¿Serán los cyborgs los receptáculos de los humanos tras la muerte? (Shutterstock)
¿Serán los cyborgs los receptáculos de los humanos tras la muerte? (Shutterstock)

La idea de la muerte a veces angustia y otras veces funciona como una razón para vivir con mayor intensidad.  "La vida es corta" es uno de los clichés que se repite cuando alguien duda en torno a tomar una decisión crucial. Pero ¿qué pasaría si la vida dejara de ser tan corta? ¿Qué pasaría, más bien, si la existencia no tuviera un punto final?

Es que uno de los ingenieros estrella de Google, Ray Kurzweil, predijo: "En alrededor de 30 años los humanos seremos capaces de cargar nuestras mentes completas a computadoras y, de ese modo, convertirnos en digitalmente inmortales". Un suceso al que dio nombre de "singularidad".

Pese al rigor habitual de Kurzweil en sus predicciones, son muchos los científicos que desestimaron tal posibilidad por considerar la complejidad del cerebro humano inimitable. Se calcula que nuestro cerebro tiene trillones de conexiones entre 86 billones de neuronas. Para replicar la mente en forma digital habría que detectar cada una de estas conexiones; algo que hoy está muy lejos de ser posible.

"Existen dos obstáculos. Primero, no sabemos si la mente está solo en el cerebro, es decir, partimos de un problema no menor en tanto estaríamos intentando escanear algo cuya localización es todavía incierta. Segundo, registrar el astronómico caudal de información que circula por el cerebro implicaría contar con un soporte técnico con idéntica complejidad estructural: una mente 'positrónica' de iguales características al original, que permitiría entonces el registro, no solo de su estructura o composición, sino de cada modificación aleatoria que haya sufrido desde su nacimiento", explicó a Infobae el licenciado Santiago Koval, autor del libro La condición poshumana y especialista en tecnología.

Bina48, el primer boceto

La emprendedora Martine Rothblatt dio el primer paso hacia la inmortalidad cuando lanzó, en 2010, el robot Bina48, que estuvo a cargo de la escuela de pensamiento transhumanista que ella misma fundó, Movimiento Terasem, en conjunto con la empresa de ingeniería Hanson Robotics.

Bina48 es un clon mental que imita las ideas y personalidad de la esposa de Rothblatt, Bina Aspen. El equipo de ingenieros grabó más de 100 horas de audio y video de Bina, además de recopilar sus interacciones en las redes sociales, para armar una base de datos con las opiniones, pensamientos y reacciones lo más congruente posible.

El robot cuenta con 32 motores faciales destinados a realizar 64 gestos. En cada uno de sus ojos contiene una cámara que le proporciona una inspección del lugar donde se encuentra y reconocimiento de las personas en su entorno.

Entonces, ¿la idea de inmortalidad digital es viable en un futuro no muy lejano?

"Creo que estamos todavía muy lejos de lograrlo, y esto por razones más conceptuales que técnicas. Primero, no sabemos qué cosa es la conciencia, ni cómo funciona, ni por qué existe. Segundo, no sabemos si es posible reducir el 'contenido mental' de esa conciencia al sustrato físico que suponemos que lo genera (el sistema nervioso central). Tercero –y más importante– no sabemos si seremos capaces de eliminar el cuerpo biológico sin provocar, en el mismo acto, la muerte de esa conciencia que pretendemos liberar", agregó Koval.

Para el especialista esta "resurrección" no sería nada sencillo, ya que la persona despertaría en un cuerpo mecánico y la experiencia podría ser, al menos, desconcertante: "En primera instancia, no habrá referencias físicas -ni sentidos, colores, sabores, sonidos, distancias, espacios, dimensiones, tiempo-".

Pero, sin dudas, el gran cambio se produciría en la concepción de la muerte que tiene la sociedad. "En Occidente, hemos pensado la muerte como el final de un proceso vital. En todo caso, alcanzar la inmortalidad nos llevaría a repensar gran parte de las preguntas que nos han definido como seres humanos: '¿qué es la realidad?', '¿qué es la vida?' o '¿qué es el ser?' Nos definiremos, entonces, como semidioses; nos pensaremos como seres espirituales que han trascendido, por fin, de la prisión de la carne".

Texto: Maxi Fernández