
Bahar sonríe. "Hace poco le grité a un ex ministro", cuenta la joven afgana. Había estado escuchando durante una conversación en Twitter Spaces en vivo las declaraciones de funcionarios que habían huido de su patria durante la caída de Kabul. Hasta que no aguantó más. "No quería perder los estribos, pero sí que entendieran mi enojo y desilusión por todo lo que está pasando hoy en día en Afganistán", dice la activista. Incluso cinco meses después de la caída de Afganistán en manos de los talibanes islamistas, muchos afganos y afganas luchan contra las enormes transformaciones que conllevó el cambio de poder. Nadie quedó inmune a estos cambios, a nadie le fueron indiferentes. Muchos quieren hablar acerca de lo que pasó o promover cambios. Pero la libertad de expresión se vio fuertemente afectada por los nuevos gobernantes del país, al igual que la participación política. Este hueco trata de ser llenado ahora por los afganos a través de medios sociales como Twitter, entre ellos Twitter Spaces, que permite mantener conversaciones de audio en directo en Twitter. Incluso los afganos se ríen de lo largas que pueden ser estas conversaciones en Spaces. Los debates, construidos como si se tratara de mesas redondas, con moderador, disertantes y un público que luego puede hacer preguntas, pueden durar hasta ocho horas. Por momentos tienen miles de oyentes. La intelectualidad del país discute en Spaces con ciudadanos de a pie sobre la caída de Kabul y los errores del gobierno anterior; mientras que ex generales justifican por qué el Ejército no luchó ("No queríamos morir por políticos corruptos"). También ex ministros o embajadores del gobierno del ex presidente Ashraf Ghani, que huyó, se animan a volver a salir a la luz y participan de las discusiones. Para ellos, la culpa por cómo se desarrollaron los acontecimientos es, más que de ellos, de los demás. Otros intentan presionar a los talibanes haciendo participar de Spaces a personas que fueron detenidas por los islamistas, como la ex policía Alia Asisi de Herat o el profesor crítico con el régimen Yalal, que en tanto volvió a salir en libertad. Los debates suelen ser acalorados y muchos opositores de los talibanes expresan su enojo. Algunos incluso proponen dividir el país de acuerdo con líneas étnicas. En realidad, en estos encuentros nunca ríe nadie. "En los hechos, muchos Spaces terminan cuando los participantes comienzan a insultarse entre sí", dice Obaidullah Bahir, docente universitario y activista en Kabul. Él mismo intenta redirigir su energía hacia algo constructivo. "Nuestros Spaces semanales fueron hasta ahora muy tolerantes y respetuosos", cuenta a través de WhatsApp. "En el fondo tratamos de reconociliarnos con la situación actual sin rendirnos al mismo tiempo", afirma Bahir. "Queremos trabajar por algo mejor", añade. Por eso mismo, comenzaron a contactar a jefes talibanes e invitarlos a Spaces para crear un discurso nacional. "En un Space, mujeres que trabajan pudieron hablar con los talibanes sobre las limitaciones que viven", cuenta Bahir. Incluso se conectó el portavoz del ministerio correspondiente. De esta forma, los talibanes reaccionan a los distintos temas. "Son pequeños pasos, pero ojalá esto lleve a largo plazo a cambios más grandes", señala. Otros afganos no ven actualmente más opción que las redes sociales para expresarse. "Los talibanes controlan los medios clásicos", dice Abdullah Khenjani, hasta hace poco viceministro de Paz y antes durante muchos años jefe del canal de televisión 1TV. "Los medios sociales demostraron ser plataformas confiables en las que intelectuales y ciudadanos no solo pueden compartir sus preocupaciones y esperanzas, sino también discutir acerca de la política, la religión, la cultura o el gobierno", indica. Comprende bien la necesidad de intercambiar opiniones actualmente. "Nos sentimos moralmente obligados a deconstruir nuestro desagradable pasado", dice Khenjani. Cree que hay que intentar de todo para comprender cómo se llegó a la actual situación y encontrar soluciones de cara al futuro. Considera que a través de Twitter Spaces también se puede obligar a los talibanes a ponerse a disposición de una discusión pública. "Ya que no contamos con mecanismos para rendir cuentas, estas plataformas son nuestra segunda mejor opción", añade. Los mismos talibanes son conscientes del poder de los medios sociales. El talibán Mohammed Hakmal organiza regularmente espacios de co-host de islamistas. "Queremos darle a aquellos que se oponen a nuestro sistema respuestas satisfactorias y ganarlos para nosotros", cuenta Hakmal por teléfono. En los Spaces le toca discutir acerca de los derechos de las mujeres o la composición del gobierno talibán, integrado solo por hombres y casi tan solo pashtunes. Los derechos de las mujeres se vieron fuertemente recortados. Hakmal está satisfecho con su trabajo. "Hay personas que se nos unieron gracias a Twitter Spaces", asegura. Los afganos que participaron de estos Spaces talibanes dicen que criticar a los islamistas es difícil. Rápidamente se es agredido y tildado de secular, espía occidental o prostituta. Hakmal afirma: "Tenemos principios. No queremos que nadie critique a nuestros dirigentes, que también sacrificaron a sus hijos". Asegura que acepta "críticas razonables", pero agrega que no puede "tolerar a aquellos que quieren sabotear el sistema". Y asegura que no tiene problema en decirlo bien claro. Los ciudadanos de a pie también escuchan los Spaces de los talibanes para ver si los islamistas cambiaron en comparación con su primer temible dominio entre 1996 y 2001. A veces también pasa que se unen seguidores de la milicia terrorista Estado Islámico e intentan convencer a los talibanes de que la yihad (guerra santa) no termina simplemente en la frontera del país. Mientras algunos afganos se quejan de que sus compatriotas tienen demasiado tiempo para discutir o afirman que, a pesar de que participan muchas personas, los Spaces siguen siendo muy elitistas, otros piensan en cómo seguir impulsando estos debates. "Espero que podamos ir más allá de Twitter hacia un espacio más amplio", dice el académico Bahir. Afirma que hay muchas grietas entre todos los afganos que hay que superar. dpa
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