La maja vestida y la maja desnuda de Francisco de Goya en el Museo del Prado, 1995
La maja vestida y la maja desnuda de Francisco de Goya en el Museo del Prado, 1995

La Gioconda, Venus, las tres gracias, la gran odalisca, la maja vestida y la maja desnuda, las señoritas de Avignon o Marilyn por Andy Warhol, entre tantas otras mujeres famosas y desconocidas. Todas ellas protagonizan gran parte de las obras que cuelgan en los museos. Sin embargo, aunque las mujeres inundan los pasillos de las exposiciones artísticas como protagonistas de las piezas, las que todavía son ignoradas son las autoras.

Entre tantas musas inspiradoras, tan pocas artistas y casi ni rastro de "musos", la historia del arte comenzó a ser tildada de "machista" por movimientos sociales alrededor de todo el mundo que reclaman mayor presencia femenina en las galerías y museos. Movimientos que, además, sostienen que desde hace ya mucho tiempo es más fácil para una mujer entrar a un museo como una figura desnuda que como una artista con nombre femenino.

A mediados de la década de los ochenta, el MOMA (Museum of Modern Art) presentaba una exposición de arte contemporáneo titulada An International Survey of Painting and Sculpture, integrada en teoría por los casi 200 "artistas más importantes del momento" y con la presencia de sólo 13 mujeres. Ante ese desequilbirio, un grupo de artistas de Nueva York manifestó su desacuerdo con el sistema, al que consideraban discriminatorio, con un grupo de acción bajo el nombre de Guerrilla Girls. Se trataba de un conjunto de mujeres con máscaras de simios que compartían la indignación por la situación desigual entre los sexos en el mundo del arte a fines de siglo XX y que denunciaban que las artistas mujeres estaban prácticamente invisibilizadas en todo el mundo. Hoy, estas mujeres son quienes lideran la revolución feminista en el arte.

A esa primera protesta le siguieron varias, donde las mujeres con máscaras de primates (que se presentaban bajo el nombre de Frida Kahlo, Eva Hesse o Lee Krasner) denunciaban la desigualdad de género: con datos y estadísticas, evidenciaban que en el arte no había lugar ni para mujeres ni para afroamericanos.

Luego de conquistar las calles, las Guerrilla Girls fueron por las paredes: los edificios, autobuses y revistas de Nueva York se inundaron de arte gráfico que criticaba con ironía y provocación a las instituciones del arte.

Entre los ejemplos más célebres de los carteles, uno denunciaba que sólo el 4 por ciento de las artistas del Metropolitan Museum de Nueva York eran mujeres, mientras que el 76 por ciento de los desnudos también eran femeninos. El aviso se cuestionaba: "¿Las mujeres deben estar desnudas para entrar al Museo Metropolitano?":

Campaña célebre de las Guerrila Girls, denunciando la desigualdad de género en el arte (Guerrilla Girls)
Campaña célebre de las Guerrila Girls, denunciando la desigualdad de género en el arte (Guerrilla Girls)

En otro de sus carteles más icónicos enumeraron la cantidad de artistas mujeres que se exponen individualmente en los grandes museos neoyorquinos y, en una muestra de que la situación no cambió demasiado en 2015, difundieron una nueva contabilización comparativa. Si bien ahora ni el Guggenheim, ni el Metropolitan, ni el Modern, ni el Whitney carecen de nula representación femenina, todavía no superan las tres artistas expositoras.

Imagen comparativa de la cantidad de artistas mujeres en los museos neoyorquinos (Guerrilla Girls)
Imagen comparativa de la cantidad de artistas mujeres en los museos neoyorquinos (Guerrilla Girls)

El panorama es similar en Europa. En las colecciones del Museo del Prado, por ejemplo, hay 5071 hombres artistas frente a 41 mujeres (del siglo XVI al XX). Ante esta situación, las Guerrilla Girls enviaron cuestionarios a 383 museos o espacios de exposición de arte moderno y contemporáneo de Europa para conocer la proporción de género, raza, religión, orientación sexual y etnia de los artistas que formaban sus colecciones y sus exposiciones. De los 383 cuestionados, 282 no emitieron respuesta. En ese sondeo, las activistas feministas concluyeron que los museos o galerías europeos contienen una media del 22 por ciento de arte producido por mujeres.

"El estudio no es científico porque nos hemos limitado a museos y espacios de arte moderno y contemporáneo. Los museos que han heredado arte antiguo son aún peores. Nuestra intención es abrir un diálogo para equilibrar la desigualdad, no queremos ser quejosas, sino que el arte represente a la población, a las mujeres, a la diversidad de razas o de orientación sexual. Ahora hemos iniciado esta base de datos para monitorizar la situación", señaló recientemente una de las militantes que bajo la máscara de gorila responde al nombre de Kathe Kollwitz. Ella junto a la llamada Frida Kahlo son dos de las fundadoras del grupo original de mujeres anónimas.

