
Las vacaciones de invierno son un hecho y los padres todavía se desesperan por pensar qué harán con los chicos en casa durante la semana que resta. Algunos adultos, por necesidades logísticas, precisan generarles actividades a los más pequeños para que se mantengan ocupados mientras ellos trabajan. Pero otros tantos suelen tomarse también sus días libres para compartir tiempo con sus hijos y sacan entrada para cuanto espectáculo infantil haya en cartelera.
A pesar de los malabares económicos, la planificación de esos "aventureros" puede ser asfixiante con sólo mirar la agenda.
¿Qué los hace pensar que los niños no necesitan descansar? ¿Por qué creen que una tarde de película y pochoclos en casa no es un "plan"? ¿Es malo que un niño se aburra? ¿Necesita un pequeño momentos "sin hacer nada"?
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— Tendencias (@InfobaeTrends) 8 de julio de 2016
La licenciada en Psicología Lorena Ruda (MN 44247), analizó: "Las vacaciones de invierno son placenteras para los niños y, muchas veces, un caos para los adultos. No todos pueden pedirse días en el trabajo o tienen la posibilidad de modificar sus horarios laborales, con lo cual se hace indispensable que sus hijos tengan planes todos los días. Pero planes no quiere decir necesariamente salidas al cine, al teatro, a comer".
La especialista en maternidad y crianza planteó que los padres hacen malabares para tener entretenidos a los hijos todo el tiempo. Los que pueden tomarse unos días aprovechan para ir de aquí para allá para "disfrutar" momentos en familia; momentos que casi nunca son del todo disfrutables ya que se maneja un grado de excitación y una demanda de consumismo muy difícil de controlar.
"Creo que las vacaciones de invierno son un momento para descansar del jardín y del colegio, de las actividades programadas y de estar ocupados. Si los papás, o alguno de ellos, pudieron tomarse días, podría ser un buen momento también para conectarse con sus hijos desde un lugar más 'tet a tet'. Hay que realizar actividades juntos pero quizás es mejor hacerlas en la misma casa, dar un paseo al aire libre, una vuelta en bici. Pueden alternar: algún día ir al teatro y otro quedarse durmiendo hasta tarde y desayunar juntos, por ejemplo", propuso Ruda.

Para la especialista, el ocio también es importante para los más chicos: "encontrarse con el aburrimiento es una manera de estar consigo mismos y con su creatividad para salir de esa situación; la imaginación se activa y aparecen los momentos de juego, las ganas de pintar, de crear, de armar alguna historia con sus muñecos". "Para desarrollar la autonomía es necesario que existan estos momentos en los que no haya un adulto ofreciéndole una actividad constante", agregó.
"El ocio es necesario para desarrollar la creatividad y la imaginación -apuntó la especialista-. Son niños, tienen muchas herramientas para esto. Así, el día de mañana, ya adultos, van a saber qué hacer en sus ratos libres, vana saber disfrutar de 'no tener nada para hacer', de estar solos".
Ruda afirmó que "los niños nunca están sin hacer nada porque su cabeza está constantemente imaginando cosas", e hizo hincapié en un dato clave: "Si los llenamos de actividades y sobreestímulos, les coartamos la posibilidad de desarrollar su creatividad, ya que, de alguna manera, estamos 'reprimiendo' todo lo que el niño pueda estar fantaseando".
"Esto no quiere decir que no hay que ir al teatro u ofrecer planes 'consumistas', pero quizá no todo el tiempo, no todos los días", promovió la especialista, para quien "compartir momentos de juego en familia puede ser muy rico también, o bien generar planes con amiguitos invitados en casa, sin necesidad de musicales, películas y teatros".
La necesidad de ocio vale también para el año escolar

"Un niño que va al colegio, sobre todo doble jornada, que permanece tantas horas bajo juegos reglados, aprendiendo, pensando, se cansa. Es muy importante que tengan momentos de ocio luego de la actividad escolar, posiblemente hasta mejoraría el rendimiento en algunos casos", explicó Ruda.
El exceso de actividades y los pocos momentos de ocio llevan a que el niño esté en actividad constante. Llegan agotados a la casa, directo para bañarse, cenar e ir a dormir. ¿Y cuándo juegan?
"Los niños deben jugar. Cada edad es diferente y los momentos de concentración y 'aguante' van cambiando y madurando. Aun así, el momento de ocio siempre es necesario. Tanto como el adulto que trabajó todo el día y necesita llegar a su casa y distraerse, el chico precisa pensar en nada, mirar la tele un rato, leer un libro", destacó la especialista.
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