En un año lleno de éxitos, no perdió el eje. Sabemos de antemano que a las 16 horas tiene que irse para buscar a sus hijas al colegio. "Además, hoy me toca el pool", explicará más adelante en la charla en la que queda clarísimo el papel activo que mantiene en el crecimiento de hijas Amanda y Carmela, con quienes vio varios capítulos de Loco por vos. "La idea con Tomás Yankelevich era cuidar el formato de una comedia familiar, que le entrara a los grandes, pero también lo pudieran ver los chicos", dice Juan Minujín a Infobae sobre la nueva ficción de Telefe que protagoniza junto a Julieta Zylberberg.
Fascinado con la versatilidad de opciones que le brinda su profesión, también disfruta del éxito de El marginal, el unitario que sorprendió desde la Televisión Pública. Actualmente está negociando una segunda temporada que podría producir Netflix, el gigante de streaming que ya compró los derechos de la ficción para transmitir para toda América Latina.
—¿Qué pasa con los compañeros cuando termina un proyecto?
—Queda el grupo de WhatsApp (risas). De Loco por vos tenemos como siete grupos. Irte es medio fuerte: "Chau, tal dejó el grupo".
—¿Estás en el grupo de padres del colegio?
—Sí, obvio. A veces el tráfico es tan inmenso que ya no leés nada, y si hay una noticia importante, se te pasa de largo. Tengo más grupos que personas a esta altura.
—¿Cómo fue el pasaje del under al mundo más comercial?
—Fue bastante fluido. No sentí un salto. Lo primero masivo y de exposición más grande fue con Adrián Suar, cuando hicimos la película Dos más dos. Después vinieron Tiempos compulsivos, Solamente vos, Viudas e hijos…, El marginal y ahora esto.
—¿Cambió tu forma de encarar el trabajo en algo?
—No, para nada. Sigo poniendo la misma energía y la misma libido en cada proyecto. Tengo toda la cabeza puesta ahí como si fuera un proyecto mío independiente.
—¿La situación económica familiar cambió?
—Obviamente, se estabilizaron mucho más algunas cosas. Sobre todo la continuidad. La gente tiene la idea de que los actores que no trabajan en la tele no pueden; siempre hay mucha diversidad de cosas, hay publicidad, cine, series, bolos, clases, giras. Yo hice muchas veces giras de teatro independiente por Europa y por Estados Unidos. Vas armando, pero es mucho más fluctuante. Tengo más continuidad que hace unos años, cuando terminaba un proyecto y si no generaba otro proyecto, no tenía nada. Había que ser más autogestivo. Que también tiene sus ventajas, porque estás muy en contacto con el deseo de lo que querés hacer, no te está llamando otra persona para que hagas esto sino que vos tenés que generarte tu propia cosa, y eso en lo artístico también tiene sus ventajas.
—¿Qué es lo mejor y lo peor de la carrera?
—Lo mejor es que estás jugando mucho. Estás como boludeando un poco todo el tiempo. Con mucha seriedad y mucho profesionalismo, pero tu trabajo es divertirte con las situaciones, más allá de que sea un drama. Por ahí lo malo es que es una profesión que está muy en dependencia del deseo de los otros de trabajar con uno y de la aceptación de los otros. Hay que poder correr un poco el eje de ahí, estar un poco centrado y hacer el camino de uno sin tener que tener la aceptación de todos todo el tiempo. Pero un poco la profesión tiene que ver con eso, con subirse a un escenario y esperar gustarles a los otros.
—¿Le tomaste cariño a la televisión?
—Sí, muchísimo. Yo empecé a trabajar en la tele de grande; la mayoría de las cosas que hice durante toda mi carrera fueron en el teatro independiente, en el cine independiente, y obviamente la entrada a la tele siempre es con un prejuicio, de entrar a lo masivo. A ver si uno va a poder seguir siendo expresivamente quien es y teniendo el lenguaje que tiene o vas a tener que amoldarte demasiado a una forma que a veces te gusta y a veces no te gusta. En este caso, fui sosteniendo y siendo muy yo mismo en la tele. Llevé mi lenguaje, mi impronta, mi expresión. Lo disfruto mucho, porque siento simplemente que el trabajo se expande.
—¿Qué te enoja?
—Me vuelvo loco cuando tengo problemas tecnológicos. Eso me da una impotencia y un enojo tremendo; que se me desconfigure tal cosa o que me deje de andar el teléfono o la computadora, me desestabiliza emocionalmente mucho.
—¿Y si le pregunto a tu mujer en qué momento no te soporta, qué me va a decir?
—Me imagino que justo previo a un estreno, esos son momentos en los que estoy fuera de mi eje absolutamente, sensible, y sí, irascible, duermo mal.
