Kenny Wells (Matthew McConaughey) es un hombre de negocios que está desesperado por tener un golpe de suerte. Por eso decide asociarse con Michael Acosta (Edgar Ramirez), un geólogo con la misma poca fortuna. Juntos se proponen ejecutar un plan grandioso: encontrar oro en la inexplorada selva de Indonesia.

El director de Syriana, se vale de la pericia del actor principal (con transformación física incluida, como corresponde) para contar una típica historia de estafas, corrupción y "sueños americanos" utópicos. McConaughey logra transmitir repulsión, simpatía y lástima, en una labor de interpretación convincente, siempre al borde de lo teatral.

La puesta es grandilocuente, la profundidad de los decorados selváticos naturales resultan hipnóticos y juegan un papel protagónico, apoyados en una estética general y una dirección de fotografía que tienen cierto toque sórdido, similar a las películas épicas de Werner Herzog (de hecho por momentos, el filme parece homenajear a gemas como Fitzcarraldo). Aunque el montaje, vertiginoso y al ritmo de una banda de sonido estridente parece sugerir cierta inspiración en el cine de Scorsese.

Si bien por momentos peca de discursiva, la cinta es entretenida y muy interesante, una metáfora justa de que "no todo lo que reluce es oro".

Mi calificación: 7 puntos