Viajero, compositor e innovador. Matan Berkowitz tiene un poco de todo eso. Y logró canalizar esa versatilidad de forma creativa y solidaria. Es que fue durante un recorrido de más de cuatro años por el mundo, durante el cual –entre otras cosas– se dedicó a hacer música, donde descubrió que el mundo entero puede ser entendido como una gran sinfonía. Y además, entendió que la tecnología podía ser empleada modo inclusivo.

También conocido en las redes como Ma Tan, este israelí de 29 años, quien asegura que su mejor escuela fue la vida de viajero, fue mencionado por Forbes como uno de los jóvenes más destacados en el ámbito de la ciencia y la tecnología.

Su empresa, Shift, está dedicada a generar innovaciones con impacto positivo. Desarrolló inventos que permiten traducir los movimientos, los latidos del corazón y las ondas cerebrales en música. Todo a partir de sensores que se conectan a una PC que decodifica esos ritmos corporales y los transforma en melodía.

En 2015, llevó adelante, junto con otros creativos, Discotech, un evento dedicado exclusivamente a producir dispositivos tecnológicos que permitirán a músicos con distintas discapacidades poder hacer música más allá de sus limitaciones.

Viajó por todo el mundo para presentar sus trabajos y la semana pasada estuvo de visita en Buenos Aires para participar de la Experiencia Endeavor, un evento anual dedicado a conectar y capacitar emprendedores y pymes que se realizó en la Usina del Arte.

Durante su estadía en el país visitó los estudios de Infobae y habló de sus inventos, de cómo quiere generar un cambio positivo en el mundo, así como de los proyectos que está desarrollando.

-En la web vi muchas de las cosas que hiciste y me llamó particularmente la la atención lo que llamás neurofeedback musical. ¿Podés explicar de qué se trata?

-Se trata de usar la actividad cerebral y formas de medirla para producir musica. En mi caso contacté a una empresa israelí llamada Neurosteer que desarrolla esta tecnología. Ellos usan electrodos que miden la actividad en el cerebro y envían esa información. Yo básicamente traduzco esa data a valores musicales. Entonces lo que termina sucediendo es que la actividad cerebral se convierte en música. Pero esto no es un instrumento que se pueda controlar. Es más bien una especie de feedback en la que la experiencia se hace música. Hice algunas pruebas con gente meditando en el escenario. Cuando meditan, su feedback musical cambia de acuerdo al estado de su cerebro.

-¿También lo probaste con el corazón?

-Creo que es interesante traducir distintas partes o actividades del cuerpo en música y ver qué se puede hacer con eso. El corazón es también ese tipo de cosas que se pueden influenciar pero no se controlan. Así como probamos con personas meditando en el escenario con los sensores. En el caso del latido del corazón, lo intentamos con gente corriendo
y los latidos aumentan. Esto puede provocar que la música vaya más rápido o cualquier otro tipo de efecto.

-Te vi tocar música en el escenario usando tu mano. ¿Cómo es eso?

-Es un experimento muy interesante, porque a diferencia de la actividad del cerebro o del corazón, los movimientos se pueden controlar y algunos movimientos se pueden medir con mayor precisión para convertir al cuerpo en un instrumento que se puede hacer sonar. Se trata de Airstrument, uno de mis proyectos más recientes. Es un instrumento musical tipo wearable que se pone en el brazo y se toca moviendo la mano en el espacio. Eso sea probablemente lo que viste.

-¿Se podría usar para personas con necesidades especiales?

-Si, gran parte de mi trabajo está orientado a gente con necesidades especiales porque cuando comencé con la tecnología en la música, yo era músico y también tenía una compañía que se basaba en generar impacto positivo con la tecnología. Se llama Shift y se centra, principalmente, en la innovación para un propósito. Tenía tecnología musical por un lado y el impacto positivo por el otro. Y quería encontrar una forma de unir estos dos aspectos para que la tecnología musical ayudara a la gente. Una de las respuestas más naturales e intuitivas era ayudar a la gente con discapacidad o con dificultades a hacer música y que se pudieran expresar. Algunas de las cosas en las que participé, y de las que fui parte, están vinculadas a personas con discapacidad. Airstrument fue el resultado de uno de estos experimentos, porque desarrollamos soluciones para ayudar a que personas con parálisis, amputaciones, autismo y ciegos puedan tocar.

-¿Podés compartir alguna de esas experiencias habilitantes que hicieron que personas con discapacidad se beneficiaran del uso de la tecnología?

-Uno de los proyectos más lindos fue el que hicimos en Israel y que se llamó Discotech. Fue diseñado específicamente para ayudar a personas con discapacidad. Teníamos cuatro músicos que tenían desafíos particulares y creamos soluciones para cada uno de ellos. No era solo yo sino un equipo de trabajo completo dedicado a buscar soluciones para ellos. Uno de los equipos trabajó con una cantante israelí, llamada Kineret (Hendles), que canta hermoso. Ella nació sin una mano así que como parte de este proyecto construimos una prótesis para que ella pudiera tocar la guitarra por primera vez en su vida.

-¿En qué otros proyectos estás trabajando?

-Uno es algo que no tiene nada que ver con lo musical. Tenemos una versión piloto de un proyecto mayor que involucra árboles ubicados en ciudades en distintas partes del mundo. La idea es crear comunicación no verbal entre diferentes personas del mundo por medio de esos árboles. Es como interconectar los árboles, que tienen sensores con sonido y luces. Y ahora estamos diseñando la primera versión que vinculará Estocolmo con Tel Aviv.

-Suena muy loco

-Es muy nuevo, todavía lo estamos diseñando. Tengo dos amigos que están trabajando en esto en Suecia e Israel así que es súperr nuevo.
El otro proyecto consiste en crear un laboratorio de innovación que esté dedicado exclusivamente al impacto positivo. Existen muchos en el mundo, pero por lo general son parte de una compañía u organización más grande. La idea es que este laboratorio de innovación esté totalmente pensado y focalizado en crear impacto positivo y no que sea parte de algo mayor. Funcionaría de un modo disruptivo para crear impacto. Claramente es un proyecto muy ambicioso que comencé hace aproximadamente un año. Y lo otro tiene que ver con presentaciones abarcativas donde toda la música se produce en simultáneo de forma no tradicional: usando el cuerpo y otros componentes de modo que te haga reconsiderar qué es lo que se considera música, para que se vea que cualquier cosa y todo puede ser música.