
Valladolid, 18 may (EFE).- Kike García, de penalti, aporta tranquilidad a un Alavés que llegó al José Zorrilla con más ambición, lo que se tradujo en un control total en la primera mitad, ante un inexistente rival, durante la primera parte.
El cuadro blanquivioleta, que dispuso de una gran ocasión, que Amallah falló de manera estrepitosa, terminó de desaparecer, ante un conjunto vasco que, al no sentirse amenazado, tampoco necesitó esforzarse demasiado.
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Una primera mitad soporífera, sin juego, sin fútbol, sin nada, entre un equipo al que terminar con dignidad no le servía de motivación, y otro que, al ver su dominio, ni se molestó en mantener la intensidad.
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