
Su presencia en el escenario. El moño gigante sobre su cabeza. El vestido blanco suelto. La peluca que le cubre toda la cara y solo deja al descubierto la boca, desde donde salen éxitos, uno atrás de otro. Chandelier, The Greatest, Cheap Thrills, Elastic. La máquina de hits sigue su curso natural durante el concierto de junio de 2016 en Colorado, Estados Unidos.
El peculiar atuendo de Sia Kate Isobelle Furler -famosa simplemente como Sia– data de poco más de 4 años atrás. La cantante y compositora australiana -la gran hitmaker del pop, responsable de temas emblemáticos de Rihanna, Beyoncé, Britney Spears, entre otras- pidió un espacio en la revista mítica Billboard. Quería hacer un descargo. Expresar su descontento con la fama inevitable con la que debía lidiar cada día de su vida.
"Si alguien aparte de la gente famosa supiera lo que supone ser una persona famosa nunca querría ser famoso", escribió en su "Manifiesto anti-fama". Las cuestiones a favor : conjugar su arte con la posibilidad de generar grandes ingresos y mostrar su talento hacia millones de personas. Las contras: ser reconocida en la calle, no poder salir sin ser interceptada para una foto o un autógrafo, que la vida privada sea objeto de los programas de chimentos.
Sia, entonces, optó por esconderse detrás de una máscara. Ocultar su rostro durante cada uno de sus shows. No mostrar su rostro en las redes sociales. No aparecer ni en la portada de sus discos ni en los videoclips de sus éxitos. Transformarse en un fantasma más allá de que sus fotos de antes se encuentran fácilmente en Internet. El desprecio por la fama la llevó a recluirse.

La fama desbordada, además, suele conducir a terrenos escabrosos. En el caso de Sia, el desequilibrio la llevó a las drogas y al alcohol. Su adicción dio paso a una severa depresión. Al poco tiempo, se convirtió en dependiente de los antidepresivos y analgésicos.
De la fama a las drogas. De las drogas a la depresión. De la depresión al sopesar y hasta intentar suicidarse. En 2010, la artista alcanzó su pozo más profundo. Sia había llamado a su dealer y le había pedido "dos de todo". Su idea era tomar una mezcla letal de narcóticos para terminar con su vida.
La iniciativa fue tan lejos que hasta había dejado instrucciones a su paseador de perros en un hotel barato donde se alojaba. Acompañado de esas disposiciones, también le había dedicado unas líneas al gerente del hotel: "Me maté y no quiero que tengas que sufrir viendo mi cadáver".
Cuando estaba a punto de suicidarse, su celular sonó. Era un amigo que, cuando notó la desesperación en la voz de Sia, intentó hacerla recapacitar. Y lo logró. "Había una voz pequeña en mí que quería vivir", dijo después la artista.
Sia buscó desintoxicarse. Decidió inscribirse en un programa de recuperación de 12 pasos y tomar un descanso de su carrera solista. La música podía esperar, pensó. Cada uno de los doce pasos le costó, pero los sobrepasó con hidalguía. "Hice lo que me dijeron. Me puse sobria y decidí que no quería ser una artista cualquiera más", señaló.

Miró a su entorno. Reconoció que la felicidad no era una quimera, sino una opción posible. "Se ven bien y felices, incluso tienen familias e hijos, ¿cómo lo hacen? Parecen estar disfrutando de este viaje llamado la vida". Allí dio un giro definitivo. Se casó con el documentalista Erik Anders Lang en 2014 y dice que sueña con un bebé.
El paso siguiente fue alejarse de las luminarias. "La fama es horrible, solo quiero tener una vida privada", expresó. Barajó distintas alternativas para resguardar su identidad y, no por eso, dejar de plasmar su talento. "¿Qué es lo que falta hoy en la música pop?, pensé. ¡El misterio!". A partir de entonces, pasaría a ser la artista pop "sin cara".

Su concierto en Colorado marchaba sobre ruedas. Sus miles de fans enloquecían ante cada hit que sonaba. De pronto, el viento se intensificó. Una brisa le jugó una mala pasada y dejó al descubierto su rostro. Sus fans lo notaron y pronto la foto se volvió un fenómeno viral en las redes social. Pareciera ser que tratar de pasar inadvertida o intentar el misterio como estrategia, siempre provoca el efecto contrario y el público -sobre todo sus fans- intentaran descubrirla por todos los medios posibles. Sia, en ese momento, no lo registró. Tenía los ojos cerrados, compenetrada en el show que estaba dando.
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