La Vuelta a Boedo, el regalo más esperado en San Lorenzo para despedir el año

No existe hinchada que defienda tanto su identidad como la de San Lorenzo. El arraigo a Boedo permitió recuperar las tierras y dar otro paso al sueño de millones. Cuando vamos unidos, nada nos detiene

La Vuelta a Boedo representa una causa noble y también una reivindicación histórica para una institución salvajemente dañada por la Dictadura Militar más cruel de la historia argentina. El pueblo de San Lorenzo se puso al frente de una gesta que varios creían imposible y la palabra "utopía" se borró para siempre del diccionario azulgrana: las tierras de Avenida La Plata al 1700 son propiedad cuerva. Como debe ser.

Hubo que sufrir de más, como en cualquier compromiso futbolístico que involucra al Ciclón. Pero el empuje de jóvenes que ni cerca estuvieron de alentar al equipo en los tablones del Viejo Gasómetro y de otros tantos que pudieron disfrutar la vida social, cultural y deportiva del famoso Wembley Porteño encuadró en el escenario de la realidad un objetivo prioritario para la explosión institucional que se avecina.

Lejos de perder la cabeza con las provocaciones de turno o ante los intentos desestabilizadores de los malintencionados de siempre, la familia sanlorencista respondió con altura a la demora de la respuesta de los descorazonados franceses que ocuparon nuestras tierras por más de tres décadas. Protestas en Boedo, en varios puntos del país y hasta en el extranjero. Medida de fuerza legitimada por los lineamientos de la Ley que algunos prefirieron desconocer. Levantamientos pacíficos, sin un solo incidente. Brillante.

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El público de San Lorenzo volvió a demostrar que es distinto a los demás. Expuso un sentimiento de pertenencia que pocos entienden y muchos envidian. Una defensa de la identidad basada en amor por sus raíces, responsabilidad y tiempo para movilizarse, paciencia para derribar los prejuicios, multitudes para hacerse oír y dinero para invertir en los metros cuadrados que nos llevaron al reencuentro definitivo con nuestro lugar.

El regreso a Boedo fue el mejor regalo para despedir el 2015. Un guiño a los fundadores. La consecuencia de la unión de cuatro millones de personas. El final feliz (y justo) de una moción que lleva años de intensa lucha. Todo lo demás ocupa un segundo plano y no se compara con ningún título profesional: es más que eso.

Para 2016 nos quedará la misión de redoblar el compromiso, explotar el fideicomiso y prepararnos para volver a levantar los escalones del estadio, tal como habíamos prometido. Así ya podremos imaginar cómo será el ingreso a casa por Avenida La Plata, acompañados por los transmisores de esta pasión o de la mano de las nuevas generaciones. Mezclando lágrimas de emoción y alegría. Como lo venimos soñando incansablemente.

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