Norberto Jansenson es uno de los máximos exponentes del ilusionismo, comenzó a estudiar magia a los 9 años y no la dejó nunca. Lleva 30 años ininterrumpidos en la profesión con shows en Argentina y en el exterior.

"Fui muy solemne durante mucho tiempo, me costaba sonreír y  disfrutar", cuenta en el comienzo de la charla. Hoy asegura que está mucho más relajado y puede disfrutar la vida y la profesión desde otro lugar.

"El nuevo show que estoy haciendo se llama Arcanos, está diseñado para que dependa un tanto de lo que hace el público, no tengo un guión estricto armado; eso es lo que a veces padecemos los que comunicamos desde un escenario", explica sobre el espectáculo que presenta los sábados en Velma Café, en el que mezcla la magia con la narración de historias maravillosas.

— Me llamó mucho la atención cómo lográs incorporar actualidad en el show. Temas dolorosos como la dictadura o la violencia de género, encajan perfecto dentro de un espectáculo de entretenimiento.

— Uno de mis modelos más cercanos y más admirados es Les Luthiers que en todos sus shows tiene una crítica tremendamente ácida a la política, a la historia, a lo vulgar, a lo superficial… Desde que era chico tengo una opinión sobre las cosas; el artista tiene casi la obligación de convertir esa opinión de lo cotidiano en símbolos, en metáforas, en actos, en cuadros. Mi manera de pintar los cuadros es contando historias. Es una responsabilidad del artista ofrecerle al público comida para pensar y para sentir más allá del entretenimiento superficial que la gente cree que los shows de magia deben ser. Hay quienes creen que nos dedicamos a sacar pañuelitos de colores, pero nos dedicamos a asombrar que significa quitar las sombras. Nos dedicamos a descubrir que significa quitar lo que cubre, lo que está oculto. Tenemos la responsabilidad de sacar tapas de ollas que para otros es muy incómodo sacar. Con el tiempo aprendí a hacerlo con la muñeca, el oficio, el respeto por el público y el concepto de lo artístico, de que esa historia no descompense otro montón de momentos del show que tienen que tener un valor, un sentido al final.

— ¿Lográs ir a un cumpleaños o a una reunión sin tener que ser el animador?

— Durante mucho tiempo me costó. Podía hacerlo pero me tenía que poner antipático. Desarrollé un sistema: en algunos casos directamente no voy a lugares sociales que no son tampoco lo que me parece interesante. En otros casos ofrezco regalarle a la persona un ratito y  generalmente lo toman a bien; y en otros amablemente decir "vengo de hacer esta semana siete shows, lo que menos tengo ganas hoy, si a ustedes les importa que me sienta a gusto, es también ponerme a hacer un show que no me sale así nomás, tengo que hacerlo como lo sé hacer porque lo hago profesionalmente, me encantaría que me eviten ese momento, si se pudiera por ahí después les hago algo".

— ¿No te hartó nunca la magia?

— Me ocupo de no tomar trabajo de más y de no tomar compromisos en los que no estoy seguro si lo voy a pasar bien; porque es en esos momentos en los cuales la magia puede llegar a transformarse en una carga. Como yo hago teatro una vez por semana nada más, me paso una semana entera rezando que llegue rápido el sábado para otra vez volver a compartir, subirme al escenario, ver quién va a venir. Los eventos privados los padecí durante muchos años y quise dejar de hacerlos. Con el tiempo me di cuenta de que en el teatro hay un montón de cosas que no se pueden lograr, por ejemplo participar de un fogón en el que hay una familia o un grupo de amigos cantando canciones que ellos conocen desde hace muchos años y a vos te están invitando a compartir. Entonces empecé a desear otra vez esa proximidad, ese aprenderse los nombres de casi todos, ese ser agasajado con una copa de champagne para celebrar el aniversario, el cumpleaños, el nacimiento, lo que fuera. Hoy disfruto mucho más de los eventos, me resulta un poco incómodo a veces tener que trabajar al lado del baño o con el camarero pasando con la bandeja de los choripanes al lado tuyo, que son cosas típicas de un lugar que no está preparado especialmente para mí, pero aprendí a tolerarme y a ser menos exigente conmigo mismo, entonces puedo disfrutar de otras situaciones.

Llegó a René Lavand, dice, "por una coincidencia", pero esa historia que narra magistralmente en Evocaciones, el espectáculo en el que festeja 30 años junto a la magia, pareciera indicar que estaba escrito que el mítico ilusionista lo eligiera como su discípulo. Esa y otras historias pueden verse en la entrevista completa.