Como las muertes trágicas de las estrellas de rock terminan por convertir al personaje en mito, las historias de los boxeadores suelen estar asimiladas a una vida dura, más de lucha fuera del ring que dentro del cuadrilátero mismo.
En particular, la de Gustavo Ballas no escapa a la categoría, nada menos que por haber sido campeón del mundo, abandonar la actividad antes de tiempo por su adicción a las drogas y demostrar posteriormente que puede haber futuro después de la oscuridad.
"¿Cómo me di cuenta de que era adicto a las drogas? Cuando un día me desperté y vi rejas enfrente mío. Estaba en la cárcel de Caseros", relata Ballas, ex campeón mundial Gallo Jr, y argentino y sudamericano Super Mosca.
Ballas reconoce que hizo muchas ?macanas?, a tal punto que salió a robar para comprar drogas. En poco tiempo llegó la cárcel y, a los pocos meses, una vez más la libertad. ?La fianza la pagó mi pueblo, porque yo no tenía guita?, admite, antes de aclarar que de todo esto hace doce años y que empezar de cero ?sigue siendo uno de los grandes desafíos? de su vida.
El centro de autoayuda que creó para tal fin se llama ?Volver a empezar?, está apadrinado por el cantante Alejandro Lerner y el método para combatir la drogodependencia es el relato de su experiencia a jóvenes de todo el país.
Y su experiencia, más los estudios de socioterapeuta en Adicciones en la Universidad de El Salvador lo llevan a dar cuenta de que son los boliches bailables "el lugar donde comienza todo" y que "algunos hacen 'click' antes, otros no?. ?Y no pedimos ayuda porque no reconocemos que estamos enfermos", añade, en declaraciones que reproduce el diario Río Negro.
Lo grafica con sencillez -"la abstinencia es terrible, porque la droga siempre está a la vuelta de tu casa", dice-, y les da un tirón de orejas a los deportistas que utilizan las sustancias prohibidas para mejorar su rendimiento: "En el deporte, la mejor droga es el entrenamiento".
El cordobés es un agradecido de quienes estuvieron en los peores momentos, siendo su esposa la persona que más aportó en la causa: "Ella viajaba por el mundo, era la señora del campeón, y cuando me fue mal, salió a limpiar casas para ayudarme. Por eso digo que sigo siendo un tipo con suerte".
Entrenado por Francisco "Paco" Bermúdez, hacedor de grandes figuras, Ballas fue campeón mundial en 1981, y en toda su carrera, que se prolongó hasta 1992, ganó 105 de las 120 peleas que protagonizó.
Esos viejos amigos
Su trayectoria presenta en la carátula un sueño cumplido a medias: él quería ser como Nicolino Loche. Entonces, después de hacer algunas peleas en su pueblo natal, Villa María, fue hasta Mendoza para golpear a las puertas del ?Intocable?. O no tanto: al menos ?para ver cómo entrenaba?, destaca.
El balance es positivo, a fin de cuentas. ?Terminamos siendo grandes amigos. Cuando se murió mi papá, nadie se animaba a decírmelo. Entonces Nicolino se encargó de darme la noticia. Me lo tiró de una: ?cordobés, murió tu viejo. Tenés que viajar??, cuenta, en declaraciones al diario La Posta Semanal, de Lincoln.
Ballas comenta que automáticamente se le derrumbó todo, y concluye: ?Cuando fui a agarrar la valija, (Locche) me miró y me preguntó: ?¿Qué hacés? Vos te vas con lo puesto, porque si te llevás la ropa, no volvés. Y si no volvés, Mendoza se pierde un campeón del mundo??.