No son pocas las parejas que se separan tras la llegada del primer hijo (iStock)
No son pocas las parejas que se separan tras la llegada del primer hijo (iStock)

"Despiertame cuando pase el temblor". La frase de la canción de Gustavo Cerati bien podría ser un pedido desesperado de una madre o padre cualquiera, que un día descubrió que eso de tener un hijo era mucho más que cumplir el deseo de formar una familia.

Es que dejar de ser dos y pasar a ser tres puede resultar un shock y volverse todo un desafío. Hay quienes creen aquello de que una crisis puede convertirse en una oportunidad si se la sabe atravesar. ¡Y vaya que la llegada de un hijo es una crisis!

Y ojo que no por ello el momento es menos feliz ni el bebé menos amado. Se trata de otra cosa. Es irse a un sanatorio dos personas y volver tres (¡o cuatro si se tuvo un parto de mellizos!). Es encontrarse en la mesa con un huevito o bebesit al lado con una personita que llegó para quedarse. Y que si se tuvo la suerte de lograr que se instale la lactancia, dependerá de su mamá durante los próximos seis meses, nada más ni nada menos que ¡para vivir! Es entender que esa mujer estará abocada por un tiempo 200% a ese bebé. Es lograr que ese hombre -convertido en padre- halle su nuevo rol en una dinámica en la que parece que poco puede aportar, pero no. Es dejar de ser una pareja y pasar a ser una familia.

El quiebre es normal y esperable, la llegada de un hijo representa una crisis que si la pareja tiene un buen cimiento podrá atravesar mucho mejor

"El quiebre es normal y esperable, la llegada de un hijo representa una crisis que si la pareja tiene un buen cimiento podrá atravesar mucho mejor". Así comenzó a describir a Infobae el quiebre que ocurre en la pareja al convertirse en padres el licenciado en Psicología Mauricio Strugo.

La demanda del bebé hacia la mamá durante los primeros meses es total (iStock)
La demanda del bebé hacia la mamá durante los primeros meses es total (iStock)

Para él, "cuando llega un hijo ninguno de los padres sabe absolutamente nada; pueden haberse preparado pero otra cosa es la realidad". "Una vez que pasa la maravilla de encontrarnos con nuestro hijo habrá que empezar a aprender a decodificar sus necesidades y a adaptarse como pareja al nuevo integrante", destacó.

Salvando las distancias, el especialista en pareja y familia se animó a hablar de "terceros en discordia". "Cualquier relación que se triangula conlleva problemas; siempre que aparece un tercero empiezan los conflictos", consideró. Aunque se trate de un hijo.

"Al principio la mamá va a estar con un bebé abroquelado, que va a depender de ella para vivir, y el papá querrá ser parte pero no sabe cómo", delineó Strugo, quien detalló que, con el correr de los días "la madre comenzará a ver que no puede ni ir al baño sola, el padre podría sentir una recarga económica sobre sus espaldas por estar la mujer de licencia y el conflicto no tardará en llegar".

Muchas veces la pareja está construida sobre la base de un ‘uno’ que viene a complementar lo que le falta al otro

"Es una consulta muy frecuente la de parejas que luego de tener a su primer hijo se separan -remarcó- Es una etapa en la que todos nos transformamos: las mujeres se vuelven leonas que protegen a sus crías y pareciera que nada más les importa que sus hijos y en los hombres pueden surgir sentimientos infantiles o de 'competencia' con el hijo por el amor de la mamá".

El autor del libro Padres o pareja, que se presenta el lunes 28 de agosto, invitó a hacer el duelo de lo que era esa pareja antes de la llegada del hijo. ¿Duelo? Sí, para él, la percepción de que la pareja que se tenía se "pausa" durante un buen tiempo debería llevar a "elaborar el dolor de perder esas primera pareja, lo que no quiere decir olvidarse de todo eso, sino aceptar que hay cambios y que la pareja se tiene que adaptar a esta nueva realidad".

La especialista en crianza Laura Krochik aportó otra visión del asunto. "El quiebre que sufrirá la pareja al convertirse en padres tiene que ver con el trabajo personal que cada uno de sus integrantes tenga hecho antes de devenir en madre y padre", consideró, y amplió: "Muchas veces la pareja está construida sobre la base de un 'uno' que viene a complementar lo que le falta al otro".

Al principio el papá querrá ser parte del cuidado de ese niño pero no sabe cómo (iStock)
Al principio el papá querrá ser parte del cuidado de ese niño pero no sabe cómo (iStock)

Para ella, "si un hombre se casa con una 'madre', cuando nace el hijo la mamá pasó a ser madre del bebé y ahí estalla el conflicto, que en realidad no tiene que ver con la llegada del hijo si no con qué pareja se encuentra ese bebé".

Así es que muchas veces se le adjudica a la llegada de un hijo la causa de la ruptura de la pareja, sin embargo -según Krochik- "ahí no había una pareja, era un hombre siendo maternado por una mujer o una mujer siendo paternada por un hombre".

Sin ignorar que el nacimiento de un hijo trae "movimientos de fichas", la especialista opinó que "si la pareja estaba bien constituida en la previa la van a llevar a una evolución; el tema es cuando la pareja está formada sobre la base de las carencias que el otro viene a llenar".

Consultado Strugo acerca de cuánto dura "el temblor", consideró que "cuanto mejor es el cimiento y cuanto más en equipo se trabaja en la crianza más factible es que la pareja se reencuentre", aunque aclaró que "no va a ser la misma pareja".

Si la pareja estaba bien constituida en la previa, los movimientos que implican la llegada de un hijo la van a llevar a una evolución

"Cuando el niño se acerca al año, empieza a tener otros vínculos y puede quedarse con el papá y darle independencia a la mamá; más tarde podrá quedarse con abuelos y darle tiempos a los padres -vaticinó el especialista-. Si la pareja logra hablar de todo lo que les pasa resulta más fácil encontrar espacios para compartir".

En ese sentido, a la hora de brindar un consejo para que la pareja salga airosa a la llegada de los hijos, Strugo insistió: "No perder nunca el diálogo". "Propiciar momentos de encuentro y hablar de lo que sentimos, contarle al otro lo que nos pasa y no caer en el reclamo permitirá que el otro pueda escuchar la demanda y entenderla", agregó.

"Ahí juega la habilidad de encontrar los espacios para estar juntos, teniendo en claro que lo que importa es la calidad del tiempo más que la cantidad", aportó.

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