
"Por sus resultados en matemáticas, estadísticamente nuestros chicos estarían al nivel de lo que, en Finlandia, se considera educación especial", afirma Salvarezza, muy crítica de una idea pedagógica, la psicogénesis, que en su opinión equivale casi a una renuncia a enseñar. Los resultados están a la vista, y el escándalo de las pruebas PISA es sólo una evidencia más.
Una de las principales críticas de los sindicatos docentes a la evaluación Aprender 2016 era su "estandarización", contraria al hecho, según ellos ampliamente demostrado, de que cada chico tiene sus propios tiempos de aprendizaje. Es la idea por la cual se suprimió la repitencia en primer grado. Si al final de su año inicial en la escuela, el chico no sabe leer y escribir es simplemente porque tiene un ritmo diferente al de los demás.
Contra esto, Florencia Salvarezza, licenciada en Letras, especializada en Lingüística y directora del Instituto de Neurociencias y Educación de la Fundación INECO, sostiene: "Existe algo que se llama psicología evolutiva: cada chico puede tener sus tiempos, es verdad, pero dentro de parámetros, dentro de un promedio. Si un chico habla recién a los 3 años consideramos, en base a esos parámetros, que es tarde. Si un chico no camina al año y medio tiene que ir a ver un especialista. En educación, no, se lo deja pasar".
"La psicogénesis abandonó la enseñanza –agrega, en referencia a la idea pedagógica que subyace detrás de esto-. Dejó a los chicos librados a sus tiempos y la evidencia es que, por el contrario, si uno les enseña, los chicos aprenden. Lo que pasa es que se ideologizó mucho el proceso; ya no se habla de 'aprender a leer' sino de 'entrar en una cultura', por ejemplo".
Desde la Secretaría de Innovación y Calidad Educativa de la Nación se convocó a un grupo de especialistas –además de Salvarezza, lo integran Ana María Borzone, investigadora principal del Conicet, y Beatriz Diuk, docente de la Unsam y responsable de la propuesta Derecho a Aprender a Leer y Escribir (DALE), entre otros- con el fin de desterrar el método en boga en los últimos 30 años y sustituirlo por el método de la conciencia fonológica que, dicho en términos profanos, tiene más que ver con el viejo sistema del silabeo.
El proyecto está en debate y en proceso de elaboración, pero Salvarezza asegura que existe por parte de las autoridades educativas mucha predisposición a hacer estos cambios.
"El nuevo método parte del reconocimiento de la fonolingüística. Las palabras tienen sonidos y esos sonidos se pueden separar: mamá, ma-má, m- a… Y a cada sonido corresponde una grafía. Especialmente en el castellano que es transparente, no tiene casi complejidades. La evidencia dice que la relación entre fonema y grafema enseñada de modo sistemático es el aprendizaje más eficiente", sostiene.

"El otro es un sistema que no se usa prácticamente en ningún lado y ciertamente no en los países que tienen mejores resultados", agrega.
Y explica: "La psicogénesis implicó un cambio muy drástico, porque toma la alfabetización como un proceso casi natural: el chico, incluso antes de su escolarización, ya vive inmerso en una cultura donde hay palabras escritas, cuando llega a la escuela viene con todo eso y a partir de eso va construyendo su sistema de expresión escrita con apoyo y cooperación del docente que, de acuerdo a esta teoría, es más un intermediario que un maestro".
Es la famosa teoría por la cual al niño no hay que corregirle los errores, porque se debe priorizar la expresión, dejar que vaya escribiendo como le suena, construyendo su sistema y, más adelante, se lo corregirá. Pero, para los críticos de esta teoría, el sistema demora el aprendizaje de la lectura y escritura en el niño, lo que sus partidarios justifican con el argumento de que cada chico tiene su propio ritmo, sus propios tiempos. El problema, como explica Salvarezza, no es sólo didáctico, sino neurológico.
"Lo que pasa –dice- es que aprender es ir armando nuevas redes neuronales. Entonces, si dejo que se fije una cosa de modo incorrecto, luego, cuando aparece algo nuevo, tengo que rearmar esas redes o cambiarlas. Es mejor que el aprendizaje sea con correcciones inmediatas, que se vaya corrigiendo a medida que se aprende. Cuando los chicos no saben nada o casi nada de un tema, como es el caso en el primer grado respecto a la lectoescritura, es mejor un aprendizaje guiado y con enseñanza explícita. Cuando ya manejan la materia, entonces uno los puede dejar librados a su búsqueda, a que a partir de los elementos que ya poseen vayan armando nuevas conexiones. Pero en alfabetización, la evidencia dice que, si queremos lectores fluidos, la relación fonema-grafema (a tal sonido, tal letra) tiene que ser enseñada de modo sistemático y, así, al cabo de seis meses, todos los chicos están alfabetizados".
Con el otro sistema, se postulan hasta tres años para la completa alfabetización del niño. "Agosto", dice Salvarezza, en relación al mes en el cual, con el método basado en la conciencia fonológica, niños que ingresan en marzo a la escuela ya pueden estar alfabetizados.
Ana María Borzone, otra integrante del equipo convocado por el Ministerio de Cultura, lo demostró en el Chaco: en un año enseñó a chicos tobas a leer y escribir en ambos idiomas, demostrando que es totalmente posible y que justamente es a los niños menos estimulados por su entorno social a los que más hay que enseñarles de modo sistemático y que son los que más se beneficiarán con este cambio.
"Es importante un sistema que promueva que los chicos no se demoran en aprender a leer –insiste Florencia Salvarezza-. Porque se trata de aprender a leer y luego de leer para aprender. Para seguir aprendiendo otras cosas, el chico tiene que ser fluido en lectura lo antes posible".
En este debate, dice la especialista de Ineco, "se pone en discusión una teoría contra una evidencia".
Memorizar, imitar, repetir: enumera Salvarezza, otras tantas cosas que los contextos pedagógicos de los últimos años han desterrado. "Son procesos cognitivos útiles. Cada método sirve para una u otra cosa. Necesitamos maestros que usen todos los recursos", señala.
Y, apuntando a la ideología que subyace detrás de estas teorías pedagógicas, agrega: "Acá se volvió mala palabra el concepto de mérito. Y el de esfuerzo. Pero aprender es un esfuerzo, lleva tiempo, lleva estudio. Para aprender a caminar uno se cae, se golpea. Se lo ve como algo natural. Pero en la lectoescritura no. Sin embargo el cerebro crece con los desafíos. A los chicos les encanta aprender y no les gusta que algo no les salga. Aprender fomenta la curiosidad y las ganas de saber más. Esfuerzo, dedicación y evaluación: no hay que dejar de lado estos conceptos. Si medimos los síntomas de un enfermo para diagnosticar y curar, ¿por qué no medir para saber cómo nos va y cómo mejorar?".
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