Habitantes de la isla griega de Lesbos, cansados de los migrantes

Guardar

En la isla griega de Lesbos, el gigantesco campo de migrantes de Moria, destruido en un incendio, renacerá de sus cenizas en medio de olivares aislados, lejos de la mirada de la población, cuya "paciencia" está a punto de agotarse.

"Llevamos seis años soportado todo el peso de la migración, el mundo entero debe entenderlo. Estamos agotados, ya es suficiente", dice Erifili Yiannaka, consejera municipal de Lesbos, isla del mar Egeo.

En Lesbos, situada frente a las costas de Turquía, hay todavía más de 8.000 solicitantes de asilo, incluidos 6.000 supervivientes del incendio de Moria, que durante siete meses vivieron en un campo de emergencia en un antiguo campo militar en Mavrovouni.

Ese campo, situado cerca de Moria, es "temporal", prometió el ministro griego de Migraciones, Notis Mitarakis.

Grecia va a recibir 155 millones de euros (181 millones de dólares) de fondos europeos para financiar los nuevos campos de migrantes de Lesbos y Quíos.

La "paciencia tiene límites", reconoció el lunes la comisaria europea Ylva Johansson, al referirse a la exasperación de los habitantes de Lesbos, que experimentó en carne propia en su visita a la isla, perturbada por una manifestación.

"No aceptamos que se construya ningún campo aquí. Nuestra isla debe encontrar su ritmo de antaño”, dijo Erifili Yiannaka, presente en la manifestación de 300 personas.

- "La presión del pasado" -

Desde el comienzo de la crisis migratoria de 2015, Lesbos recibió cientos de miles de migrantes, hacinados en el campo de Moria, el más grande de Europa.

De ese campo insalubre, sólo quedan cenizas, botellas de plástico quemadas, árboles carbonizados, esqueletos de contenedores, escombros de vida abandonados en la noche infernal del 8 de septiembre de 2020.

El siniestro campamento de Moria se esfumó, pero los habitantes tienen la amarga sensación de llevar sobre sus espaldas toda la carga migratoria y no quieren que la situación perdure.

"No somos ciudadanos europeos de segunda clase", dice Christina Kourtzi, una habitante de Mitilene.

"Los insulares no permitirán la construcción de campos permanentes en las fronteras griegas y europeas", proclamó el gobernador de la región Egeo Norte, Kostas Moutzouris.

El ministro de Migraciones dijo que "entiende el punto de vista de los insulares". "Han estado bajo mucha presión (...) y el ejemplo de Moria no sigue siendo una buena experiencia", dijo Mitarakis.

"Por eso, la construcción de un nuevo tipo de campamento, extremadamente más organizado y con menos presión sobre las comunidades locales, marcará una gran diferencia", dijo.

- Ojos que no ven... -

Aislado en medio de colinas de piedra caliza y olivares, el terreno donde se construirá el futuro centro de recepción para solicitantes de asilo está a más de media hora en coche de Mitilene, la capital de la isla.

También lejos del mar, donde a los migrantes les gusta bañarse, lejos de cualquier localidad y de los ojos de la población local.

En la carretera hacia el futuro campo, se encuentra Thermi, un pueblo tranquilo, donde lo único notable son los perros y gatos callejeros.

En un callejón sombreado, los pobladores confían su preocupación a la AFP. "Ahora es una locura, hay tantas etnias diferentes", dijo el tendero del pueblo, que teme restricciones en la carretera de acceso.

"Entiendo que hay que hacer algo" pero "si cierran la carretera y ya no puedo ir a Matamados a encender una vela, no quiero", dice Dimitris Yiannakas.

"Todos los migrantes deben salir de la isla, esa es la solución", afirma por su parte Panagiotis Hatzisavvas, un pescador jubilado.

"Los refugiados es diferente, pero los migrantes deben regresar a su casa" y "si no quieren irse, entonces todos los países de Europa deben recibir una parte", sostiene el lugareño de 85 años.

"¿Por qué Grecia? ¿Por qué Mitilene, Samos y Quíos?", se pregunta el anciano mencionando las otras islas de migración del Egeo.

chv/ob/zm/tjc