El debate acerca del rendimiento de una mujer mientras menstrúa tuvo su pico de gloria durante los últimos Juegos Olímpicos. Fue cuando una nadadora china le dijo a una entrevistadora, en vivo y mientras se doblaba del dolor de ovarios, que no había podido dar lo mejor de sí porque "le había venido" y se sentía débil y agotada (el video tuvo más de un millón de reproducciones en YouTube). Quienes están de acuerdo con las "licencias laborales por menstruación" se inclinan hacia ese lado: consideran que es una manera de empezar a romper el tabú y de reconocer las diferencias entre hombres y mujeres para lograr la equidad de género.
Quienes no están de acuerdo, en cambio, sostienen que la menstruación no es una enfermedad y que el riesgo de estas licencias es darle argumentos a los empleadores que ven en el trabajo de la mujer otro "costo extra": mujer que falta cuando se embaraza, cuando se enferman sus hijos y, encima, cada mes, cuando se indispone.
"Lo que hacen estas licencias es adherir al concepto de 'indispuesta', es decir, sin disposición (en este caso, para trabajar). Creo que las licencias por menstruación son estigmatizantes porque lo que se está diciendo es que, aunque una mujer tenga la misma formación que un hombre, tiene que faltar a trabajar porque es más débil, tiene un cuerpo menos apto y está en inferioridad de condiciones".
Quien habla es la comunicadora científica Agostina Mileo, que presentó una ponencia sobre el tema en el último Congreso Iberoamericano de Estudios de género. Y lo que explica es que Japón tiene estas licencias desde 1947 pero "las mujeres no se las toman para no ser catalogadas como débiles y poco competitivas".
¿Qué pasa en Argentina? "En Provincia existe una ley de 'día femenino' para empleadas estatales y existe en algunos convenios colectivos. Pero es difícil pensar en una ley nacional porque puede desincentivar a algunas empresas que quieran contratar mujeres", explica a Infobae el abogado Sergio Mohadeb, autor de la web "Derecho en zapatillas".
"Tengo posturas encontradas", plantea la ginecóloga y sexóloga Adriana Arias. "Creo que es una particularidad que debería estar reconocida de alguna manera. Una mujer con una menstruación dolorosa es una mujer que ha tenido un pésimo descanso, un dolor que se vuelve protagonista, una jaqueca terrible. Puede tener también depresión, irritabilidad y desajustes emocionales, todo absolutamente ligado a lo hormonal. Eso significa que no puede estar tan lúcida ni tan creativa y que su rendimiento va a estar afectado. Esto es así y si, por pelear por la igualdad, tenemos que negar cuestiones como la maternidad o la menstruación estamos sonadas. Ahora bien, el riesgo es que ese reconocimiento se nos termine volviendo en contra".
Graciela Lewitan, ginecóloga especialista en niñas y adolescentes, tampoco es pro-licencias: "La menstruación no es una enfermedad y no tiene por qué ser un motivo para faltar al trabajo, hacer actividad física o lo que sea. Además, si hay un dolor que las inhibe lo que hay que hacer es estudiar el por qué". Y cierra: "Decirle a las mujeres que se queden en casa por eso puede ser muy estigmatizante. Nos muestra débiles e indica que esos días no podemos ser eficientes en el trabajo. En ese sentido, no nos pone en igualdad de condiciones, que es lo que sí queremos".
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