
Se trata de nada menos que una de las casas más famosas de California. La gran mayoría de las personas que residen allí están acostumbradas a mostrarlo todo, sin tapujos. Sin embargo, casi nadie sabe lo que sucede puertas adentro. No hubo filtraciones de fotos ni videos y, pese a su fama, pocos medios de comunicación lograron ingresar a su interior. La mansión de Playboy, habitada durante décadas por "el magnate del erotismo" Hugh Hefner y recién vendida a un millonario fanático de la marca del conejito, es el escenario de secretos, misterios, excesos, lujuria y hasta abusos que poco salieron a la luz.
La residencia, ubicada en el lujoso suburbio de Westwood, en Los Ángeles, fue puesta en el mercado en enero por unos 200 millones de dólares y fue vendida hace una semana a Daren Metropoulos, hijo del multimillonario C. Dean Metropoulos, y un ferviente aficionado de las publicaciones de la revista. Sin embargo, lo extraño fue que el propio Hefner, de 90 años, publicó una cláusula en el contrato en la que se acordaba que él viviría allí hasta su muerte.
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Fue construida en 1927 y comprada por el empresario en 1971 por un millón de dólares de entonces. A lo largo de las décadas pasaron por allí innumerables "conejitas" y se crearon decenas de mitos sobre fiestas exclusivas y orgías que incluso involucraron a personalidades.
Precisamente gracias a las biografías publicadas por las modelos ex residentes es posible realizar una suerte de revelación sobre lo que sucedía puertas adentro en el hogar del erotismo más famoso del mundo.
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Las obsesiones sexuales del jefe
"Todo el mundo creía que esa infame puerta de metal era para ahuyentar a la gente, pero en un momento llegué a pensar que era para mantenerme encerrada". Las palabras pertenecen a Holly Madison, una de las principales "novias" de Hefner en la mansión. En su libro Down The Rabbit: Curious Adventures and Cautionary Tales of a Former Playboy Bunny, la ex conejita reveló secretos de los más duros sobre la relación del empresario y las chicas.
Había un reglamento estricto de comportamiento que alcanzaba hasta incluso a las publicaciones en Twitter e Instagram. La principal regla era la prohibición de traer hombres a la casa. Luego, la rutina habitual consistía en una visita de todas las chicas a la habitación de Hefner en la que cada una de ellas debía mantener relaciones sexuales con el "jefe" durante dos minutos, mientras las demás le dedicaban gritos de aliento al magnate.
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Depresión y excesos
Tanto Holly Madison como una de sus colegas, Kendra Wilkinson, revelaron que tuvieron que recurrir con asiduidad a las drogas y el alcohol para intentar sobrellevar los picos de depresión y estrés a causa del maltrato de Hugh Hefner. "Para aguantar una noche junto a él, yo tenía que emborracharme o fumar marihuana. Era la única manera de soportarlo. Luego fue peor porque me sentía deprimida todo el tiempo y empezaba a tomar desde muy temprano", reveló Wilkinson. "Era una vida ridícula. No sé cómo pude estar metida ahí", añadió Madison.

Suciedad y desorden
Uno de los factores que más llamó la atención a las "conejitas" fue la mugre que reinaba en cada rincón de la casa. Aparentemente, a Hefner no le gustaba demasiado limpiar el mobiliario. Por eso, era habitual encontrar las sábanas de la cama principal o las frazadas de los pasillos y las habitaciones con manchas. Además, la mayoría de las residentes se quejó, una vez abandonada la casa, que los acolchados y las fundas de almohadones y almohadas eran demasiado viejos y estaban todos agujereados.
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Una mansión devenida en zoo
Parecerá increíble, pero la mansión de Playboy es una de las pocas residencias de todo Los Ángeles que posee una licencia de zoológico. Así, estaba permitido que las "conejitas humanas" estuvieran acompañadas por pavos reales, flamencos, tucanes, patos y hasta 100 monos ardilla encerrados en una jaula gigante.

Las grandes fiestas y los escándalos
Otro de los mitos que siempre acompañó a la casa de Playboy es el de las enormes y ostentosas fiestas, en las que se mezclaban tanto modelos como estrellas de Hollywood. La mansión disponía de un permiso especial para el lanzamiento de fuegos artificiales. Entre los famosos más asiduos a las celebraciones estaban los actores James Caan, John Belushi, Leonardo Di Caprio y hasta Bill Cosby, quien incluso recibió dos denuncias judiciales por supuestos abusos sexuales dentro de la misma casa.
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Otro de los escándalos que estuvo relacionado a la residencia y a las fiestas ocurrió en 2011, cuando 123 personas alegaron fiebre alta y problemas respiratorios después de una celebración. El Departamento de Salud Pública de Los Angeles investigó el hogar y detectó en su sala de "aguas termales" una bacteria causante de la Enfermedad del Legionario, una versión aguda de neumonía.
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