“Corrí 158 km para recuperar a mi hijo y no voy a parar hasta volver a verlo”

Es el grito de un padre desesperado. Octavio Vignolio unió las ciudades de Balcarce y General Guido para reclamar por la restitución de Titi, el niño que crió junto a su mujer durante casi dos años y que fue entregado a un matrimonio cercano a una jueza de familia. Una desgarradora historia de lucha, amor y esperanza

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Durante tres días, Octavio recorrió 158 kilómetros para reclamar justicia por Titi
Durante tres días, Octavio recorrió 158 kilómetros para reclamar justicia por Titi

A las ciudades de Balcarce y General Guido las separa una distancia geográfica y una sentimental. Desde la casa de Octavio Vignolio y Victoria Balda hasta un hogar específico de General Guido hay 158 kilómetros, 15 meses de desarraigo y una historia que contar. Es la biografía de Tiago -que pasará a conocerse como Titi-, un nene de tres años con un traumático y angustiante recorrido de vida.

Pero también es el triste relato -todavía sin final escrito- de dos padres del corazón que luchan por recuperar la tenencia de su hijo, al que rescataron, criaron, educaron y con quien convivieron casi dos años. Luego de ese período, y por decisión de una jueza, Titi pasó a ser adoptado por una nueva familia, conocida de la magistrada. Ese nuevo escenario disparó el reclamo de justicia de Octavio y Victoria, y llevó a ese mismo papá desesperado a correr los 158 kilómetros que separan un hogar del otro para que su reclamo sea escuchado.

"Vamos a hacer lo que sea necesario. En este tiempo no paramos y no vamos a parar hasta que se haga justicia", avisó Octavio. A su maratón de tres días, se le sumó un raid en los medios en la búsqueda de propagar un caso revelador que desentraña y atestigua la insensibilidad del sistema judicial.

"Es un pedido desesperado de dos padres que quieren ver a su hijo. Nos pareció una forma diferente de reclamar justicia". Así resumió el padre la carrera simbólica que unió dos ciudades bonaerenses: Balcarce, en la que se encuentra la casa donde vivió Titi con Octavio y Victoria, y General Guido, el hogar donde reside actualmente. Octavio llegó a la meta llorando, con una fuerza imprevista, producto más del amor, la perseverancia y la voluntad que de los músculos, el aire en sus pulmones y la técnica.

Octavio rompió en llanto junto a su mujer Victoria, luego de correr de Balcarce a Coronel Guido
Octavio rompió en llanto junto a su mujer Victoria, luego de correr de Balcarce a Coronel Guido

Victoria se estremece cuando recuerda aquel 28 de abril de 2015, el último día que vieron a Titi: "Literalmente le tenían que abrir los deditos de la mano para separarlo de nosotros". Sus ojos rebalsan de lágrimas densas, pesadas. Son ojos que no quieren volver a llorar. Y trata de entender por qué arrancaron a Titi de sus brazos, por qué hay una orden de restricción vigente que los coarta de acercarse al nene y al matrimonio que hoy lo tiene. Para entenderlo, los padres tuvieron que atravesar un arduo recorrido judicial.

Pese a estar desilusionados, indignados y estafados, eligieron volver a creer. "Es difícil, pero tengo fe. Va a venir alguien con una mirada objetiva que va a revisar esto y que va a pensar en nuestro hijo", dijo Victoria, sostenida en una seguridad que acreditó por comentarios, por trascendidos, por su corazón de madre. Ella cree, y sabe que "Titi también está haciendo fuerza para reencontrarse con nosotros, porque él ya nos eligió como sus papás".

Octavio asume un rol de entereza, de templanza, de serenidad. Recorre la cronología de sucesos con virtuosismo y fluidez. Sabe lo que dice porque ya lo dijo varias veces. Pero mira al piso, se bloquea, se deja vencer por el instante supremo de felicidad que recrea su imaginación: "Lo primero que haríamos cuando lo volvamos a ver sería abrazarlo muy fuerte, muy fuerte… Y pedirle perdón por haberlo dejado en manos de personas que no lo quieren. Pensamos que esto se iba a revertir enseguida, porque era una locura. Por eso hicimos lo que la jueza nos ordenó. Pero hoy, mirando para atrás, no lo hubiese llevado…". Mientras repite que no tendría que haberlo llevado, Octavio balancea su cabeza de un lado al otro como si así reforzara su sentimiento de culpa.

