Decálogo del "Gato Floro"

Los varones no son directos, dice el psicólogo Víctor Carvajal, porque algunos factores les provocan temor a "manifestar honestamente el rechazo a una chica"

162

El diario chileno La Tercera hace un análisis de aquellas manías neomasculinas.

Tienen temor a que la chica llore o a tener que explicar por qué no les gusta ella.

Los varones eluden esa cuestión tanto como la de por qué están interesados. "Hay que entender que a nuestro gremio aún le cuesta conectarse con el mundo interior", explicó el psicólogo al diario chileno.

Por indiferencia, existen en la Tierra hombres que no piensan en si la chica muere de amor o si pasa días esperando un llamado. "Muchos creen que si la mujer los ha llamado tres veces y él no ha contestado, debiera entender que no hay interés. Es decir, como si el problema de comunicación fuese de ella".

Algunos incluso, para no perder la oportunidad o para no enfrentar conflicto alguno, no cortan sanamente el vínculo. Entonces las mujeres tienen dos trabajos: superar la ausencia del varón, y especular con qué quiere decir su distancia media.

El hombre no deja porque básicamente su ego le pide tener sensaciones de ser querido o de sentirse admirado. Las mujeres también lo hacen, pero de otro modo.

El comediante estadounidense Greg Behrendt y la actriz Liz Tuccillo escribieron un best-seller: "A él simplemente no le interesas" (He's just not that into you).
En un capítulo de la prolífica Sex and the City -esa serie norteamericana de un grupo de amigas que habla sobre sus vidas sentimentales-, una de las chicas explica el significado de algunas frases típicas usadas por los hombres. "Ellos dicen que no tuvieron siquiera un momento en su día de locos para tomar el teléfono. Puras mentiras", dicen los autores.

Los varones quieren que las mujeres "interesantes, inteligentes y atractivas" (que las hay las hay) no pasen los días esperando el llamado o el mail del hombre, ni que las chicas pasen horas especulando con qué quiso decir con los gestos.

"Esto se debe a que los hombres no saben cómo decirle a una mujer: 'perdona, me caes bien, pero no te quiero como pareja'", dicen Behrendt y Tuccillo.

El psicólogo Carvajal, del Instituto Neuropsiquiátrico de Chile, afirma que los varones "creen que no pueden ser tan directos y, por ser caballeros y no herir los sentimientos de la mujer que los llama, terminan extendiendo una relación que en realidad no tiene esperanza".

Otra psicóloga opina que las mujeres no logran distinguir lo que el hombre trata de decir porque el mensaje es confuso. A la vez, hay quienes no quieren aceptar que el chico no quiere salir.

El teléfono celular es la herramienta principal de los evasivos. Ellos saben quién llama, contestan cuando quieren y saben los números. Llamadas perdidas, mala señal, arcanas fallas. Todo es posible con la tecnología.

Los mensajes de texto, los mails y los chats tienen también sus códigos, esos por los que la voluntad de la persona queda sujeta a los dictados caprichosos de la electrónica.

Caballo de batalla
El trabajo es sagrado. Suena el teléfono, piden informes, el tiempo vuela y el varón es responsable.

A las chicas no les queda escudo alguno con este argumento. Sirve para posponer tanto una cita dentro de media hora como para huir de la vida como un fantasma.

Pero no es todo la labor. Los chicos tienen abuelas enfermas, hermanas que paren, casamientos o compromisos de variedad y tenor diferente.

Cuando estos achaques de la verdad se vuelvan múltiples, alarma para todo el mundo: ellos no pueden dejar de mentir y ellas, bueno, o mala suerte.

¿Hola, hola? Magos de la mentira, esos hábiles locutores son capaces de fingir sordera telecomunicativa. Si bien es parte de la gran excusa del celular y sus secretos, el fingir que no se oye es la más artística de las performances.

"Perdoná, no escuchaba", un clásico. Es tan delator como el ser nebuloso a la hora de establecer las coordenadas de la próxima cita. "Nos vemos" es fatal. Pero "vemos cómo se dan las cosas" también es lo mismo, aunque más ornamentado.

En síntesis, lo que estos autores norteamericanos hacen con su libro es dar entidad a la cobardía masculina que, como las brujas, que la hay, la hay.

Read more!