El 1° de febrero, la alta alcurnia de la gastronomía mundial se reunió para celebrar el lanzamiento de la prestigiosa Guía Michelín 2016, en la que se detalla y califica a los mejores restaurantes. El otorgamiento de las estrellas Michelín se convirtió desde hace tiempo en el premio más buscado por los mejores chefs y los más prestigiosos restaurantes. Sin embargo, lo de celebración pareció un mero costumbrismo, ya que el evento se inició con la multitud presente de pie y un minuto de silencio desgarrador, en honor al fallecido Benoit Violier.
El chef, nacido hace 44 años en Francia y con la doble nacionalidad suiza, fue encontrado sin vida en su casa a raíz de un disparo de escopeta. A falta de una confirmación oficial, todos los indicios de los especialistas indujeron a un suicidio.
El fallecimiento de Violier, quien para muchos era el "mejor chef de la actualidad", reavivó el debate sobre la presión que atraviesan los líderes de las mejores cocinas del planeta. Presión por ser creativos, presión por ser innovadores, presión por ser perfeccionista y, también, presión por mantener las buenas críticas de la prensa especializada.
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