Médicos rehabilitadores advierten que su especialidad es "la gran olvidada" de los tratamientos del cáncer

Especialistas en rehabilitación física, respaldados por la SERMEF, insisten en la necesidad de incorporar su labor en todas las fases del abordaje oncológico, alertando sobre la falta de integración de estas terapias esenciales para optimizar la recuperación y la calidad de vida

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La persistencia de problemas como la fatiga, el dolor y la pérdida de movilidad limita seriamente las actividades de las personas con cáncer una vez concluyen los tratamientos médicos convencionales, impactando notablemente tanto en su día a día como en el bienestar de sus familiares. Frente a esta realidad, especialistas respaldados por la Sociedad Española de Rehabilitación y Medicina Física (SERMEF) instan a que la rehabilitación física forme parte integral del abordaje oncológico en todas sus etapas. De acuerdo con SERMEF, esta área continúa teniendo presencia residual dentro del Sistema Nacional de Salud, a pesar de su impacto probado en la recuperación y la mejora de la calidad de vida de los pacientes.

Según explicó la médica rehabilitadora y secretaria de SERMEF, Astrid Teixeira Taborda, mientras se incrementan las evidencias científicas sobre los beneficios de la rehabilitación en el contexto oncológico, la especialidad sigue considerándose “la gran olvidada” en los esquemas terapéuticos habituales del cáncer. Tal como detalló la entidad en declaraciones recogidas por varios medios en el marco del Día Mundial Contra el Cáncer, la rehabilitación debería incorporarse sistemáticamente en el abordaje de todos los tipos de tumor, independientemente de la etapa o tratamiento específico —sea radioterapia, quimioterapia o cirugía—. Esta integración responde a la necesidad de pautar una dosis y frecuencia de ejercicios adecuada, que los pacientes deben incorporar a su vida cotidiana según orientación médica.

La SERMEF enfatizó, citando revisiones recientes de la literatura médica, que los pacientes físicamente activos o aquellos sometidos a programas de prehabilitación antes de una intervención quirúrgica muestran una mayor capacidad de respuesta a los tratamientos oncológicos, sufren menos complicaciones después de una cirugía y requieren menos días de hospitalización. El medio que realizó el reportaje destacó que muchos afectados por cáncer enfrentan limitaciones persistentes como el dolor, debilidad muscular, cicatrices restrictivas y problemas neurológicos, lo que afecta directamente la movilidad, el equilibrio y, en consecuencia, su autonomía personal.

En este escenario, los médicos rehabilitadores desempeñan tareas centradas en la prevención de complicaciones, la minimización de daños secundarios y la elaboración de planes terapéuticos individualizados. Teixeira, citada por la SERMEF, subrayó que el impacto de estos programas puede abarcar desde el control efectivo del dolor hasta la mejora funcional y la facilitación de una recuperación precoz, contribuyendo a una vuelta más plena a la vida cotidiana.

El avance hacia la integración de esta especialidad ha quedado reflejado en la puesta en marcha de Unidades de Rehabilitación Oncológica en diversos hospitales españoles. No obstante, Teixeira advierte de manera expresa —según consignó la sociedad médica— que sigue existiendo un importante déficit en la implementación y desarrollo de estos servicios, tanto por la carencia de unidades especializadas como por los vacíos formativos que afectan a médicos, fisioterapeutas y terapeutas ocupacionales dentro del sistema sanitario.

Sobre la metodología de los programas de rehabilitación del cáncer, la SERMEF precisó que el diseño y coordinación recaen sobre médicos rehabilitadores, quienes trabajan junto a equipos multidisciplinares conformados por fisioterapeutas, logopedas y terapeutas ocupacionales, en colaboración estrecha con otros especialistas como oncólogos, geriatras, endocrinólogos, hematólogos, urólogos, ginecólogos y cirujanos. A través de este modelo, se determina una estrategia personalizada basada en varios factores: el diagnóstico oncológico, la localización de la lesión, el tipo y la duración del tratamiento y la situación funcional previa del paciente, así como sus preferencias personales.

El planteamiento de objetivos a corto y largo plazo pretende optimizar la adhesión al tratamiento, apuntando a mantener o recuperar tanto el bienestar físico como el emocional, lo cual redunda en una mejor calidad de vida. Entre las intervenciones habituales se incluyen terapias manuales para aliviar el dolor muscular y osteoarticular, rutinas de ejercicios terapéuticos para incrementar la resistencia física, reducir la fatiga y favorecer la movilidad, así como técnicas específicas de respiración y relajación que ayudan a combatir el estrés y la ansiedad asociadas al proceso oncológico.

De acuerdo con las precisiones aportadas por la SERMEF a través de Teixeira, estos planes pueden contemplar ajustes en la medicación analgésica o la utilización de procedimientos como infiltraciones o bloqueos nerviosos cuando se requiere el control de dolores de mayor intensidad. El rol del médico rehabilitador, según su valoración, se articula en torno a la identificación de limitaciones funcionales, prevención de lesiones adicionales, apoyo continuo en todas las fases de la evolución del cáncer y el diseño de intervenciones específicas para atenuar secuelas.

La SERMEF insistió durante la jornada informativa en que la rehabilitación oncológica representa un recurso esencial para el acompañamiento y la recuperación de quienes atraviesan el cáncer, ofreciendo herramientas concretas destinadas a preservar —en la mayor medida posible— la autonomía y calidad de vida del paciente, un aspecto que sigue siendo un reto pendiente para el sistema público de salud.