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"¿Usted fue a la secundaria Nautilus?", le preguntó la jueza. "Era el muchacho más agradable de la escuela. Era el más bueno", le comentó al auditorio.

Arthur Booth, que había sido arrestado por robo y que, hasta ese momento, estaba parado con una mirada desafiante, se quebró. Lloraba desconsoladamente y se tomaba la cabeza. "¡Oh, mi Dios! ¡Oh, mi Dios!", gritaba una y otra vez.

"Lamento mucho verlo allí. Me preguntaba qué es lo que pasó con usted, señor", le dijo la jueza Mindy Glazer, con sincera pena.

Para entender las lágrimas de Booth hay que adentrarse en su trágica historia. De niño, no sólo era amable y solidario, era realmente brillante, especialmente en física y matemática. Su sueño era convertirse en neurocirujano.

Llegó a la escuela Nautilus -entonces una de las mejores de Miami- gracias a sus calificaciones sobresalientes en la primaria. Sus padres no podían creer la genialidad de su hijo, que hasta había aprendido a hablar en español por sus propios medios.

Mindy, que se sentaba muy cerca de él, no se destacaba tanto, pero también era buena alumna. En un momento quiso ser veterinaria, aunque rápidamente se dio cuenta de que su vocación era el derecho.

Dos caminos que comenzaron en el mismo punto, pero que se bifurcaron y se fueron alejando cada vez más. Ella pudo cumplir sus sueños y, tras una prolífica carrera como abogada, se convirtió en jueza. ¿Él? Pasó la mitad de su vida adulta en prisión, producto de una larga trayectoria criminal que comenzó a los 17 años, cuando lo detuvieron por primera vez.

¿Qué lo sacó de la buena senda? Primero fue su adicción al juego. Comenzó como un divertimento adolescente, cuando aún estaba en la secundaria, pero lo fue carcomiendo de a poco. Llegó un momento en el que apostaba por cualquier cosa, sin ningún control.

De la mano de esa adicción, llegó otra más peligrosa todavía: el crack. Ambas lo llevaron al delito. Ya sea para comprar droga o para saldar sus deudas.

"Nunca fue violento. Generalmente robaba casas vacías. Pero necesitaba el dinero y, como no tenía trabajo, robar era la forma más fácil y rápida de conseguirlo. Arthur fue el arquitecto de su propia perdición. Cometió demasiados errores", contó Melissa Miller, su prima, entrevistada por DailyMail.

Hurto y posesión de drogas fueron los principales cargos por los que lo apresaron en distintas circunstancias. En 1988, cuando tenía 22 años, le tocó la pena más dura: 20 años de prisión, de los cuales cumplió diez y salió en libertad condicional. Más o menos en la misma época, Mindy se recibía de abogada.

En su larga estadía en la cárcel, Arthur logró dejar las drogas. Pero no el juego. Tardó un año en volver a caer, otra vez por entrar a una casa. Estuvo preso otra década, hasta que se fugó en el año 2000.

Lo atraparon a los dos meses. A esa altura, Glazer se había convertido en jueza.

"Ahora todos en la familia esperamos que el encuentro con su vieja compañera y la vergüenza que sintió sirvan como una llamada que lo despierte. Esperamos que pueda salir adelante de esto y comenzar una nueva vida", dijo Miller.

Muy parecidas fueron las palabras finales de Glazer en su breve encuentro. "Señor Booth, realmente espero que pueda cambiar su camino. Le deseo buena suerte".