Donde lo llevaron es donde hoy vive, en General Guido, en la casa de una familia que no les responde los mensajes, que les impuso una orden de restricción.

Titi nació en Villa Gesell. A los 16 meses de vida fue internado en el hospital Materno Infantil de Mar del Plata por graves daños físicos proferidos por su madre biológica. Su historia de niño malnutrido y maltratado que nadie reclamaba llegó a oídos de Octavio y Victoria en Balcarce, quienes ya habían iniciado trámites para incorporarse a los registros de adopción. Con una promesa de guardia efectiva, en abril de 2014 la coordinadora del servicio local les permitió criar al pequeño Titi. "Empezamos a construir un vínculo de amor, y él enseguida nos reconoció como papá y mamá. Eramos una familia hermosa", dice el padre.

A los seis meses, los convocaron por primera vez para iniciar una revinculación con la abuela biológica. Durante una hora, y por seis viernes, la reintroducción de la abuela fue fallida. Tras esa operatoria trunca, la jueza Verónica Polchowski, del juzgado de familia N°1 de Dolores, decretó el abandono por parte de la señora y el niño ingresó al régimen de adoptabilidad. Se abrió el listado de adopción y, aunque Titi integraba ya una familia establecida, el proceso de ingreso al padrón de padres adoptantes de Octavio y Victoria extrañamente no se ejecutaba. "La jueza y la coordinadora del servicio local nos dijeron que aún no era necesario que termináramos esos trámites. Pero no entendíamos por qué nos excluían de la posibilidad de adoptarlo una vez abierto el listado. Apelamos ese fallo. Y en diciembre nos citaron para avisarnos que se había seleccionado un matrimonio…", recuerda el padre.

El abrazo de la esperanza entre los padres del corazón de Titi. Una lucha inclaudicable
El abrazo de la esperanza entre los padres del corazón de Titi. Una lucha inclaudicable

La familia respetó la decisión de la jueza de organizar un cronograma de vinculación con la familia de General Guido. Durante cinco días, el proceso fue supervisado por psicólogos y asistentes sociales. Los resultados fueron negativos. "No había forma de que se lo llevaran. Nos lo arrancaban de los brazos. Se lo llevaban gritando, llorando, pidiendo por 'mamá' y 'papá'. Lo escuchábamos gritar y llorar por cuadras", cuenta el padre. El último día de la vinculación convocaron a una marcha en la puerta del juzgado porque entendían que estaban desprotegiendo el bienestar del niño, evidenciados y denunciados por críticos informes de psiquiatras y su psicólogo personal. Finalmente, por presión social y en consonancia con la convocante y mediática marcha, el matrimonio local renunció a continuar el proceso de adopción.

La jueza dispuso que Titi permaneciera en Balcarce junto a Octavio y Victoria. Hasta que un día, perdido en el calendario, pasó a cobrar significación: fue el 28 de abril de 2015, el día en que el niño de dos años y ocho meses -sin previo aviso y por el uso de la fuerza pública- fue arrancado de los brazos de sus padres del corazón. Fue cuando Polchowski ordenó que fuera entregado nuevamente a la familia de General Guido. Fue entonces cuando empezó a regir la restricción de acercamiento.

Mientras siguen reclamando por la restitución de Titi, los balcarceños iniciaron un proceso de juicio político contra la jueza, a quien denuncian por priorizar el amiguismo y la connivencia con la familia adoptante -quienes también trabajan dentro de la órbita del poder judicial- por encima del sentido común, la justicia y la voluntad y los derechos del niño. "Esto se tiene que revertir. La justicia no puede hacer oídos sordos a todo un país y, en especial, a los oídos de un nene. En cinco, diez años, nos imaginamos con él, criándolo, amándolo, siendo la clase de padres que él se merece". La de Titi, Octavio y Victoria es una historia de esperanza, perseverancia y lucha. Es un cuento sin final…