Télam 162
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Gladys Cabezas había decido ir a veranear a Punta Indio para disfrutar de la playa y pasar días con la familia mientras su hermano, por quinta vez, cubría la temporada veraniega en la localidad de Pinamar, playa que año a año crecía en concurrencia y donde sus habitantes y turistas eran cada vez más reconocidos por imagen y poder.


El 25 de enero de 1997, Gladys prendía la radio y entonces por ese medio escuchó la peor noticia de su vida y la que la marcó para siempre: "Apareció muerto el fotógrafo José Luis Cabezas".


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"Nos enteramos por la radio, estábamos veraneando en Atalaya, Punta Indio, en una casa de fin de semana. Prendimos la radio y nos enteramos", recordó Gladys sobre el momento exacto en el que se disponían a vivir junto a su familia un día normal de descanso.


Victima del poder mafioso, José Luis Cabezas fue asesinado de dos disparos en la cabeza. Fue esposado, obligado a arrodillarse, y en esa posición recibió los disparos del arma que gatilló el policía de Pinamar Gustavo Prellezo, hombre cercano al empresario multimillonario Alfredo Yabrán, sindicado como el hombre que movió los hilos para que mataran al hombre que se atrevió a hacer público su rostro. Por 20 años Yabrán había esquivado las cámaras y había prohibido que se lo fotografiara, pero José Luis lo hizo en la temporada anterior donde lo descubrió caminando por la playa junto su esposa.


"En la radio dijeron que José Luis Cabezas había aparecido muerto en un auto y que lo habían encontrado en la cava de General Madariaga, pero no sabíamos qué había pasado. Pensamos que había tenido un accidente. Cuando volvimos a Capital nos enteramos de lo que había pasado", relató.


Luego llegaron los detalles aberrantes de lo que José Luis vivió en sus últimos minutos. A las 5:10 se lo había visto por última vez y su reloj suizo encontrado entre los objetos cerca del auto incendiado donde los criminales guardaron su cuerpo calcinado estaba frenado a las 5:25. Sólo en 15 minutos la mafiosa y criminal banda de "los horneros" acabó con la vida y el sueño de un hombre que, por cumplir con su trabajo, estaba allí convirtiéndose en la víctima fatal marcada por un inescrupuloso y corrupto hombre de sospechados negociados.



"Hablé con ellos en la cárcel y me contaron cómo mataron a mi hermano"
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Gladys quiso saber más y no le tembló la mano al verse a los ojos con los asesinos de su hermano. Necesitó escucharlos y ellos tampoco temblaron al relatar cada uno de sus aberrantes actos que acabaron con la vida de José Luis.


"Fui a la cárcel a hablar con los horneros. Me dijeron cómo lo habían matado, me contaron todo con detalles", dijo, y recordó con dolor: "Lo agarraron frente a la casa, le pegaron, lo esposaron y Prellezo le pegó los tiros en la cabeza".


"No se mostraron arrepentidos, nunca lo hicieron. Me dijeron que no sabían a quién iban a matar pero lo mataron a sangre fría". La voz de Gladys es suave, pero al escucharla contar esos detalles que ella misma debió escuchar, su voz se volvía grave, quizás porque su pena se mezclaba con algo de odio. "Yo creo que nunca se arrepintieron de nada, son asesinos".


José Luis tenía 35 años, estaba casado con Cristina y al partir a Pinamar había dejado en casa a sus tres hijos (Agustina, Juan y Candela), a sus padres José y Norma y a Gladys, su hermana.