Los residuos plásticos explotan con la pandemia en Tailandia

El auge de las entregas de comidas a domicilio que trajo la pandemia del nuevo coronavirus ha hecho explotar los residuos plásticos en Tailandia, uno de los mayores contaminadores de los océanos del mundo, y que actualmente tiene sus canales desbordados de empaques y vertederos inundados de bolsas.

Un barco del Ayuntamiento de Bangkok avanza en la red de canales de la capital, con el objetivo de recoger un máximo de basura que amenaza con obstruir las alcantarillas de la megalópolis de 11 millones de habitantes.

Botellas, bolsas, recipientes de todo tipo bloquean las estrechas vías, haciendo la navegación laboriosa. Mezclado con la vegetación y los alimentos, la mayoría será imposible de reciclar.

Los residuos plásticos "casi se duplicaron en las zonas urbanas de enero a marzo. En abril, durante un año, aumentaron un 62% sólo en Bangkok. La situación es preocupante", dice Wijarn Simachaya, presidente del Instituto Tailandés del Medio Ambiente, entrevistado por la AFP.

China, Indonesia y Vietnam -otras grandes contaminadores de los océanos- no han publicado estadísticas sobre este periodo, en tanto que en Japón este tipo de residuos aumentó en las grandes ciudades, pero finalmente se recicló mejor.

En Tailandia, las entregas de comida a domicilio, ya muy apreciadas en tiempos normales por una población que cocina poco en casa, han aumentado con el confinamiento y el cierre de restaurantes.

El entusiasmo continúa, aunque en menor medida, a pesar de la reapertura progresiva del país, que registra unos 3.000 casos de covid-19 y unos 60 decesos.

"La contaminación plástica puede matar más que el coronavirus" en Tailandia, suspira Ralyn Satidtanasarn, conocida como Lilly, una ecologista estadounidense y tailadensa de 12 años, inspirada por la sueca Greta Thunberg.

- Sexto contaminante de los océanos -

El reino es el sexto más gran contaminador de los océanos. En los últimos meses, impactan las imágenes de ballenas, delfines o tortugas encontradas muertas, o con plástico en el estómago.

Señalado, el gobierno prohibió a principios de año las bolsas de uso único en los supermercados, una pequeña revolución para un país que consumía en promedio ocho por día y por habitante, doce veces más que en la Unión Europea.

El objetivo es claro: reducir su número en cerca de un tercio a final del año.

En 2020, este combate parece estar perdido de antemano. Los residuos plásticos podrían incluso aumentar un 30%, según el Instituto del Medio Ambiente.

"El gobierno sabe perfectamente de esta situación, pero prefiere concentrarse en el coronavirus", señala Lilly. Cuando vuelva a la escuela, volverá a faltar a clases para volver a limpiar los canales.

Una gota de agua. El país sólo recicló el año pasado el 19% de los dos millones de toneladas de los desechos plásticos que generó.

Muchos de los nuevos residuos producidos durante la pandemia "van a dar a los ríos y en los océanos", lamenta Tara Buakamsri, de Greeenpeace Thailandia.

Esta crisis "evidenció cruelmente la necesidad de una gestión eficaz desde la casa, los hoteles o los comercios hasta las fábricas de procesamiento de residuos", subrayó.

El gobierno estableció el año pasado una ambiciosa hoja de ruta para el 100% de plástico reciclable hasta 2027. Sin embargo, debido a la falta de voluntad política, algunos observadores la consideran poco realista.

Vestidos, máscaras, zapatos de plástico reciclado, las iniciativas individuales se multiplican para paliar las carencias.

Wechsawan Lakas, profesor asistente en una universidad de Chiang Mai (norte), dirige un pequeño equipo que fabrica adoquines a base de bolsas de plástico y arena para construir carreteras.

Son "más ligeros de transportar, más sólidos, pueden resistir entre 100 y 400 años antes de descomponerse", asegura. "Con un poco de dinero, podríamos producir 500 al día".

Pero su proyecto no recibe ninguna ayuda pública. La petroquímica, una de cuyos principales mercados es la producción de plásticos, es generadora de decenas de miles de empleos y todavía todopoderosa en el reino.

Frente a ella "es difícil tener una verdadera voluntad política. Cambiar mentalidades todavía tomará años", estimó el profesor.

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