—Sos un papá que se ocupa un montón.
—Sí, todo lo que puedo. Todo lo que no trabajo, en general estoy mucho con mis hijas. Pero porque lo disfruto, me divierto mucho con las chicas.
—¿Qué hacen?
—Dibujamos, jugamos al tutti frutti, salimos a andar mucho en bici, con rollers, hacemos videoclips, karaoke. Básicamente, perder el tiempo, boludear un rato juntos.
—¿Con tus hijas seguís esa misma línea en cuanto a la libertad que tuvieron tus padres con vos?
—Trato. Sí. Hay veces que me puedo poner muy exigente también. Lo mejor que les podría pasar a mis hijos es que sean quienes quieren ser y que descubran quienes quieren ser ellos, mucho más allá de todos los parámetros de éxito social, profesional, afectivo que están dando vueltas, que son muy pesados.
—¿La exigencia entonces por dónde pasa?
—Es un ejercicio permanente, en cada momento decís: "Bueno, tranqui, lo puede hacer como quiere" y que cada vez más pueda ser ella. "Tenés que ser feliz, tenés que tener amigos, ta, ta, ta". Es fuerte, sobre todo que siempre la mirada de los padres es algo con lo que los hijos van a tener que lidiar toda la vida.
—¿Respecto de la paternidad qué cosas te asustan?
—Desconectarme. Me gustaría poder, en la medida en que van creciendo las chicas, seguir estando en contacto, poder seguir escuchándolas, no estar en automático.
—¿Cuán difícil es en la Argentina arrancar a hacer cine?
—Es muy difícil. Yo tengo una experiencia que no es la tradicional, no estudié cine. En general, los directores estudian cine, hacen un corto, hacen una tesis, etcétera, y en algún momento pueden hacer un largometraje. Yo entré por el lado de la actuación y habiendo hecho un corto completamente independiente, que le gustó a un productor, que me dijo: "Podés hacer un largo" y yo me puse a hacer eso. Lo más difícil es tener una idea que interpele un poco a la sociedad, que no sea un cuelgue personal nada más, que no sea un viaje personal que vos decís: "Bueno, está buenísimo, puede ser bárbaro pero por ahí no le interesa a nadie más que a vos y a cuatro o cinco". Cuando uno tiene esa idea, es un poco más fácil. De todas maneras es difícil porque el cine necesita el aporte del Estado; no hay forma de hacer cine que no sea híper independiente que no tenga el aporte del Estado. En el aporte entran una cantidad de factores, es como llevar un juicio adelante, expedientes que entran, que salen, pero se puede hacer, de hecho, hay muy buenas películas y muy buenos directores que surgieron.
—Y más allá de la financiación, hay un problema con la distribución y con las salas, ¿no?
—Ese es un tema ya mundial, internacional. Está pasando con las películas de Hollywood. Ya de Estados Unidos ni siquiera llegan las películas de Hollywood de autor; llega Marvel, llegan las franquicias en general. Es difícil ver una película que no sea una franquicia a esta altura.
—¿Te enojan las latas extranjeras o las repeticiones en la tele?
—Siempre hubo cosas de afuera que fueron furor en la Argentina, no me parece novedoso el fenómeno. No es que me enoja, me parece que sería ideal que hubiera alguna manera desde lo impositivo, no sé muy bien cómo, de defender un poco el trabajo local. No por ponerme chauvinista ni porque una cosa es mejor que la otra, simplemente porque soy parte de una industria, defiendo esa industria, soy un actor argentino, defiendo la ficción nacional. Prefiero que se generen contenidos nacionales acá y que se apueste a algo acá.
—Saliendo de lo ideológico, ¿qué político actual te parece un buen personaje para interpretar?
—Toda la época menemista, además, tenemos cierta distancia. Si uno se pone a hacer un personaje de ahora, del Gobierno de ahora o del anterior, siempre va a estar en una coyuntura que va a terminar empobreciendo, porque va a estar mucho más en la discusión actual que algo más allá.
—Vos porque querés manejar una Ferrari.
—No digo Carlos, ¿eh?, el entorno que tenía. Y además, particularmente la historia de él con toda la historia familiar. Para mí es una época que todavía no se exploró mucho desde la ficción y que es interesante. Los noventa, ese neoliberalismo feroz que fue muy salvaje y que además culturalmente atravesó muy fuerte la Argentina. Me parece que ese es un campo lindo para explorar. Además, particularmente se mezcla con el espectáculo. Fue, para mi gusto, muy corrosivo y deteriorante, pero a la vez muy florido. Desde el punto de vista de la ficción, puede ser muy rico.
Agradecimiento: Paula Balmayor (producción de vestuario).
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