
Made in Japón. La asexualidad de sus habitantes es una tendencia en exportación. Su comunidad tiene fecha de expiración. Un algoritmo matemático basado en datos de fertilidad y censos poblacionales extraído del cálculo de dos investigadores de la Universidad de Tohoku pronosticó que el 16 de agosto del 3766 quedará una sola persona habitando la isla. Mientras proliferan nuevas experiencias de placer en torno al sexo decrece a su vez el interés sexual en Japón y en otras parte del mundo.
De las estadísticas vertidas por el National Institute of Population and Social Security Research que descubrieron que el 44,2% de las mujeres y el 42% de los hombres japoneses solteros menores de 34 años son vírgenes, se sostiene una tesitura y una inclinación de escala mundial. El fenómeno ya dio vida a un término que lo engloba: el "yaramiso" define a los adultos de mediana edad que aún no se han iniciado en la actividad sexual. El concepto es una fusión de dos terminologías niponas, resultado de la combinación de "yarazu" -no tener relaciones sexuales- y "misoji" -una persona treintañera-.
La sexualidad nula avanza. En Silicon Valley, el laboratorio de ideas global, donde se conciben las innovaciones más laureadas del mundo, emerge un negocio floreciente: sexólogos, asesores sexuales o quienes se denominan "surrogates", profesionales del sexo devenidos terapeutas que ayudan a "geeks" o "nerds" a vencer el manto de pureza, incertidumbre y castidad. Expertos para academizar programas tan distinguidos, aleatorios y naturales como el acto de la conquista, el instinto y la pérdida de la virginidad.

Silicon Valley incurrió en el asesoramiento psicológico para adultos vírgenes que quieran romper la barrera del miedo al sexo. El motivo obedece a su propia razón. Entre el 60 y el 90% de los clientes masculinos son trabajadores tecnológicos con inclinaciones heterosexuales, eruditos en su área pero vulnerables y desahuciados en temas de amor e intimidad. Una terapeuta sexual local los definió como "una metáfora del desarrollo tecnológico". Su tarea se concentra en enseñarles conceptos básicos para relacionarse con mujeres.
Su épica es también su falta. Se forman, trabajan y relacionan en escenarios poblados de hombres. Carecen de práctica, de estímulos con el sexo opuesto: su interacción con féminas son eventos excepcionales. Los terapeutas consideran que sus clientes tecnológicos tratan al sexo como una línea de códigos depurados, ecuaciones matemáticas, fórmulas de comunicación consagradas, estadísticas y datos cuantificados; y carecen de sensibilidad para asuntos con alta variabilidad. Los especialistas explican este fenómeno de acuerdo a estructuras de trabajo, de formación y ritmos de vida. Una ironía, un contrapunto en el escenario de una sociedad bombardeada por contenidos sexuales que anulan el deseo y desactivan su sexualidad.
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