Barba larga, rastas en la cabellera, look informal -pero no descuidado- y una personalidad un tanto introvertida, rozando la timidez. Auténtico y de perfil bajo. "No me gustan los problemas", dice. Su voz refleja paz y sus canciones también. Asegura haber sentido la presión de su apellido y que la música no siempre marcó su norte. Verdades de un hombre con un gran talento.

Harry Waters
Harry Waters

A sus 40 años, Harry Waters ha recorrido un largo camino de la mano de la música y tomó la decisión de abrir una nueva puerta. Si bien no se avergüenza al contarle a Teleshow que su carrera se vio allanada por la figura de su padre, esta vez se trata de una puerta nueva. Una que buscó y encontró; un nuevo desafío que no dudó en enfrentar y que lo trajo hasta la Argentina. Una vez más. "Me gusta la gente, la ciudad está buena, tiene buena vibra y la gente es amigable. Siempre pasé un buen momento aquí", cuenta.

Hace tres años conoció en una fiesta al cantante, guitarrista y compositor Larry McNally y formaron el dúo de música experimental McNally Waters, que realizó un show en la Trastienda el sábado pasado y otros dos en La Plata y Morón. Mano a mano con este portal, el hijo de Roger Waters contó cómo funciona esta particular fusión de dos artistas de procedencias bastante diferentes y mostró la intimidad de sus ensayos.

-¿Cómo se conocieron con Larry y qué fue lo que los unió?
-Fue hace tres años, en una fiesta, cuando tuvimos una conversación sobre Nueva Orleans. Este proyecto surgió después de esa noche, nos empezamos a juntar para escribir algunos temas y es lo que vengo haciendo en el último tiempo. Tenemos influencias en común que pueden hacer que esto funcione.

-Estuve escuchando sus temas y son muy diferentes respecto a otros proyectos tuyos (mucho más ligados al jazz). ¿Cómo surgió?
-No fue algo premeditado. Nos juntamos y sucedió, no es que fue deliberado. Simplemente sucedió.

-¿Estás trabajando también en otros proyectos?
-No con otras bandas pero sí tengo otros trabajos, como compositor para video juegos o comerciales de televisión, además de tocar con Larry.

-Has hecho la música de muchos videojuegos, ¿te gustan?
-Sí, he sido un gamer durante mucho tiempo. Desde que tengo seis o siete. Para jugar al Nintendo Switch tengo que esperar hasta volver a casa. ¡Una tortura!

-Hoy en día, ya habiendo recorrido una larga carrera, ¿como definirías tu música?
Me gustan muchos géneros musicales distintos, me gusta el rock, jazz, clásico, funk, soul, todo. Creo que lo que hago ahora es rock. Vos me dirás…

-Creo que está más cercano al rock que al jazz.
-Sí, definitivamente no es jazz. Creo que es funk, rock, americana, no estoy muy seguro.

 

Harry Waters tuvo su primer coqueteo con la música a los tres años. "Look mummy, there's an aeroplane up in the sky" (mira, mami, hay un avión en el cielo), se escucha a un tierno niño al comienzo del tema Goodbye blue sky, parte del álbum The Wall de Pink Floyd. Nada menos que la banda que su padre supo liderar. "Recuerdo que tenía tres o cuatro años. No tenía idea de lo que estaba haciendo. Grabé algunas línea solo frente al micrófono, no fue en un estudio", manifestó sobre aquella ocasión.

-¿Qué recordás sobre tu primer vínculo con la música? Sé que eras muy joven…
-Lo recuerdo muy bien. Mi madre tenía una gran colección de vinilos. Yo siempre escogía algunos. La primera vez me interesó uno fue de los Beach Boys, tenía seis o siete (años). Eso fue lo que me voló la cabeza. Fue la primera banda que escuché, y sigo escuchándolos.

-¿Empezaste a tocar el piano a los ochos años?
-Unos años después empecé a tocar… Lo disfrutaba pero no era de esos que practicaban todo el día.

-¿Fue algo que ocurrió después?
-Sí, los primeros cuatro años tomaba una clase por día y tocaba un poco todos los días.

-Tocaste muchos años con tu padre y supongo que él te abrió muchas puertas. Pero para vos, ¿fue una presión?
-Creo que sí. Cuando empecé estaba nervioso. Es mucha presión pero la idea es disfrutar, al final del día es solo música. Pero es cierto que es trabajo, hay presión en todo lo que hacés.

 

Quiso el destino que su arte regresara a estas tierras, pero esta vez no fue de la mano de su padre, sino hombro a hombro con su amigo Larry McNally -en esta oportunidad también acompañados por los argentinos Jorge Araujo (batería) y Ferderico Palmolella (bajo)-. Un nuevo desafío no solo musical, sino también personal: con la misma profesionalidad de siempre, pero sin la garantía de éxito del nombre Roger Waters. Cinco años después de llenar 9 estadios de River Plate de la mano del famoso concierto The Wall con la banda de su padre, realizó un show mucho más "íntimo".

-Me llama la atención que tocaste en River en 9 oportunidades y ahora tocás en un teatro más pequeño. Aún así pareciera no molestarte…
Creo que no. Es diferente. Tocar en lugares más chicos es más íntimo. En grandes estadios estás a 30 pies o algo así de la audiencia, es un lugar alto, está mucho más lejos. Así que tenés más conexión con el público. Si hay 80 mil… Una vez que hay 15 mil puede haber un millón que es lo mismo.

-Al contrario de lo que sucede con muchos artistas, creo que siempre te mantuviste lejos de los problemas, tenés un bajo perfil… Parecés un hombre pacífico y tu música lo demuestra.
-Así es, no me gustan los problemas.

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