Los mejores vinos para las tardes calurosas

La oferta de bebidas para combatir las altas temperaturas se abre: ahora, los frizzantes, los vinos rosados y otros productos argentinos aplacan el calor. Sepa cuáles elegir

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Con el tórrido verano, los porteños eligen, cada vez más, hacerse un recreo para tomar algo refrescante.

El auge de los "happy hours" y los "after office" dilatan la llegada a casa. Pero en cualquiera de los casos, el vino quita, poco a poco, una porción de las preferencias a las cervezas heladas y los tragos con aguardientes, que generan un calor interno difícil de soportar cuando el termómetro marca 37º C.

En contra del mito popular ??el vino da más calor?- las bodegas tienen una larga lista de productos que son óptimos para tomar, ya sea con amigos, compañeros de trabajo o como aperitivo ya en el hogar.

En general, se imponen los vinos blancos y rosados, que esencialmente son más ligeros para tomar y cuya temperatura de servicio es menos elevada que en los tintos.

Así, un buen Chardonnay podrá degustarse a unos 12º, mientras que un Cabernet Sauvignon requerirá unos grados más para la cata.

En el mercado argentino existe un sinfín de opciones, que variarán de acuerdo al gusto del consumidor. La tendencia indica que se prefieren vinos jóvenes, sin paso por barricas de madera, que les transmiten untuosidad y estructura.

Burbujas para combatir el calor

Cuando la sensación térmica roza los 35º, una buena opción son los vinos frizzantes. Se trata de vinos con gas carbónico, que les confieren esas delicadas burbujas.

Las bodegas Chandon y Trapiche tienen dos productos que burbujean en esta categoría: Valmont Oxígeno, un tinto liviano con agregado de anhídrido carbónico, es la estrellita de Chandon para las tardes calurientas. Septiembre, un blanco suave y aromático, es la opción de Trapiche.

Y hay más: La Riojana, la bodega más grande de la provincia cuyana, elabora un espumoso, Brut de Torrontés, elaborado con la cepa característica de la zona. Se comercializa bajo la línea Santa Florentina y cuesta alrededor de 16 pesos. Entre otros gasificados está el Neo rosado y Neo Torrontés, propuestas ideales para los jóvenes.

En la misma línea, la bodega Allied Domecq, controlante de Graffigna y Balbi, lanzó al mercado Wish, un producto también con burbujas.

Hace un par de meses está en las góndolas el Torrontés Freez un espumante dulce de apenas 7º de alcohol. ?Está elaborado, ciento por ciento, con uvas de Torrontés riojano. Es ideal para el atardecer?, afirma Roberto Monsalvo, responsable de relaciones institucionales de la bodega.

Se trata de un vino dulzón, que posee 60 gramos de azúcar residual y se consigue en vinotecas a 16 pesos.

Aperitivos, copas y picadas

En sintonía con los espumosos, los vinos tranquilos ?sin anhídrido carbónico- son una buena opción, sobre todo si los puede acompañar con una buena picada.

Este tipo de vinos, que hoy reemplazan a los clásicos tragos Negroni y al Fernet, altos en calorías vacías, son vinos especialmente pensados para acompañar tablitas de queso, tapas o pequeños bocados.

Los precursores en estos ?vinos aperitivos? fueron los alemanes, grandes consumidores de vinos blancos. Son productos suaves, aterciopelados y en algunos casos, ligeramente dulces.

Entre las propuestas argentinas encontramos el Satomi Malbec Rosé, un rosado elaborado a partir de uvas Malbec, ideal para platos agridulces. Procedente de la bodega Palo Alto, es un ejemplar rojizo, vivaz y suave.

Entre los blancos no convencionales se puede probar el Don Cristóbal 1492 Verdelho, una cepa portuguesa, también recomendable para canapés con frutos de mar.

Si en vez de degustar una tapa, tiene a mano un postre o algún bocado dulce, el Viniterra Dolcissimo cosecha 2002 es una buena opción. Más si consigue un apple crumble para acompañarlo. Se trata de un ejemplar equilibrado y cuesta alrededor de 40 pesos. También como aperitivo y más sencillo aún que las tapas o los canapés, una tabla de quesos es simple, sabrosa y acompaña de maravillas las copas de vino.

Un detalle: los vinos dulces mencionados pueden combinarse bien con quesos azules, como el roquefort. Los espumantes más secos son compañeros ideales de los quesos con moho, como el Brie y el Camembert. Recuerde que la cáscara se come en estos casos.

El mejor compañero de las tardes calurosas
Para el consumidor poco afín a los blancos y rosados, los tintos ligeros, sin madera, son buenas opciones para soportar el calor. Finca Sophenia concentró las energías en AltoSur, un Malbec 2003 sin roble, de un sugerente rojo violáceo e intensidad adecuada.

La línea El Portillo, de Salentein, con el Merlot 2002 es bien frutado, fácil de tomar y casa especialmente bien con un queso de pasta semidura. Son vinos de excelente relación precio calidad, en este caso, cuesta menos de 10 pesos la botella.

Más allá de los gustos, el concepto que debe mantenerse para una jornada abrasadora es buscar un producto joven, preferentemente cosecha 2003 o 2002, con aromas frutales y florales. El paso por madera también vuelve al vino más estructurado y por lo tanto, puede originar más fuego interno.

Busque algún producto sin roble o con apenas un estacionamiento de 5 meses en barricas.

La graduación alcohólica de estos vinos deberá ser baja, ya que el alcohol origina elevadas calorías.

La temperatura ideal para degustarlos estará sugerida en cada botella, básicamente más elevada para los tintos y menos para los blancos y espumantes. Si elige blancos, no olvide que extralimitarse con bajas temperaturas irá en desmedro del producto.

Denise González Eguilior
deguilior@infobae.com


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