
Hugo Moyano lo recibió con nueve palabras.
— Es un pibe con entusiasmo, pero le falta experiencia — dijo el poderoso sindicalista.
Jorge Triaca recién asumía como ministro de Trabajo y el camionero ya le estaba bajando el precio.
Un año y medio después, "El Pibe" terminó aislando a Moyano y con la conducción de la CGT a sus pies.
El cambio de relación de fuerzas quedó en evidencia en la tarde de ayer, cuando el funcionario se sentó con la cúpula sindical a negociar una flexibilización laboral.
Juan Carlos Schmid, Héctor Daer y Carlos Acuña se mostraron extremadamente colaborativos. Es un hecho que el triunvirato decidió dejar atrás la beligerancia con el gobierno de Mauricio Macri.
No es que haya reverdecido el amor sindical con el Presidente. Pero los gremialistas entendieron que el "efecto PASO" también les tenía un lugar reservado. Y en menos de quince días pasaron de amenazar con una huelga a bajar casi todas las banderas de lucha.
"No es momento de hacer un paro general", había dicho el estatal Andrés Rodríguez durante el fin de semana. "Salimos del acto de Plaza de Mayo peor que como llegamos. Hay que repensar la manera de actuar y de organizarnos. La nueva estrategia no pasa por hacer protestas", completó ayer Daer, en un reconocimiento de cambio de paradigma.
El giro sindical fue música para los oídos de Triaca, quien de todos modos se mostró cauto en público. "Desde el gobierno siempre hemos promovido el diálogo porque creemos que es la manera de trabajar mirando el futuro de Argentina", señaló el ministro a Infobae.
En este puntapié inicial de las negociaciones se acordó avanzar con el blanqueo laboral. El ministro apunta a bajar la tasa de informalidad profundizando las tareas de fiscalización.
Triaca también habló de la necesidad de iniciar un proceso flexibilizador, aunque con acuerdos sectoriales y no a través de una ley del Congreso. Acaso el aislamiento de los Moyano ayude a explotar la permeabilidad de algunos dirigentes cegetistas.
La fórmula no sería demasiado novedosa y se centraría en la reducción de cargas patronales y la eliminación de algunas "rigideces normativas", un eufemismo para explicar la eliminación de conquistas laborales.
No hubo reparos en la hora y media de reunión salvo uno que los metalúrgicos llevaron ayer mismo a la Casa Rosada, vinculado al impacto que tendría en el sector el nuevo régimen de importación de bienes de capital usados. Concretamente, temen que el decreto oficial habilite a traer de afuera lo que podría proveer el mercado local.
Siempre en un clima de concordia, la CGT reiteró la necesidad de una ley de emergencia para los jubilados, cuyo ingreso mínimo apenas alcanza para cubrir la mitad del valor de la canasta familiar.
Está claro que no fue una reunión de advenedizos. En la sede de UPCN de la calle Moreno esperaron al ministro una jauría de viejos zorros sindicales. "Jorgito creció. Está fortalecido. Ya no necesita venir acompañado por Peña o Quintana", dijeron en alusión a los jefe y vicejefe de Gabinete.
Con un sorprendente pase de magia, todos los presentes hicieron desaparecer sus ínfulas. Fue la confirmación del "borrón y cuenta nueva" sellado con Triaca en reuniones individuales previas que pretendieron ser secretas.
Las odas de paz fueron factibles por la ausencia de Pablo Moyano, definido por sus pares como "el último de los mohicanos". A esta altura es prácticamente el único que pregona abierta y decididamente a favor de una medida de fuerza.
No es casual. A los ojos del camionero se trata de un escenario similar al de los tiempos de Fernando de la Rúa, cuando el estratégico Ministerio de Trabajo quedó a merced de alguien que no era del palo y que, además, buscaba flexibilizar las normas laborales.
Si bien Triaca padre alcanzó esa cartera durante el menemismo con la chapa de dirigente gremial —fue secretario general de los obreros plásticos—, su hijo apareció en escena más bien como un beneficiario de la portación de apellido.
"El Pibe" se dedicó a la economía y nunca ofreció a la familia Moyano las garantías que históricamente ésta reclama a los ministros en términos de reparto de poder. Al contrario, envalentonado por "la ola amarilla" de las PASO, Triaca desplazó recientemente a su vice Ezequiel Sabor, justo el hombre que exhibía mejor sintonía con el sindicalismo.
Lejos de ser un gesto de afecto, el mote de "El Pibe" resultó un recurso de Hugo Moyano para exponer a Triaca como un ministro que no está a la altura de las circunstancias. El camionero ya lo había utilizado con Patricia Bullrich cuando esta era ministra de Trabajo de la Alianza. Le puso "La Piba" para reducirla al rol de la chica de los mandados.
Hoy "La Piba" es nuevamente funcionaria, aunque la desaparición de Santiago Maldonado le está haciendo bajar su cotización en bolsa. Todo lo contrario a lo que sucede con Jorgito "El Pibe" Triaca, quien a la luz de los hechos parece por estas horas haber alcanzado la mayoría de edad.
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