Podría haber sido una historia de José Saramago, sobre la crisis de la credibilidad de los políticos o un cuento de realismo mágico, pero no, es una realidad. Murió Stubbs, el felino que llegó a ser alcalde con apenas un año y que se entronizó en el poder por casi dos décadas.
Todo comenzó en 1998 en Talkeetna, un pequeño pueblo de Alaska, que atravesaba una terrible crisis dirigencial, una anecdotario de malas administraciones, que llevó a los lugareños a tomar una decisión tan riesgosa como inaudita.

Desde aquella irrupción en el mundo de la política, tuvo una carrera brillante, ganando elección tras elección, sin rivales que puedan hacerle sombra en este distrito con 900 habitantes. El pueblo, perteneciente a territorio norteamericano solo para las estadísticas y riquezas naturales, no tiene potestad para autogobernarse, sino que se gestiona desde una administración superior.
"Stubbs vivió 20 años y 3 meses. Fue un soldado hasta el último día de su vida; maullándonos a nosotros durante todo el día para acariciarlo o para que fuéramos a sentarnos con él en la cama y lo dejáramos acurrucarse y ronronear durante horas en nuestro regazo. Gracias, Stubbs, por venir a nuestras vidas. Usted es un gato notable y le extrañaremos mucho. Nos encantó el tiempo que nos permitieron pasar con usted", dijo Lauri Stec, quien encontró al felino en un callejón y prestó su negocio, Nagley's General Store, como centro para sus operaciones políticas.

Pero Stubbs fue más que un faro político, una fuente de inspiración para los locales por su solemnidad incorruptible, fue también un foco de atracción para turistas, regionales y del mundo, que llegaban al pueblo simplemente para encontrarlo en su oficina o merodeando por alguna callejuela del lugar e inmortalizar el suceso con una foto.
A pesar de su alta popularidad, Stubbs tuvo sus enemigos, sus rivales, aquellos que desde las sombras pretendían ocupar su puesto. Así, en 2013, en un atentado aún confuso, un perro desconocido lo atacó por la espalda mientras iba camino a la alcaldía. Fue un momento duro para todos, Stubb sufrió una perforación de pulmón, una fractura de esternón y profundas laceraciones. Sin embargo, casi tras dos meses de recuperación, volvió a sus responsabilidades, meneando la cola con la misma alegría de siempre.

Dos años más tarde, su fama se convirtió en insostenible para él y su entorno. Los años habían hecho mella en su salud, ya no tenía la vivacidad de otrora y decidió, tras una reunión familiar, renunciar a su puesto.

"Stubbs hizo un par de programas de televisión y un puñado de entrevistas, pero no era aficionado a la cámara y la gente había empezado a ser demasiado atosigante para él", comentó Stec. Y finalizó: "Fue un caballero hasta el último día de su vida, te echaremos mucho de menos".
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