El mes pasado, Layla Nayeli Sainz caminaba junto a su padre, Sergio, por la manzana 9 de la Villa 1-11-14 para cruzarse con una escena particular: un linchamiento a golpes. Un hombre se sacudía en el piso tras ser pateado por una turba, rodeado de su propia sangre con un considerable corte en la cabeza. Layla se quedó casi inmóvil al ver la cara del hombre golpeado. Poco después, le aseguró a su papá: "Ese es el que me secuestró".

A fines de octubre del año pasado, Layla había desaparecido por once días, para volver hambrienta y deshidratada en una plaza del Bajo Flores. La Justicia había sospechado largamente de una red de pedófilos operando en la zona. El encuentro en el suelo de la manzana 9, para Layla, significó un quiebre brutal. Sergio Sainz apunta a Infobae: "Mi hijita quedó pasmada al verlo. Supimos que lo habían ajusticiado por algo que pasó con una nena. Tomamos valor y lo denunciamos", con una presentación, asegura él, hecha ante el fiscal de Nueva Pompeya, Adrián Giménez. El hombre, "Gonzalo", habría muerto tiempo después del linchamiento a causa de sus heridas.

Hoy, tras ver al hombre que la raptó sangrar en el suelo, Layla no está otra vez: desapareció nuevamente ayer por la mañana. "Se fue a la escuela, la N°4, cerca de las 7, pero nunca llegó. No volvimos a saber de ella", apunta Sergio.

Para Sergio, la sospecha vuelve a ser la misma: una red de trata se la habría llevado. "Yo denuncié que extorsionaban niñas a lo largo del barrio para exigirles pornografía. A una chica que vive a media cuadra, a la que mi hija no conocía, le dijeron 'si no hacés lo que te pedimos te va a pasar lo mismo que a Layla'", asegura.

Los últimos tiempos marcaron un cambio profundo para la joven. "Se había decidido, después de nueve meses de terapia, a declarar en cámara Gesell, lo pedimos", asegura Sergio. "Supe que fue abusada sexualmente, que le dieron drogas", afirma. Sainz no puede precisar si su hija recibió mensajes intimidantes en los últimos días, algo que dé una pista sobre su desaparición.

La nueva desaparición de la joven ocurre en un contexto al menos problemático de actividad de abusadores contra las adolescentes de comunidades migrantes en la 1-11-14. En las últimas semanas, el fiscal Giménez y su par Horacio Azzolin, titular de la UFESI, la Unidad Fiscal Especializada en Ciberdelincuencia bajo la esfera de la Procuración, habían comenzado a investigar una serie de casos de grooming y pedido de material en el asentamiento del Bajo Flores. La madre de una chica de 15 años, parte de la comunidad peruana, denunció el hostigamiento sistemático a su hija a manos de dos usuarios de Facebook que le exigían a la menor que les envíe fotos sin ropa y hasta intentaron obligarla a filmar videos con desconocidos.

No fue la única: otras tres conocidas de la primera menor recibieron mensajes de los mismos usuarios. Un perfil aparentemente falso le escribió a la hija de la denunciante, con el nombre de otra chica del barrio, asegurándole que a su madre "le habían pegado un tiro" por no enviar los videos requeridos. Esto se suma a la reciente desaparición y reaparición de una niña en el barrio. Para los fiscales Giménez y Azzolin, el entramado de extorsiones y perfiles de Facebook tendría un vínculo directo con el primer secuestro de Layla.

Por su parte, amigos y familiares convocan mañana a una marcha a las 13 en Acoyte y Rivadavia para pedir por su aparición.