Exigirles demasiado puede promover sentimientos de depresión o ansiedad (Shutterstock)
Exigirles demasiado puede promover sentimientos de depresión o ansiedad (Shutterstock)

Muchos niños y niñas lidian diariamente con padres que depositan expectativas demasiado altas sobre ellos, que les exigen un alto rendimiento académico o deportivo, que los instan a obtener las mejores calificaciones o que reaccionan de manera exagerada cuando algo se sale de lo esperado. Si bien muchas veces ese comportamiento está relacionado con las propias frustraciones y aspiraciones de los padres -y hasta muchas veces parece inofensivo-, en el largo plazo puede provocar serias complicaciones psicológicas y entorpecer el desarrollo del niño.

Hace unos años, en Estados Unidos un libro sobre el tema generó una gran polémica. Amy Chua, abogada y autora del discutido bestseller El Himno de Batalla de la Madre Tigre, publicado en 2011, cuenta cómo su estricto método de crianza sin citas de juego, sin televisión y con una gran presión sobre sus hijas por ser las "número uno" dio como resultado a dos niñas con excelentes calificaciones, con un gran talento para la música y con una graduación en la Universidad de Harvard.

Los críticos predijeron que sus hijas, Sofía y Lulu, terminarían siendo niñas "sin amigos, como robots con enfermedades mentales", pero, en su lugar, terminaron siendo "educadas, modestas, reflexivas y exitosas". La pregunta que se hicieron los expertos es si las hermanas representaron la norma o la excepción, como resultado de este tipo de crianza de "padres helicóptero" que monitorean todos los movimientos de sus hijos.

Por este motivo, un nuevo estudio de la Universidad de Singapur tomó cartas en el asunto y luego de una extensa investigación llegó a conclusiones preocupantes. El estudio publicado en la revista Journal of Personality estudió los comportamientos de 263 niños de 7 años y sus padres durante un seguimiento de 2010 a 2014.

El trabajo indagó con profundidad sobre el "lado oscuro" de una crianza perfeccionista -o perfeccionismo desadaptativo, en la jerga científica- y cómo esto impacta en el desarrollo de niños en edad escolar. Los científicos midieron lo que llaman la "intrusión parental" en el primer año del estudio: le pidieron al niño que resolviera rompecabezas en presencia de alguno de sus padres. Les dijeron a los padres que ellos debían sentirse libres de ayudar al menor siempre que fuera necesario y luego observaron y clasificaron sus comportamientos. Su objetivo era averiguar si los padres interferían la resolución de problemas por parte del niño y si esa ayuda era realmente necesaria. Cada uno de estos intentos fue registrado y codificado en pruebas similares que se repitieron a los 8, 9 y 11 años de los niños.

Mantener a los niños vigilados todo el tiempo es nocivo para su desarrollo psicológico (Shutterstock)
Mantener a los niños vigilados todo el tiempo es nocivo para su desarrollo psicológico (Shutterstock)

Así, se identificó a los padres con lo que ellos llaman un comportamiento "altamente intrusivo". Estas son las madres y padres que "se hicieron cargo del juego para retraer un movimiento hecho por el niño", según dijeron los investigadores. Luego, evaluaron los aspectos de la salud mental de cada chico en conversaciones con ellos y sus padres y los resultados los preocuparon: los niños con padres intrusivos eran más propensos a ser demasiado críticos de sí mismos (una tendencia que además se incrementó a medida que crecían) y descubrieron que el aumento de la autocrítica se relacionó con niveles elevados de depresión o ansiedad.

"Cuando los padres se tornan intrusivos en la vida de sus hijos, eso puede hacerles sentir que lo que hacen no es lo suficientemente bueno. Como resultado, pueden desarrollar mucho miedo de cometer el más mínimo error y se culparán a sí mismos por no ser 'perfectos'. Con el tiempo, este tipo de comportamiento, conocido como el 'perfeccionismo desadaptativo', puede ser perjudicial para el bienestar del niño, ya que aumenta el riesgo de que desarrolle síntomas de depresión, ansiedad e incluso suicidio en casos muy graves", explicó el autor del estudio Ryan Hong.

Los resultados finales demostraron que la mayoría de los niños participantes exhibieron un cierto grado de pensamiento maladaptativo sobre sí mismos. El 60 por ciento de los niños tenían una alta o creciente "autocriticidad" y el 78 por ciento fueron clasificados en un rango de alto contenido de "perfeccionismo socialmente prescrito". La mayoría -el 59 por ciento- tenían ambos. La "autocriticidad" es la medida de preocupación de las propias imperfecciones y errores y el perfeccionismo socialmente prescrito se refiere a la creencia en una necesidad de cumplir con expectativas demasiado altas; ambos representan graves problemas en el desarrollo psicológico de un niño.

Estudios anteriores también fueron críticos en su momento por la crianza excesivamente intrusiva. En un artículo publicado en 2014 en la revista Education+Training sobre estudiantes universitarios, los investigadores hicieron hincapié en la diferenciación entre la participación activa de los padres y el exceso de crianza o la "crianza helicóptero". "Si bien la participación de los padres podría ser el impulso adicional que los estudiantes necesitan para construir su propia confianza y habilidades, el exceso de crianza parece hacer todo lo contrario", escribieron los autores.

“Si bien la participación de los padres podría ser el impulso adicional que  necesitan para construir su propia confianza,  el exceso de crianza parece hacer todo lo contrario”

Según lo descripto por la periodista del Washington Post Amy Joyce, "el estudio mostró que los estudiantes universitarios con "padres helicóptero" tenían dificultades para creer en su propia capacidad para alcanzar las metas. Eran más dependientes de los demás, no afrontaban los problemas y no podían desarrollar habilidades como la responsabilidad".

Cómo revertir la crianza helicóptero

Hong, profesor asistente de psicología en la Universidad Nacional de Singapur, sugirió que incluso pequeños cambios en la forma de hablar con los hijos podrían ayudar a evitar un daño psicológico.

"En lugar de preguntarle a un niño qué calificación obtuvo, uno debería preguntarle cómo le fue en el examen en general. La primera pregunta le transmite al niño el mensaje de que se espera que él o ella obtengan la máxima puntuación en la prueba, mientras que la segunda pregunta no transmite un mensaje de este tipo", dijo. El consejo de Hong se reduce a: alentar a los niños en vez de presionarlos y, lo más importante, dejarlos cometer errores.