No está muy claro cuándo comenzó el heavy metal. Se estima que entre los 60 y 70, como una suerte experimento rabioso, apareció en forma de destello en algunas canciones de Led Zeppelin, Deep Purple, Black Sabbath y Judas Priest. Pero si la importancia de este tipo de fenómenos no recae en su origen sino en su manifestación, ¿qué implicancias tiene este género en Argentina? ¿Hay una argentinidad metalera? Este año la editorial La Parte Maldita publicó el libro Se nos ve de negro vestidos. Siete enfoques sobre el heavy metal argentino. La tapa es un homenaje al mítico disco de Hermética Ácido Argentino y los siete textos que incluye intentan abordar al género desde diversas perspectivas.

Los escritores (Juan Ignacio Pisano, Luciano Scarrone, Ezequiel Martín Alasia, Gito Minore, Gustavo Martín Torreiro, Manuel Bernal, Emiliano Scaricaciottoli y Diego Caballero) forman parte del Grupo de Investigación Interdisciplinaria sobre el Heavy Metal Argentino (GIIHMA). Los últimos dos conversaron con Infobae sobre cómo fue llevar a cabo este análisis múltiple. Su objetivo fue situarse entre dos caminos que abordaron el metal argentino sin satisfacerlos: por un lado la academia y su "efecto de cientificidad"; y por otro el periodismo y su "descriptivismo, puro y banal". Es por eso que intentaron "pensar el heavy metal como un soporte literario, un soporte vinculado a las ciencias sociales" y que el "libro sea una plataforma para abrirla a la comunidad".

Ya desde el prólogo comentan que "hay una inflexión nacional". ¿Cómo abordar un género musical que tiene semejante impronta nacional? ¿Es posible hacerlo desde una objetividad llana, intentando evitar la pasión que le despierta al analista? "Hay un sujeto más que un objeto de estudio que está atravesando nuestras miradas", comenzó diciendo Emiliano Scaricaciottoli, y agregó que "pensar al heavy metal como contracultura es omitirlo o invisivilizarlo", por lo tanto hay que abordarlo "como manifestación de la cultura popular. El heavy metal se construye a sí mismo como institución. Así mismo como gueto, como tribu o como brigada en el caso de V8, o como horda o legión en el caso de Riff". "Al heavy metal se lo ha ninguneado o se lo ha citado fuera de su especificidad", aportó Diego Caballero.

El 23 de junio de 2002, en la Presidencia de Eduardo Duhalde, se realizó una manifestación en el Puente Pueyrredón donde diferentes organizaciones sociales se agruparon para aunar reclamos. La emblemática huida en helicóptero de Fernando De la Rúa había sucedido seis meses atrás, sin embargo la crisis continuaba inminente. Frente a una manifestación de semejante envergadura, el Gobierno ordenó el desalojo (Felipe Solá, por entonces Gobernador de la Provincia de Buenos Aires, fue quien dio la orden) y entre los 33 heridos que dejó la represión de ese día, fallecieron Maximiliano Kosteki y Darío Santillán. El segundo de ellos, un joven de 22 años, cuando murió tenía puesta la remera de Hermética, una de las bandas más importantes de la historia del heavy metal argentino y, por qué no, de la música nacional.

Este detalle no es casual ya que el género tiene una fuerte impronta de clase, donde el trabajador, "el laburante" ocupa un lugar central, muchas veces asociado a la figura del piquetero y al proceso de fábricas recuperadas, comentaron por ejemplo los chicos del GIIHMA. "En cada crisis institucional el heavy metal tiene algo para decir", dijo Scaricaciottoli calificando a la Crisis del 2001/2002 como el hecho político más trascendental de esta generación. Otro episodio de esta magnitud es la Guerra de Malvinas, sucedida 20 años antes, donde muchos jóvenes metaleros aún no habían nacido. Caballero remarcó que el heavy metal ha reivindicado con canciones la lucha por la soberanía de las islas desde un lugar "nacionalista pero no como negativo" porque "fue muy difícil post dictadura reivindicar la Patria, la Nación, la bandera desde el rock porque quedó muy identificado con la Dictadura Militar. Sin embrego en el heavy metal es algo positivo que no necesariamente eso indica fascismo como en algún momento se intentó decir".

La idea de escribir este libro comenzó a partir de la Primera Feria del Libro Heavy en 2013 donde confluyeron diversas variantes del género que, además de tener una música específico, tiene una lírica particular. Así lo piensan ellos: "la letra de heavy metal como una prótesis de la literatura; donde la literatura no llega". ¿Qué elementos se narran en Almafuerte, Trel Loco y Riff, por ejemplo? "Hay una operación que hace el heavy metal -reflexionó Scaricaciottoli- que es vaciar la palabra nacional y darle un carácter de clase muy fuerte. Entonces muchas veces las banderas que retoma parecen las banderas de la burguesía pero en realidad el sujeto que está retomando esas banderas es un trabajador".

"El heavy metal también se presenta como una forma de militancia. Para nosotros escuchar heavy metal implica también reflexionar y formarnos para poder leer y desmantelar ese presente y analizarlo", agregó. Caballero, que en el libro escribió sobre el sentido del viaje como un escapismo liberador en las letras de Ricardo Iorio, remarcó la relevancia en la cultura metálica argentina del "rol de la Nación, la Patria, remarcar el territorio y resaltar lugares". Un carácter expansivo hacia el interior de la Argentina, para conocerlo y reivindicarlo en su conjunto. "En todo lugar del país donde vayas vas a ver gente de negra vestida", concluyó sobre ese movimiento cultural que por momentos toma la forma de una religión, enigmática e intimidante para quienes son ajenos, poderosa y movilizadora para quienes la disfrutan.