Modelos adolescentes: ¿dónde está el límite?

Caras angelicales, pieles tersas, mirada hipnotizadora y una figura hecha a medida. El mundo de las jóvenes modelos aparentó desde su primer día la perfección convertida en estética. Situó un escenario de oasis para el amante de la moda y, en muchos de los casos, construyó símbolos de referencia para las niñas más pequeñas.

¿Pero qué pasa cuando la obsesión por la perfección precisa de la transgresión de límites éticos y morales? ¿Qué ocurre cuando el negocio se apropia del "deseo de ser" y exige un grado de madurez demasiado precoz?

La presencia de la modelo israelí Sofia Mechetner, de sólo 14 años, en la apertura del desfile de Dior del Fashion Week de París volvió a instalar el debate sobre dónde está el límite: pequeñas adolescentes tienen que aprender a vivir de golpe la vida de un adulto y están obligadas a responder con éxito en un mundo donde la presión es moneda corriente.

"Lo del cuento de hadas es una farsa. Esto es el regreso de un cliché que ya conocemos todos en este mundo. Se está usando a niñas para vender ropa de mujeres", dijo Sara Ziff, quizás la primera modelo activista del mundo, que creó la organización sin fines de lucro The Model Alliance, para asistir a sus colegas en el mundo de la moda.

Tal como en los '80, las grandes marcas volvieron a recurrir a la imagen de modelos adolescentes

La historia de Mechetner suena al cuento soñado: se encontró en una tienda de Dior de París al diseñador Raf Simons, y al cabo de meses fue la figura estelar del desfile de esa marca en la capital francesa.

La joven israelí declaró en todo momento sentirse cuidada por su entorno, ese que ni se cuestionó la decisión de ubicarla en una pasarela: "Antes de empezar a trabajar con Dior, limpiaba casas junto a su madre. Entonces, si no es tan joven como para asumir la limpieza, tampoco lo es para desfilar en una pasarela", dijo su representante, Rotem Gur.

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La amenaza del pasado

El mundo de la moda vivió durante los últimos cinco años una época de bonanza respecto a muchos de los códigos éticos de la industria, en especial el de la edad de las protagonistas.

La presencia de las ya ancianas Joni Mitchell, de 73, como cara de la campaña de Yves Saint Laurent, o de la escritora Joan Didion, de 80, como la imagen de la marca francesa Céline, pareció una declaración de intenciones. Sin embargo, todo quedó en la intención.

A lo largo de los últimos dos meses, las "teens" volvieron a acaparar la primera escena de la moda. Y lo más aterrador es que en algunos de los casos, las chicas aparecen con un trasfondo mediático aún más atractivo para la prensa.

Lily Rose-Depp, la hija de Johnny Depp y la musa francesa Vanessa Paradis, fue confirmada con sus 16 años como la imagen del 2015 de la marca Chanel. Por su lado, Kaia Gerber, la hija de Cindy Crawford precisó de sus sólo 13 años para protagonizar la tapa de la prestigiosa revista CR Fashion Book, con unos zapatos de Versace y un vestido de Prada.

"Cuando vestís con tacos altos y maquillás a una chica, la estás convirtiendo en un objeto sexual. Y, en menor o mayor medida, esa es la lectura que le llega al público", se lamentó Ziff.

El éxito detrás de la frustración y viceversa

La esencia de la industria de la moda está basada en la decepción. El deseo de verse más linda, más cool, más flaca o más alta es mucho más fuerte que la capacidad real de las personas por poder ser así.

Para las modelos adolescentes surge un paradigma similar. Durante su auge, se sienten ejemplificadas como las representantes de la belleza absoluta en la tierra, pero su perfil también conlleva rasgos de madurez y experiencia que muchas veces no han llegado a forjar. Los mismos especialistas del ambiente coinciden en la dificultad de reconocer la diferencia entre una modelo de 14 años y otra de 18.

"El mundo de la moda me hizo odiar mi cuerpo", sentenció Cara Delevingne, que con sólo 23 años ya es una "veterana" en la industria.

"Desfilar me hizo sentir un vacío. No me hacía creer en absoluto como ser humano. Y de pronto olvidé lo joven que era, me sentía vieja y apenas llegaba a los 20 años", agregó.

"El mundo de la moda me hizo odiar mi cuerpo", dijo Cara Delevingne, hoy una "veterana" de la industria de 23 años

Otra palabra autorizada que también denuncia el límite de la edad en el modelaje es nada menos que la leyenda Kate Moss: "Ahora veo a una chica de 16 años y el hecho de pedirle que se desnude me resulta muy extraño. En mi época me decían frases como 'si no lo hacés, no te vamos a llamar nunca más'. Yo me encerraba en el baño para llorar desconsoladamente y luego salía a desfilar".

Reglamentaciones en vano

Durante la última década, varios entes gubernamentales y políticos intentaron implementar legislaciones para evitar el abuso laboral contra las menores de edad en el mundo de la moda.

En el 2012, las 21 ediciones internacionales de la revista Vogue firmaron un pacto en el que se comprometían a no utilizar modelos. Sin embargo, en este 2015, Kaia Gerber apareció como ilustración de una nota sobre "el problema de la edad" para la edición italiana de la publicación.

Mientras tanto, el Consejo de diseñadores de moda de Estados Unidos emitió en 2007 un comunicado en el que se recomendaba con vehemencia la inutilización de menores de 16 en la industria y el Congreso de Nueva York dictó una ley en la que se reconocía a todas las modelos menores de 18 como trabajadoras infantiles: se debían respetar todos sus derechos laborales, desde las horas máximas de trabajo hasta los seguro de vida.

"Lo de Nueva York es cierto, pero en mis 15 años como modelo, jamás vi a una modelo joven con el permiso de trabajo, ni tampoco a alguno de sus agentes", denunció Ziff.

Los riesgos

El nivel de presión y exigencia al que se someten a las adolescentes en el mundo de la moda y la falta de recursos de ellas para responder como adultas cuando todavía no lo son, pueden provocar graves trastornos físicos y psicológicos.

"La promoción de la delgadez como un ícono sexual creó en nuestra cultura una situación en la que la mayoría de las personas, incluidas las modelos, no terminan de sentirse cómodas con su cuerpo", señaló Sarah Murnen, psicóloga de la Kenyon College de Ohio. "Y cada insatisfacción con el cuerpo puede conducir a estas chicas a comportamientos muy peligrosos para poder mantener el peso", agregó.

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En tanto, Nada Stotland, vicepresidenta de la Asociación Psiquiátrica Americana reveló: "La bulimia y la anorexia son moneda corriente en muchas de las modelos. Lo que a nosotros más nos llama la atención es que siempre se presentan con caras de miedo. No lucen como personas normales".

Un estudio de Murnen a estudiantes de colegios secundarios reveló que el 82% de las más de mil entrevistadas consideran que la cultura les indica que deben tomar como íconos de belleza a las estrellas de Hollywood y a las modelos.

Tanto los desórdenes alimenticios como el

estrés

causado por la falta de herramientas para moverse en un ámbito adulto

son los mayores traumas registrados

por estas profesionales precoces.