Antonio Suárez-Bustamante
Bilzen (Bélgica), 12 feb (EFE).- La discusión histórica sobre los eurobonos ha rebrotado de nuevo en la cumbre sobre competitividad celebrada en el castillo belga de Alden Biesen, donde los líderes europeos se reunieron para debatir medidas que revitalicen la economía del bloque, pero del que no escapó el eterno debate de la deuda común.
El bloque es conocido por sus debates inconclusos, discusiones 'déjà vu' que emergen y desaparecen, y enfrentamientos históricos que rebrotan con cada crisis y se repiten con la misma frecuencia. El de los eurobonos es el más afamado, tal vez porque enfrenta repetidamente a las dos grandes potencias del club: Francia, siempre a favor de los eurobonos, y Alemania, siempre en contra.
Aunque el presidente del Consejo Europeo, António Costa, advirtió de que el "retiro" de los líderes no se dedicaría a ello, fue imposible que el asunto no sobrevolara el 'château' elegido por el portugués para reflexionar sobre la competitividad económica.
Los Estados miembros comparten el diagnóstico: con una industria que flaquea y está rezagada respecto a China y Estados Unidos, Europa debe profundizar en el mercado único, reducir las barreras internas, avanzar hacia un mercado de la energía que reduzca los costes o diversificar la provisión de materias primas clave para reducir las dependencias, entre otras prioridades.
Pero los detalles aún dividen a los socios. Alemania prioriza la simplificación normativa y la creación de condiciones perfectas para movilizar el capital privado, un foco compartido con sus aliados, como Austria, Países Bajos o los nórdicos.
El canciller Friedrich Merz expuso su postura horas antes del encuentro, al afirmar que la "sobrerregulación" está impidiendo un mayor crecimiento del PIB europeo y pedir una "verdadera mentalidad desreguladora" en "cada sector".
Los socios menos 'halcones' no rechazan necesariamente esa postura: los países de sur también quieren reducir barreras y profundizar el mercado único, pero sus ambiciones van más allá y es ahí donde resurge el debate.
Apoyado en las conclusiones del informe de Mario Draghi, el presidente francés Emmanuel Macron aprovechó el retiro de los líderes para relanzar su defensa de nuevas emisiones de eurobonos que financien las ingentes inversiones necesarias para no perder distancia con Washington y Pekín.
La novedad ahora es que el contexto geopolítico ha cambiado el argumento a favor del endeudamiento común. Si al calor de la crisis financiera se pedían eurobonos para aliviar las finanzas de los países más endeudados, ahora se busca un mercado de capitales europeo más grande y líquido que atraiga capital desde Estados Unidos.
"Esta es una oportunidad única, que también nos permitiría desafiar la hegemonía del dólar. De hecho, el mercado global teme cada vez más al dólar estadounidense. Busca alternativas. Ofrezcámosle deuda europea", afirmó Macron recientemente.
Pero el mercado europeo es mucho más pequeño que el estadounidense, incluso después de que el club rompiera en la pandemia el mantra de la deuda, primero con un programa de 100.000 millones para evitar despidos, luego con el fondo de recuperación de 800.000 millones y más tarde con los instrumentos de ayuda a Ucrania.
Los economistas Olivier Blanchard y Ángel Ubide ponen cifras a la desproporción en una propuesta en la que defienden, precisamente, la ampliación del mercado de eurobonos: frente al billón de euros de deuda europea en circulación en la actualidad, el mercado de deuda del Tesoro Estadounidense se eleva a 30 billones de dólares.
Estos expertos -que plantean la conversión de una parte de la deuda nacional de los Estados miembros en deuda europea- subrayan que "crear un mercado de eurobonos profundo y líquido" daría a los inversores que dudan ahora del dólar "el activo seguro alternativo que están buscando". No hacerlo, advierten, significaría "perder una oportunidad histórica".
Un argumento parecido ha sido esgrimido, casi por sorpresa, por el presidente del Bundesbank, Joachim Nagel, quien respaldó los eurobonos con condiciones en un momento de amenazas sobre la seguridad de Europa."Hacer atractiva a Europa significa también atraer a los inversores de fuera", dijo.
Si el nuevo argumentario podrá cambiar el 'nein' de Alemania y el resto de halcones es una incógnita, pero el debate sobre la deuda común se elevará durante los próximos meses, sobre todo en las negociaciones para el próximo presupuesto de la UE (2028-2034).
De hecho, fuentes comunitarias ven cierta apertura por parte de las capitales del norte, especialmente si los eurobonos financian prioridades estratégicas compartidas como la seguridad y la defensa. Así lo ha dicho públicamente, por ejemplo, el Gobierno danés.
"Lo habitual es que Europa decida en las crisis. Ahora no tenemos un shock, sino un shock duradero. Yo pienso que en algún momento cristalizará", confió un alto diplomático al ser preguntado por este eterno debate comunitario. EFE
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