
El 1° de marzo pasado, un container que llevaba ocho sillones fue marcado como "sospechoso" en la terminal número 4 del Puerto porteño. Había venido de un depósito fiscal en la ciudad, donde le introdujeron la carga y donde recibió un primer chequeo, para salir a despacho sin problemas. Un puerto cercano a Lisboa, la capital de Portugal, era su destino final, tras un viaje que duraría un mes a bordo de un buque de la empresa Maersk, uno de los principales nombres en el negocio del transporte transatlántico.
El dueño del cargamento era, precisamente, un portugués, que había contratado a una reconocida firma local de despacho de aduana para el envío. Las razones para que las autoridades lo considerasen sospechoso eran obvias. Primero, la Argentina, por lo general, no exporta muebles. Segundo, Portugal es una de las principales puertas de acceso a Europa para el tráfico de cocaína latinoamericana.
Así, se decidió que el contenedor ingresase a un scanner, lo que alimentó aún más las sospechas: en los monitores, las estructuras internas de los muebles eran el centro del problema. El container fue abierto e inspeccionado con el aval de la Administración General de Puertos, que dio vía libre a los protocolos correspondientes. La división Riesgo Jurisdiccional de la AFIP, apostada en el Puerto, envió a un equipo de canes olfateadores. La nariz de los perros no falló, el scanner tampoco. Bajo el tapizado de los ocho sillones, una cuerina barata de color celeste, había vigas de metal en vez de madera. Dentro de las vigas se encontraron 124 kilos de cocaína de máxima pureza.
El hecho disparó una causa en el Juzgado en lo Penal Económico N°5, a cargo del doctor Diego Amarante, con el fiscal Germán Vincas. El desarrollo de la causa se mantuvo bajo riguroso silencio, con ocho meses de secreto de sumario. Hoy, se conocen los primeros resultados: hubo hasta el momento cinco allanamientos y cuatro detenidos en dos continentes con la colaboración de diversas agencias estatales, según confirman fuentes del expediente a Infobae.
Dos de los presos son portugueses. Fueron capturados en el puerto de Lisboa mientras recibían el container: cayeron tras un "falso envío" organizado por la Justicia argentina. Los ocho sillones viajaron, pero con apenas un kilo de droga, cantidad suficiente para imputar a los presuntos narcos.
El "falso envío" fue ejecutado por la PROCUNAR, el ala del Ministerio Público que investiga delitos narco, a cargo del fiscal federal Diego Iglesias, que acordó la estrategia con las autoridades judiciales portuguesas. La idea de enviar droga para volver al operativo uno de prevención, algo que lubricaría los mecanismos procesales, fue de la Justicia de Portugal.
La empresa de despacho de aduana contratada para el envío, por su parte, colaboró plenamente con la investigación. No solo abrió registros, sino que reportó el hecho al juzgado del doctor Amarante tras ser anoticiada del hallazgo el 1° de marzo. Los "falsos envíos", conocidos como "envíos controlados" en la jerga policial, suelen ocurrir. Este año, la PFA llenó un paquete de correo con lentejas para atrapar a una pareja de dealers de pastillas en Paraná, provincia de Entre Ríos.
En Buenos Aires, la división Operaciones Federales de la PFA llevó a cabo cuatro allanamientos a fines de la semana pasada en zonas como Balvanera, Flores, José C. Paz y en un local de la galería Boston en la calle Florida. También, buscó a cuatro testigos requeridos por el juez Amarante que habían faltado a sus citaciones a declarar. Se secuestraron una máquina para contar dinero, 64 mil pesos y varios dispositivos que serán peritados. En Balvanera, fue detenido un peruano de 37 años vinculado a la trama. Un argentino de 34 años también fue arrestado.
Exportar droga a Portugal no es ninguna novedad. Fue, por ejemplo, uno de los destinos de la tonelada de cocaína de la causa "Carbón Blanco", con el abogado Carlos Salvatore como principal acusado. En 2012, se encontraron 1200 kilos de droga, ocultos en un cargamento de pulpa de pera que había zarpado desde el puerto de Zárate, otro envío también vinculado a Salvatore.
La tentación de cruzar el Atlántico con panes narco envueltos en cinta es lógica. En el mercado negro de Santa Cruz de la Sierra, Bolivia, un kilo puede costar cuatro mil dólares, el más barato en el planeta. En Madrid, de acuerdo con datos del Ministerio de Interior español, el mismo kilo puede ascender a 35 mil euros, un valor que subió un 20% en la última década. En Lisboa, de acuerdo con datos oficiales difundidos por la agencia EFE, la incautación de droga exportada de Latinoamérica aumentó un 62% entre 2014 y 2015, para cerrar el año pasado con 2,4 toneladas.
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