
Un bar en el corazón de Palermo se convirtió ayer por la noche en un hervidero de política norteamericana durante 90 minutos. Mezclados entre grupos de argentinos y de suecos, una pequeña multitud de estadounidenses confluyeron para presenciar el debate entre los candidatos a la presidencia de los Estados Unidos, Hillary Clinton y Donald Trump.
Aun cuando todavía faltaban varios minutos para el comienzo del evento que se desarrolló en la universidad de Hofstra, a una hora de la ciudad de Nueva York, ya podía apreciarse un ambiente de expectativa mezclada con cierta tensión entre los asistentes, quienes coincidieron en calificar al debate como "histórico" y de "vital importancia" para el futuro del país.
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Desde el primer momento quedó en claro que un abrumador porcentaje de las personas que llegaron a Sugar Bar -en su mayoría estudiantes de intercambio- ya tenían decidido desde hace hace tiempo tomar partida por Clinton, quien, de ser elegida, se convertirá en la primera mujer presidente de los Estados Unidos. El contraste entre las reacciones a las chicanas por parte de ambos candidatos fue absoluto: si cada comentario incisivo de Clinton fue recibido con vítores y muestras de apoyo, toda declaración polémica de Trump quedó prácticamente ahogada por reproches y hasta algún gesto poco amigable hacia su imagen en la televisión.
Sin embargo, y a pesar de que la amplia mayoría no dudó en manifestar su inclinación por Clinton, una importante cantidad de asistentes admitió tener un sentimiento de ambivalencia por la candidata del partido demócrata. El principal argumento en este sentido fue la necesidad de elegir entre el menor de dos males, más que un genuino acuerdo con las políticas delineadas por quien fue Secretaria de Estado entre 2009 y 2013.
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Así, algunos se mostraron más dispuestos a encontrarle el lado positivo a su la candidatura.
"Aunque hay cosas acerca de Hillary que no me gustan, la verdad voté al senador del estado de Vermont Bernie Sanders en las primarias, creo que Clinton es una buena candidata. Me gusta que tenga experiencia en el sector público, que haya sido senadora, secretaria de Estado, y que conozca la Casa Blanca debido a los ocho años que pasó como primera dama. Estoy dispuesta a hacer ciertas concesiones en mis pretensiones si eso significa que Hillary se quede con la elección", dijo Ann Rupert, estudiante de intercambio.
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Otros, directamente admitieron que su voto es anti-Trump: "No me gusta Hillary. Recibió dinero de los grandes bancos, apoyó distintas guerras. No soy optimista en cuanto a lo que viene. Me importa mucho la política exterior, cómo nos ven los otros países, y ella ha apoyado muchas guerras," admitió Cristina Vanbuskirk, una norteamericana que vive en Argentina hace ya más de un año.
Sin embargo, y aunque estuvo muy cerca, el dominio demócrata sobre el bar no fue absoluto. En el medio de la determinada marea azul, Erik Sands, un estudiante de 20 años, fue el único que atinó a mostrar un atisbo de duda acerca de su elección y destacar ciertas características del candidato republicano: "Cuando se trata de políticas sobre redistribución de la riqueza, me considero más cercano a los republicanos que a los demócratas. No así con respecto a las políticas sociales. En cuanto a los candidatos en particular, todavía no estoy decidido. Creo que Trump ha delineado buenas políticas sobre algunos temas y eso es algo que mucha gente no sabe. Me gusta su plan impositivo y las ideas que tiene sobre el sistema de salud", dijo Sands.
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Pero si hubo algo en lo que casi todos coincidieron fue en la aversión que profesan por Trump. "Es un peligro para el mundo," aseguró Kelly Williamson, una trabajadora social. "Donde va Trump, el caos va con él", agregó su padre, el empresario Cliff Williamson, quien, sin embargo, aseguró conocer compatriotas en el país que creen en las virtudes del candidato republicano para "hacer a América grande de nuevo".
Una vez finalizado el debate, la mayor parte de la concurrencia no tardó en desalojar el bar. Pocos fueron los que se quedaron hasta pasada la medianoche ensayando un análisis de unos 90 minutos que estuvieron cargados de cruces y chicanas. No obstante, un traductor llamado Brian no dudó en asegurar que, de acuerdo con su "juicio absolutamente parcial", Clinton fue la clara ganadora. "Trump interrumpió a su oponente, cayó en generalizaciones, evitó discutir sobre temas realmente importantes. Ella ganó", sostuvo.
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Por su parte, Erik Sands concluyó que muy a su pesar el debate consiguió que se decidiera a votar por Clinton: "Fue uno peor que el otro, pero Trump fue el peor de los dos. Es una lástima, quería que me guste más de lo que realmente me gustó. Hillary hizo cosas malas, pero estoy dispuesto a pasarlas por alto si eso significa tener más confianza en el próximo presidente", admitió, aunque dejó una puerta abierta. "No descarto nada, todavía quedan dos debates", agregó.
El próximo debate será el 5 de octubre en la universidad Washington, en la ciudad de St. Louis, mientras que el tercero y último previo a las elecciones del 8 de noviembre se desarrollará el 19 de octubre en la universidad de Las Vegas, en el estado de Nevada.
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Por Demian Bio
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