Miles de personas en el centro porteño (Télam)
Miles de personas en el centro porteño (Télam)

"Somos el grito de las que no tienen voz". "Vivas nos queremos". "El largo de mi pollera no justifica tu violación". Cientos de carteles con textos como estos se vieron en la multitudinaria marcha organizada por Ni Una Menos y otras organizaciones para decir basta a los femicidios.

Miles de personas, la mayoría vestida de negro, se comenzaron a reunir desde las 16 en el Obelisco. Con y sin banderas políticas. Protagonistas y testigos de historias de violencia. Hombres, mujeres y trans. Adultos y niños. La diversidad dijo presente bajo una misma consigna: Ni Una Menos.

El disparador de la marcha de este Miércoles Negro, la segunda de este año contra la violencia machista, fue el caso de Lucía Pérez, la adolescente de 16 años que murió luego de ser drogada, abusada sexualmente y empalada.

"Nunca vi algo así", dijo María Isabel Sánchez, la fiscal que lleva el caso. Así de aberrante fue el crimen. Así de impactante fue la historia que hoy motivó que se grite "basta". Una vez más.

Los números muestran una realidad que hiela la sangre. Según la organización Mujeres de la Matria Latinoamericana (MuMaLá), en lo que va del año 226 mujeres fueron asesinadas. Y 19, tan solo en los primeros 17 días de octubre. Cifras que hacen prever que el 2016 terminará con los mismos niveles que los años anteriores.

"Mataron a mi hija. Fue el hijo de la dueña de la casa que ella alquilaba en Bariloche", cuenta a Infobae Ana María, madre de María del Carmen de la Cruz, una contadora asesinada el 7 de octubre de 2015. Mira fijo y de pronto se calla. "No quiero hablar más", dice con la voz entrecortada y los ojos vidriosos.

La movilización, camino a Plaza de Mayo, comenzó pasadas las 18. Ni la lluvia, ni el viento pudo frenar la fuerza de la convocatoria. "Fui víctima de perverso. Durante un año y medio me maltrató. Me decía que no servía, me insultaba", cuenta Graciela mientras sostiene una bandera con la frase Ni Una Menos.

"Vine a acompañar porque es un tema que me preocupa", dice Esteban, que va de la mano con Mariana. "No fui víctima pero no quería dejar de estar", agrega ella.

Sofìa Martínez muestra un cartel con una frase que grafica el acoso al que fue sometida en manos de su anterior jefe.
Sofìa Martínez muestra un cartel con una frase que grafica el acoso al que fue sometida en manos de su anterior jefe.

Ya en Plaza de Mayo, mientras se escuchan aplausos y fragmentos de un discurso desde el escenario, hacia un costado, cerca de las vallas que separan a la Casa Rosada de la Plaza se ve a una joven de unos veintipocos con un cartel que dice: "`Agachate así mirás bien de cerca´.  Mi ex jefe con la planilla sobre las piernas".

Ella es Sofía Martínez. Y esa fue una de las tantas frases con las que la acosó la persona que la supervisaba en su trabajo. Un trabajo que por meses no pudo dejar porque "necesitaba la plata". Dice que lo denunció pero en la Comisaría de la Mujer le dijeron que no tenía pruebas suficientes. Y en Recursos Humanos tampoco la ayudaron.

"El acoso también es violencia. Es horrible lo que pasé. Cuando lo rechacé me empezó a cambiar los francos, a descontarme el sueldo cuando faltaba por enfermedad, a decirme cosas tremendas", recuerda Sofía mientras llora. Se le corre el rimel, y sus mejillas quedan cubiertas de lágrimas negras, mientra de fondo se escuchan los gritos: "Ni una menos, vivas nos queremos".

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