Llegó a Santa Rosa de los Pastos Grandes el 3 de marzo de 1986, un paraje en el centro de la puna de Atacama a 4000 metros sobre el nivel del mar que está casi al pie del volcán Quewar, donde viven 200 personas. Empezó a dar clases ese mismo día y jamás se le ocurrió hacer huelga. Se llama Dionisia Rodríguez Alcacer.
La escuela fue construida en 1907 con adobe. En 1943 tuvo su primera ampliación, cuando se hicieron tres aulas en piedra. En el 2002 se hizo cargo de la dirección y con ayuda de Obras Públicas de Salta pudo construir los dormitorios con ladrillo y cemento para maestros, y alumnos y en el 2008 la gran cocina comedor, gracias al aporte de unas empresas instalada en la zona.
Es que la mayoría de los 49 chicos del primario y nivel inicial y los 14 que están en el secundario están "albergados" en la escuela Padre Antonio Mallea, en homenaje al cura -ya fallecido- que dos veces por mes, sin importar la crudeza del clima o los caminos, se trasladaba a Pastos Grandes para oficiar misa y atender las necesidades de la comunidad. La mayoría de las familias de los niños no vive en el pueblo, sino en las montañas, donde tienen sus chacras con ovejas y llamas, papa y quinoa, y se quedan de lunes a viernes a vivir en la escuela.

Ahora está todo nevado por allá. El martes por la noche y el miércoles por la mañana cayó una nieve fenomenal que anticipa un invierno extremadamente frío, con temperaturas que normalmente están muy por debajo de los cero grados. Y se cortó la Internet. Hasta que vuelva, vaya a saber cuándo, no hay forma de controlar los correos electrónicos ni dialogar por whatsapp. Porque, hay que decirlo, los habitantes de Pastos Grandes están más habituados de lo que se cree al uso de la aplicación que facilita las comunicaciones con el mundo.
Dionisia, que desde hace algunos años también es la cacique de Pastos Grandes (elegida en la asamblea del pueblo), recuerda con precisión cada obra de ampliación en la escuela de la que es directora hace 15 años. En el 2010, la provincia armó la zona del taller y en el 2012, la Nación hizo mejores techos aunque, lamentablemente, entra la lluvia cuando llueve.

Ahora está preocupada porque quiere darle un albergue digno a los profesores itinerantes de la secundaria, que están tres semanas en cada pueblo de la zona, Olacapato, Tolar Grande y Salar de los Pocitos. El sistema está bien armado. Grupos de tres docentes viajan de paraje en paraje para dar clases, y así logran dar la instrucción secundaria a los jóvenes. Pero como no hay facilidades hoteleras ni casas para alquilar, están obligados a alojarse en la escuela, que todavía no tiene la infraestructura necesaria.
Eso angustia a Dionisia, que cuando Infobae estuvo con ella veía que arrancaban las clases y volvería a tener el mismo problema que los años anteriores. Pero no quiere ponerse en el lugar del reclamo, no quiere que titulemos con que está pidiendo nada, dice que se siente agradecida por la ayuda que ya recibió. Igual, si alguien quiere mandarle material para la construcción de los dormitorios, avisa que ya tiene el proyecto arquitectónico.
Agradecimiento especial al director de cine Pablo Racioppi por la grabación y edición del material que acompaña esta nota.
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