
En las islas Salomón, en el Pacífico Sur, habitan los melanesios. Niños, jóvenes y adultos con un aspecto que asombra y desvela por igual. Todos sus habitantes tienen piel negra. Comparativamente, la piel más oscura que existe fuera de los países africanos. Pero de ellos, un 10% presenta una exótica cabellera rubia que contrasta y sorprende a propios y ajenos.
La teoría, que en un principio se difundió y luego se transformó en vox pópuli, dictaba que esa peculiar cabellera se explicaba a partir de la colonización de las islas Salomón, cuando los comerciantes europeos tuvieron relaciones sexuales con las indígenas locales. Ese intercambio, se creía, había generado la combinación posterior.
Otra teoría que manejaban los nativos decía que el rubio del 10% de ellos se correspondía a una dieta especial, rica en pescado, y a la exposición a los potentes rayos solares de la zona. En 2012 un grupo de científicos de la Universidad de Bristol, Reino Unido, y de la Escuela de Medicina de la Universidad de Stanford, Estados Unidos, se trasladó a la isla para analizar en detenimiento el fenómeno.

El equipo de investigación debió sortear las dificultades que presenta una isla muy poco desarrollada, sin rutas para transitar ni electricidad, además de diversidad lingüística, pero logró tomar una muestra significativa. Tomaron mechones de cabellos de 43 nativos rubios y de 42 morochos y los analizaron para comparar los genomas involucrados. A su vez, se les pidió que escupieran dentro de un tubo para un posterior análisis de ADN. Al cabo de un mes, recolectaron más de mil muestras.
Los resultados, publicados en la revista Science, indican que hay un gen responsable en la extraña combinación y es único en el mundo. Tras notar la gran intensidad que tenía el cromosoma, el cual representa el 50% de los cambios en el color de pelo de los melanesios, identificaron al gen TYRP1.

Los científicos lo consideraron como una de las evoluciones más recientes de la raza y el dorado de sus cabellos como el color más nuevo de la historia de la humanidad. El gen TYRP1 promueve una proteína vinculada con tirosinasa, una enzima que influye en la pigmentación tanto en seres humanos como en ratones.
Este ADN es único y diferente al resto de los humanos. Se cree que se originó en la región ecuatorial de Oceanía. "Inesperado y fascinante", consideraron los responsables del estudio. El equipo de investigación resaltó la importancia de analizar genéticamente a poblaciones aisladas, ya que piensan que, en caso contrario, los tratamientos médicos del futuro pueden favorecer a algunos colectivos en detrimento de otros menos conocidos.
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