse”. En este contexto, señaló que la implantación coclear marca una diferencia significativa, al permitir que los pacientes mayores reconecten con su entorno y preserven su autonomía personal.
César Hernández, director general de Cartera Común de Servicios del Sistema Nacional de Salud y Farmacia del Ministerio de Sanidad, expuso que la salud auditiva, junto con la bucodental y la mental, ha sido tradicionalmente excluida de la prestación básica del sistema sanitario. Hernández explicó, según detalló la fuente, que la hipoacusia se asume como una consecuencia natural del envejecimiento y, por esa razón, no ha recibido la prioridad que requieren otras patologías. Propuso una estrategia transversal para atender la salud auditiva, que implique un tratamiento escalonado y una distribución equitativa de los beneficios en todas las comunidades autónomas. Hernández afirmó: “Si hubiéramos tenido presupuestos, seguramente hubiéramos dado ya el paso inicial para normalizar, ecualizar esa situación en las diferentes comunidades autónomas”.
En el plano asistencial, Inmaculada Corrales, coordinadora de la Estrategia para el abordaje de la cronicidad del Ministerio de Sanidad, señaló que la hipoacusia crónica a menudo afecta a personas con múltiples enfermedades, generando situaciones de salud compleja. Corrales vinculó la pérdida auditiva con un mayor riesgo de deterioro cognitivo, resaltando la relevancia de detectar de forma precoz estos problemas para mitigar el riesgo de fragilidad y dependencia. Subrayó la importancia de integrar la hipoacusia en la Estrategia de Cronicidad, a fin de detectar estos casos a tiempo y evitar que se profundicen los estados dependientes. Mencionó, además, la necesidad de proporcionar continuidad asistencial tanto en los hogares como en las residencias de mayores, junto al papel clave de la Red de Escuelas de Salud en la promoción de la comunicación y la autonomía.
Tal como recogió el medio, existe consenso entre los especialistas y representantes de asociaciones de personas sordas sobre la urgencia de avanzar en políticas públicas que apoyen el acceso igualitario a diagnósticos y soluciones auditivas. Destacan que la atención temprana de la hipoacusia en la población mayor no solo previene el aislamiento social sino que impulsa la participación, la independencia y la dignidad a lo largo del proceso de envejecimiento.
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