Expertos muestran que los telómeros revelan diferencias por género en las secuelas respiratorias tras Covid-19 grave

Investigadores españoles identifican que el envejecimiento celular tras cuadros graves de coronavirus impacta de forma distinta a mujeres y hombres en la recuperación respiratoria, lo que podría permitir mejorar estrategias médicas personalizadas en pacientes recuperados

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Las diferencias en la recuperación respiratoria tras cuadros severos de Covid-19 han comenzado a ligarse al impacto del envejecimiento celular, marcado por el acortamiento de los telómeros, y afectan de forma divergente a hombres y mujeres. Así lo determina un estudio del Centro Nacional de Microbiología del Instituto de Salud Carlos III (CNM-ISCIII), que analizó pacientes que requirieron ingreso en UCI entre agosto de 2020 y abril de 2021, según informó el propio CNM-ISCIII. Los investigadores han revelado que estos patrones diferenciados según el género pueden ayudar a desarrollar estrategias médicas más personalizadas para quienes se han recuperado de formas severas de la enfermedad.

El trabajo, publicado en la revista 'Frontiers in Immunology' y citado por el CNM-ISCIII, destaca que el acortamiento de los telómeros, asociado al envejecimiento celular, constituye un factor relacionado con la aparición de secuelas respiratorias posteriores a un episodio grave de coronavirus. Estas consecuencias no afectan de la misma manera a hombres y mujeres, lo que añade una variable relevante para el seguimiento de los pacientes a largo plazo, según detalló el medio especializado.

Los telómeros, estructuras localizadas en los extremos de los cromosomas, funcionan como un mecanismo que marca el envejecimiento de las células. La institución española explicó que su acortamiento incrementa la probabilidad de desarrollar diferentes enfermedades, y ahora estas alteraciones se vinculan con complicaciones respiratorias posteriores a la hospitalización por Covid-19. El CNM-ISCIII detalló que las diferencias entre hombres y mujeres radican en el tipo de secuelas que aparecen en cada grupo.

En la investigación participaron 49 pacientes con cuadros graves que fueron tratados en Unidades de Cuidados Intensivos. Para todos ellos se realizaron mediciones de la longitud relativa de los telómeros en sangre, utilizando ensayos de PCR cuantitativa en tiempo real. Las mediciones se efectuaron tanto en el momento de la hospitalización como tras un año de haber recibido el alta, indicó el informe difundido por el CNM-ISCIII.

En la segunda fase del estudio, que abarcó a 73 pacientes un año después de la hospitalización, las autoras principales, Raquel Behar y Ana Virseda, contaron con la colaboración de los hospitales universitarios del Tajo e Infanta Cristina en Madrid, puntualizó el CNM-ISCIII. La mayoría de los pacientes incluidos en el seguimiento requirió soporte ventilatorio mecánico, y en muchos casos se empleó el posicionamiento en decúbito prono para su tratamiento durante la fase aguda de la enfermedad.

La evaluación se centró en dos tipos de secuelas respiratorias: por un lado, la enfermedad pulmonar parenquimatosa difusa (DPLD, por sus siglas en inglés), evidenciada mediante hallazgos radiológicos sugestivos de fibrosis pulmonar; por otro lado, la presencia de síntomas persistentes tales como disnea, dolor torácico, tos o expectoración. Según consignó el CNM-ISCIII, un porcentaje considerable de los pacientes mantenía síntomas respiratorios al concluir el año de seguimiento, mientras que un grupo menor evidenció signos radiológicos compatibles con DPLD.

Las diferencias halladas en la relación entre el acortamiento telomérico y las secuelas respiratorias en función del género resultaron notorias. En las mujeres, el estudio evidenció que el acortamiento de los telómeros se relacionó principalmente con síntomas persistentes como la dificultad para respirar, el dolor en el pecho, la tos y la expectoración. Esta situación contrasta con lo observado en los hombres, donde la reducción de la longitud telomérica se asoció, de forma más específica, con el desarrollo de DPLD, según reportó el CNM-ISCIII.

El equipo científico, coordinado por las doctoras Amanda Fernández y María Ángeles Jiménez, integrantes de la Unidad de Infección Viral e Inmunidad del CNM-ISCIII y del Centro de Investigación Biomédica en Red de Enfermedades Infecciosas (CIBERINFEC), valoró la posibilidad de utilizar el acortamiento de los telómeros como biomarcador para estimar el riesgo de presentar alteraciones respiratorias vinculadas al envejecimiento celular. Según publicó el CNM-ISCIII, este biomarcador podría ofrecer una herramienta para pronosticar las posibles secuelas respiratorias a largo plazo, lo que facilitaría la segmentación del riesgo y apoyaría la implantación de estrategias de seguimiento adaptadas a las características individuales de los pacientes que han sobrevivido a episodios críticos y han requerido tratamiento en UCI.

El CNM-ISCIII señaló que esta línea de investigación se apoya en el seguimiento longitudinal de una cohorte que ya había servido en 2024 para determinar que el Covid-19 grave genera un acortamiento significativo de los telómeros. Por lo tanto, el enlace entre esta alteración y la evolución diferencial de las secuelas en hombres y mujeres puede representar un avance hacia una medicina más personalizada en el tratamiento de los supervivientes del coronavirus.