En sus 200 años de historia, el Prado no había dedicado nunca una exposición individual a una artista mujer, así cómo tampoco lo había hecho nunca el Museo Nacional de Arte de Cataluña, que inauguró recientemente una exposición de la pintora modernista Lluïsa Vidal. El Prado saldará su deuda el próximo 25 de octubre con la apertura de la muestra El arte de Clara Peeters, que reunirá 15 de las cerca de 35 pinturas que se le atribuyen a esta enigmática pintora. La muestra ya se presentaba en la casa-museo Rockox bajo el título, ¡La cena está servida!, que no agradó a Alejandro Vergara, jefe de Conservación de Pintura Flamenca y Escuelas del Norte del Prado, quien sentenció: "Es artista, no cocinera".

La exposición de Peeters también tiene otro mensaje oculto. En cada una de sus obras, la artista escondía en algún rincón del cuadro un autorretrato, despejando las dudas de que esas imágenes de naturaleza muerta son creaciones de una mujer. En su obra Mesa, se puede ver la imagen de la artista reflejada en la tetera negra de la derecha:

“Mesa” de Clara Peeters se exhibirá en el Museo del Prado (1611)
“Mesa” de Clara Peeters se exhibirá en el Museo del Prado (1611)

Las artistas que sí están presentes en las colecciones del Prado, salvo contadas excepciones, son en su mayoría desconocidas para el gran público a diferencia de sus colegas masculinos (Velázquez, Goya, Rubens o Tiziano). Entre las más conocidas están Sofonisba Anguissola (siglo XVI), Artemisia Gentileschi y Clara Peeters (siglo XVII), Angelica Kauffmann y Louise-Elisabeth Vigée-Lebrun (siglo XVIII). Todas estas artistas no abundan, ya que no sólo no eran reconocidas en su tiempo sino que no tenían demasiadas oportunidades de desarrollar su arte.

Miguel Falomir, director adjunto de Conservación e Investigación del Museo del Prado, se mostró reacio sin embargo a catalogar la inclusión de Peeters como una cuestión de género: "Si hacemos la exposición de Clara Peeters es porque es una pintora interesante y una figura importante en la evolución de la pintura de naturalezas muertas en el mundo flamenco y holandés, no por el mero hecho de ser mujer. Si no satisficiera unos mínimos requisitos de calidad, no la expondríamos. Le haríamos un flaquísimo favor".

Casi todas estas artistas, explicó Falomir, "suelen ser hijas de pintores y se educaban en casa. Suponía un plus para la mujer saber dibujar, como saber bordar o tocar un instrumento. Pero la mayoría de ellas se dedicaron a la naturaleza muerta o al retrato, muy pocas cultivan la pintura de historia. Y no es por falta de talento. No se les permitió tener la misma educación que a sus colegas masculinos".

Las Guerrilla Girls, activistas de la igualdad de género en el mundo artístico
Las Guerrilla Girls, activistas de la igualdad de género en el mundo artístico

En la época contemporánea, artistas como Frida Kahlo, Louise Bourgeois, Yoko Ono, Marina Abramovic o Cindy Sherman compiten en fama, prestigio y cotización en el mercado con sus colegas masculinos. "Los conservadores somos sensibles a los problemas que les preocupan a todos. Hay un gran interés por este asunto. Durante siglos las mujeres lo tenían muy difícil para poder pintar, de ahí que haya muy pocas buenas pintoras. Pero los cuadros de Clara Peeters del Prado los compró Felipe IV. El marqués de Leganés, al que Rubens llama el mayor coleccionista de su época, tiene dos cuadros de ella en su colección, que ya no están en España. Es una mujer de grandes colecciones en su época", dijo Alejandro Vergara.

Y añadió: "Su exposición permitirá recuperar el valor histórico de esta pintora. La hacemos con la intención de mirar a la colección del museo y buscar mujeres pintoras que no han recibido la atención que merecen. Seguramente, como ocurre en estos casos, a partir de esta muestra empezarán a salir a la luz más cuadros suyos".

Ante un marco en el que a las mujeres, tanto espectadoras o como artistas, se les dificulta reconocerse a sí mismas en la memoria histórica del arte, ellas reclaman una mayor visibilización. "El museo tiene una huella civilizatoria y educativa que no puede eludir. Cuando mis hijos entran, se dan cuenta de que los hombres son absolutamente necesarios y las niñas son contingentes", destacó la doctora en Bellas Artes, profesora e investigadora española Marián López.

Sin embargo, las campañas como las de Guerrilla Girls hacen hincapié en que la sociedad no se cuestiona la excesiva representación masculina mientras que sí la intentan relacionar con una producción minoritaria femenina o con un talento menos calificado. Según sus estadísticas, eso no es cierto, ya que la representación femenina en las instituciones de Bellas Artes del mundo es muchas veces mayor que la masculina.

Estos movimientos plantean entonces un cambio en la cultura del museo y ponen en jaque al mercado detrás del arte visual que, al igual que hace varios años atrás, todavía no puede demostrar que visibiliza a las artistas mujeres.

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